Me quedo congelada. Y segura estoy de que no es por el frío que está haciendo, es muy jodido, la verdad. Pero no se debe a eso. Simplemente me quedo estática sin poderlo creer.¿En serio se puede estar aquí tan fresco como una lechuga?
—Vaya, parece que la valentía se pierde si traspasas la pantalla, ¿Es así, Phoebe? —Dice a voz cantarina, se divierte a mis costillas, con su mirada puesta totalmente en mí... Un.breve.instante, miro hacia abajo.
¡Joder!
—Voltéate, Paul. —Le exijo mientras cubro mis pechos con los brazos, ¡Qué vergüenza! Siento el calor subir a mis mejillas. Pero él ni se inmuta, es más, toma asiento en el sillón cruzando una pierna sobre la otra con un gesto divertido.
—No, gracias por la oferta. Así estoy bien, Madrid siempre ha ofrecido bonitos escenarios y panoramas espléndidos. —Gruño, que idiota.
—Te pasas de bobo. —Corro al baño para ir en busca de mi camisa.
Salgo una vez que me cercioro de estar vestida. Sigue en el mismo lugar, su cara de guapito de ciudad pillando mujer no se le quita. Mantengo la distancia entre ambos, ¿Qué mierda hace aquí? Me mira, lo miro, guerra de miradas. Es estados unidos versus una poderosa combinación europea, una bella combinación... ¡Alto ahí!
— ¿Qué haces aquí? —Inquiero.
—Hacer uso de mis derechos como ciudadano de la madre patria, con la libertad de visitarla cuantas veces se me apetezca, ¿Acaso ahora se debe pedir permiso previo y yo no lo sabía? —Expresa con petulancia y sarcasmo... ¡Bruto! Ya lo dijo mi padre: El sarcasmo es la muestra más baja de inteligencia.
—A España y todos sus recovecos puedes ir, mientras sea de acceso público, yo me refiero a mi habitación, ¿Cómo mierdas has entrado?
—Uh, terrible. —Se mofa manteniendo el mismo tono—. Que mal hablada eres, y bueno, regresando a la plática. He entrado como las personas normales, por la puerta.
Golpeo mi frente con la palma de la mano arrastrándola por toda la cara. Pongo los ojos en blanco y dejo mis brazos en forma de jarro, suelto el aire frustrada.
—Muy gracioso, Zimmerman, muy gracioso. —Apoyo mi mano en el tocador para sostener el peso de mi cuerpo, increpándole con la mirada. —No te las des de listillo, ¿Cómo has conseguido entrar a esta habitación?
—Ya te lo digo yo. —Gruño, puesto que me empieza a fastidiar su tonito. —Hay cosas que un rostro bonito y un apellido resonante pueden hacer, como por ejemplo, conseguir esto... —De su bolsillo saca una tarjeta. —No fue tan difícil. Y bueno, se dice el pecado, más no el pecador.
—No me lo puedo creer, no me lo puedo creer. ¿No se supone que debes estar trabajando en Seattle? ¿Qué clase de empresario responsable deja su empresa así sin más?
—Supones bastante bien, Phoebe. Déjame felicitarte eso, ahora, no he dejado la empresa, simplemente he venido aquí para resolver unas cosas en Müller que dejé pendiente al irme. Y por supuesto, a darme una vuelta para ver a mi hermano, ya sabes que Flynn vive aquí. —Se levanta de la silla y empieza a caminar, doy un paso atrás como si eso fuese a salvarme. Llevo mis manos a su pecho cuando está demasiado cerca. — ¿A dónde quedó esa lengua suelta de los mensajes?
—Yo... Esto... —Murmuro incoherencias, estoy demasiado nerviosa. —Invades mi espacio personal, Paul.
—No lo creo. —Se burla, sus manos viajan a las mías y las aparta hasta quedar a milímetros. —Creo que ahora sí lo estoy haciendo. ¿Te has divertido mucho con tu novio, ayer?

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LA HIJA DE GREY (ONE)
FanfictionCinthya Sarria La hija de Grey. Sinopsis: Phoebe, es la hija menor del exitoso empresario Christian Grey. La más pequeña de los Grey ha heredado no sólo la belleza de su madre Anastasia, sino, el gusto por la literatura; ella es escritora y su lib...