A Tod nunca le importó que Johan fuera gay, ellos eran los mejores amigos y desde jóvenes prometieron que lo serían por siempre.
Porque un verdadero amigo es aquel que te acompaña en las buenas, pero sobre todo, en las malas.
Todos los derechos rese...
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-Carter... ¿Puedo acompañarte a tu casa esta noche en la cena de navidad con tu familia?- Johan ya tenía los alimentos dentro del horno, todavía era de día.
Sin mirarlo, el moreno respondió -A esto le falta azúcar- dijo Carter devolviéndole el vaso de limonada sin mirarlo, su atención estaba centrada en el celular en su mano.
Johan tomó el vaso de limonada -Te hice una pregunta, Carter-
-¿Qué?- el moreno a penas empezaba a ponerle un poquito de atención.
El rubio suspiró y sonrió con tristeza -Esto es un error- negó con su cabeza, -Yo no te amo Carter, soy un idiota por pensar que podría estar a tu lado. No puedo tener a mi lado a alguien aquien no amo y mucho menos a alguien tan vacío como tú. Por favor vete de mi casa-
-Yo te amo- replicó el moreno y lo tomó con fuerza del brazo -No vas a dejarme-
El rubio se hizo hacia atrás, el otro no lo soltó -Me estás haciendo daño-
Carter apretó con más fuerza los brazos del más pequeño, no era tan alto como Tod, pero sin embargo sí era más alto y más fuerte que Johan -No vas a dejarme, no lo acepto- quiso besarlo a la fuerza pero Johan lo mordió, el vaso de limonada que sostenía en sus manos, se resbaló de entre sus dedos y se hizo añicos.
-¡Ah!- lo soltó Carter al sentir la mordida que Johan le dio.
-Esto fué un error, ¡Vete de mi casa Carter!-
El moreno lo tomó violentamente de la camisa -Me voy a ir, pero primero me vas a dar algo que valga la pena- Carter lo derrumbó en el sillón y se montó sobre Johan, tratando de romper su camisa para besar su cuello a la fuerza.
-¡No quiero, suéltame Carter, aléjate de mí!- Johan hizo un máximo esfuerzo por rodar de un lado y se dejó caer al suelo arrastrando al otro junto con él... Aprovechó el breve momento de distracción y tropezando con sus mismos pies, corrió hasta su habitación y logró encerrarse bajo llave; llorando y asustado, recargó su espalda en la puerta.
-¡Abre la puerta Johan!- Carter golpeaba la puerta y el corazón de Johan latía tan fuerte y tan acelerado que se le cortaba la respiración.
-¡No!- le respondió -¡Y no voy a salir de aquí hasta que te vayas!-
-¡No me vas a volver a dejar así!- reclamó el otro -No me has dejado tocarte nunca y aquí voy a quedarme hasta que salgas. No he perdido mi tiempo en vano, ¿me escuchaste bien?, ¡Aquí me voy a quedar hasta que abras la maldita puerta!-
-¡Pues no voy a salir nunca!-
-Ya lo veremos- Carter dio otro golpe a la puerta...
Del otro lado, pegado a la madera de la misma, Johan estaba de espaldas, cuando lo escuchó alejarse un poquito de la puerta, decaído y con el corazón roto, se deslizó hasta llegar al suelo, y hecho un ovillo, comenzó a llorar con intensidad.