Capítulo Doce

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Marian aferró el archivo entre sus delgadas y perfectas manos, sintiendo el áspero roce del papel contra su piel como una descarga eléctrica, como si quemara. Una carpeta de cuero negro, dentro, la información del lobo que más odiaba: fotografías granuladas que parecían observar con ojos afilados.

Atem Sennen no era simplemente un lobo; eso estaba claro, pertenecía a la realeza de los hombres lobo, él tenía el rango máximo de entre los suyos, prácticamente era el rey de todos ellos, una eminencia, eso dificultaba mucho la situación, el alma de su hijo no estaba ligada a cualquier hombre-lobo.
Esto se salió completamente de las manos, ya se consideraba una maldición, la imponente mujer mordió su labio con fuerza provocando un ligero sangrado, el sabor metálico se colo por su boca despertando esa sed de sangre que su lado materno exigía del lobo de Sennen.

Sennen creció rodeado de respeto y admiración. Los demás lobos lo veían como un líder nato, pero Atem Sennen no era solo un líder poderoso, era un magnate de los negocios.

Tomando la foto del hombre lobo entre sus dedos observándolo detenidamente, evaluando con perspicacia los detalles de su imagen impresa.

¿Por qué de todos los lobos tenía que ser él?

Vaya pregunta. Si, aceptaba que el alma de Yugi estaría encadenada a un lobo, tal como ella lo estubo, pero joder, no podría tener la peor suerte, era una cruel broma del destino, tal vez y era el mismo karma burlándose de ella después de lo acontecido con su difunto ex-compañero, estaba pagando con creces el daño que le había hecho a Lucian.

El silencio de su despacho era interrumpido por el sonido de su respiración, ya llevaba rato ahí metida en esas cuatro paredes, planeando, pensando como entrar en la fortaleza que era el territorio de Sennen y es que era un suicidio seguro, irónicamente era entrar en la boca del lobo, pero tenía bien calculado exactamente como llevar a cabo su plan y obtener la cabeza del líder licano sin morir en el intento aunque ciertamente no le molestaba si fallaba puesto que si su hijo, su única ancla para seguir con vida si es que aun lo estaba moría por causa de  aquel estúpido lobo, ella sin dudarlo lo seguiría y quien sabe posiblemente se encontraría en el infierno con Lucian.

Sin embargo era la mejor oportunidad que tenía si quería atacar era el momento idóneo, seguramente el estúpido alfa estaría vulnerable al estar en su "celo" y estar separado de Yugi podría ser una "ventaja".

Recogiendo su cabello oscuro como la seda en un moño alto, se colocó su mascarilla, a juego de color negro con toda su demás vestimenta. Tomó la pistola que yacía encima de su escritorio y revisó el contenido de las balas de plata líquida —el único metal capaz de herir a los lobos reales—, la enfundó en su cinturón. Tomó las llaves de su camioneta, blindada, con vidrios polarizados a prueba de balas, y salió de su lugar para encontrar las curiosas miradas de los que alguna vez fueron su familia política, los abuelos de Yugi.

—¿A dónde piensas ir Marian?—cuestiono la anciana mujer, su rostro marcado por los años y la sabiduría de quienes conocían los lazos antiguos entre humanos y lobos.

—A matar a Sennen.—Respondio de manera escueta sin dar detalles.

La pareja se miró brevemente.

—¿¡Estás loca mujer?!— Exclamó el abuelo enfadado

Le miro con el ceño fruncido por la forma en que le había hablado.

—No es la forma de mantener a Yugi con vida y lo sabes mejor que nadie…—

Golpe bajo, claro que lo sabía, cómo no hacerlo si estuvo encadenada a un lobo encontra de su mejor juicio.

—Tal vez no ayude a mantener a mi hijo con vida, Pero al menos me dará consuelo saber que no solo Yugi pereció solo.— dijo fríamente.

Mirándolos a ambos ancianos había reproché, lástima y dolor reflejados en sus ojos.

—Estás hablando desde la furia, Marian. Hay mejores soluciones que matar a un hombre lobo. Los vínculos del alma no se rompen con la muerte, solo se vuelven más oscuros y peligrosos.— La anciana mujer extendió su mano buscando tocar la suya, pero Marian la retiró rápidamente.

Ignorando completamente la respuesta salió de ahí, sin mirar atrás abordando su camioneta, apretando las manos contra el volante causando que su nudillos se tornaran blancos por la fuerza ejercida.

La lluvia caía en hilos gruesos sobre la acera, la noche Marian se apretó contra la cerca de hierro forjado que delimitaba el jardín trasero, observando las ventanas iluminadas con luz cálida.
Su mirada filosa se fijó en aquel balcón donde si tuviera que adivinar juraría por su vida que ahí estaba el desgraciado alfa enredado entre sábanas, satisfecho por el sexo y el cuerpo de otro Omega, sus manos se apretaron en puños, la furia le corroía como lava ardiendo por sus venas, haciendo temblar sus dedos alrededor del arma oculta en su cinturón.

La mansion estaba rodeada de ellos, sabía que habría protección de los perros guardianes que custodiaban y protegían a su líder en la situación vulnerable en la que estaba, Entrar no sería sencillo, pero tampoco imposible. La noche también jugaba a su favor, envolviéndola en su manto de sombras. Sigilosa se deslizó por los arbustos de rosa silvestre que bordeaban el jardín, su cuerpo ágil y la flexibilidad del mismo ayudaba muchísimo. Poco a poco se fue acercando hasta llegar cerca de la entrada lateral, esperando el momento oportuno. Cuando reconoció al mano derecha del Alfa —Su beta, un lobo corpulento con ojos marrones como la madera— salió por ahí, aprovechó la brecha antes de que se cerrara su único acceso y se adentró en la mansión, sintiendo un escalofrío que no era solo por el frío mármol bajo sus pies. Estaba adentrándose en la boca del lobo, literalmente. Había sido una decisión difícil de tomar, pero ¿qué opción tenía?

Por Yugi mataría a cualquiera que se cruzara en su camino e intentara desafiarla y oponerse a su principal objetivo.

Al avanzar por los pasillos adornados con tapices que contaban historias de tiempos pasados, oyó un murmullo suave, gemidos, gruñidos animales que provenía de la habitación donde estaba aquel balcón al que había estado mirando minutos atrás. Se acercó con cautela, agarrándose a la pared fría, y al asomarse por la rendija de la puerta descubrió algo que le heló la sangre...

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