A Tod nunca le importó que Johan fuera gay, ellos eran los mejores amigos y desde jóvenes prometieron que lo serían por siempre.
Porque un verdadero amigo es aquel que te acompaña en las buenas, pero sobre todo, en las malas.
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Después de la consulta médica, Tod estaba ahora enfrente de la casa de Johan... El médico le había dicho que Marina tenía un esguince de tobillo y que necesitaba descanso, prácticamente reposo absoluto y que no debía de apoyar el pie para nada. Que le consiguiera unas muletas o la ayudara a transportarla de un lugar a otro.
La chica había pasado todo el camino en silencio, mirando por la ventana, eso era tan inusual en ella, que Tod se sentía triste de que se hubiese lastimado por culpa suya y más, un día como hoy, que era la cena de navidad. Su suerte no podía ser peor que esta.
Suspirando entre sus frustrados pensamientos, Tod abrió la puerta del copiloto donde estaba Marina sentada, ella extendió sus manos como si fuera una niña pequeña esperando a que la sostengan en brazos; la levantó y ella se acurrucó en su pecho... Tod tragó saliva, se sentía como caminando hacia su sentencia de muerte, no quería que Johan le corriera de nuevo, pero no podía hacer otra cosa más que ayudar a la chica a llegar a la casa de su hermano para poder descansar.
La voz de la chica lo sacó de sus pensamientos –Déjame aquí- le dijo, cuando apenas iban por el jardín, ella señaló una de las sillas que Johan siempre mantenía allí –Bájame aquí- insistió.
-Marina no puedes caminar, te voy a llevar hasta tu cama, luego me iré a mi casa- Tod no quería dejarla allí, podría lastimarse aún más.
-Es que olvidé decirte que me compraras unas medicinas- Tod se detuvo en seco.
-¿Medicinas?-
-Sip. Discúlpame, se me olvidó-
Tod rodó los ojos –Marina, ¿Sabías que hoy todo está cerrado?... Tendría que ir como un loco buscando una farmacia abierta y no se cuánto tardaré-
Ella hizo un puchero –Es que lo olvidé... Lo siento- Bajó la mirada un momento y luego la alzó otra vez –Te esperaré aquí hasta que regreses y entraremos a escondidas para que Johan no te vea. ¿Trato?-
El pelinegro enarcó una ceja y extendió su mano –Trato- le dijo... Tod se fue contento porque Marina prometió comportarse... Tod no sabía que Marina había cruzado sus dedos.
A penas el chico se fue, ella salió corriendo descalza de un pie vendado, hasta el interior de la casa de su hermano, entró corriendo y se detuvo cuando en la sala de estar encontró a Carter utilizando su celular -Hola- saludó ella.
-Hola- le respondió él, de mala gana y ni siquiera despegó sus ojos de su celular para mirarla.
Ella caminó hasta su habitación y con toda prisa, abrió su maleta color morado y empezó a rebuscar dentro de sus cosas, encontró lo que andaba buscando... Un par de esposas con afelpado rojo, que había comprado para jugar con su novio esa noche... Ni modo, servirían para otra cosa, las tomó y las guardó debajo de la almohada de su cama. Arrojó su maleta a un lado y tomando aire, rogando porque todo saliera bien, caminó hacia Carter.