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Dos días después, y finalmente Kagome tuvo el coraje de regresar a la casa. Sango fue con ella por apoyo… y para actuar como un escudo humano si fuera necesario… pero afortunadamente, los militares se habían ido para entonces. Entraron por el antejardín en silencio y lentamente evaluaron el daño.

"Oh dios… mamá va a matarme…" murmuró Kagome mientras pasaban por la puerta completamente demolida y miraban alrededor. Nada en la casa misma parecía estar roto - todo sólo estaba fuera de lugar o tirado. La cocina estaba en un estado mucho peor, porque no sólo la ventana estaba rota, sino que pequeños agujeros de bala alineaban las paredes y había sangre en el piso donde había caído con Inuyasha. Sólo entonces se dio cuenta que debió haberse herido con los pequeños fragmentos de vidrio… y genial… ahora se sentía culpable.

"Kagome!" Sango llamó desde la sala y Kagome entró e hizo una mueca.

"Oh sí…" las puertas francesas estaban completamente destruidas, y ahora todo en el salón estaba húmedo. "Creo que mamá va a torturarme primero… luego me tirará por el acantilado al océano para que nadie me encuentre…"

"No es tan malo…" Sango se movió incómoda.

"No es malo?!" Kagome se giró hacia ella. "Hay una pintura original en la cocina la cual ahora tiene tres balas en el lienzo - cada una tomando seis mil yen de su valor!"

"Por qué me gritas?! Yo no hice esto?!" espetó Sango rápidamente. "Porque diría que un grupo de hombres armados hicieron terrorismo aquí?!"

Kagome se calló. Esa era la historia que le había dicho a todos quienes preguntaban sobre el incidente en la casa. Simplemente fue un malentendido que las fuerzas especiales habían pensado que había traficantes de drogas en su casa… una total y obvia mentira que debía ser muy extraña de creer - pero de nuevo, ser atacada durante la noche por hombres swat también era un poco extraño.

"Cómo voy a arreglar esto?" Kagome suspiró mientras pateaba el vidrio roto en la alfombra.

"Bueno…" pensó Sango lentamente. "Conozco un par de chicos que pueden ayudarte. Está Hisato… es un obrero en el piso arriba de nosotros - un hombre grandioso - lo haría gratis! Y las ventanas… um… Hisato podría conocer personas que pueden ayudar."

"Genial…" dijo Kagome y regresó a la cocina para salvar la comida que quedaba. Se agachó ante el refrigerador y giró sus ojos cuando vio que todo lo sabroso había sido consumido. Obviamente dispararles a las chicas era un trabajo duro… por supuesto que esos pobres hombres habían necesitado una merienda.

Ella se enderezó, y revisó las flores que estaban arregladas al lado de la ventana. Eran el orgullo y la alegría de los dueños y muy caras y afortunadamente… no se veían muy dañadas. Kagome suspiró con alivio… ciertamente tendría pena de muerte si una simple hoja hubiese sido dañada.

Casi por reflejo, se inclinó y revisó una de las hojas largas para asegurarse de que no hubiese huecos en ella. La giró y se paralizó rápidamente.

Sango escogió ese momento para entrar. "Revisé las habitaciones - una de las camas está rota a la mitad y las alfombras un poco enlodadas pero… estás bien…?"

Kagome miraba la pequeña cosa de plástico y metal negro que había sido puesto en la cara inferior de la hoja. No tenía que ser una agente secreta para saber lo que era. Kagome se giró hacia Sango. "Creo que debemos revisar un poco más… asegurarnos de que todo está bien."

Y así lo hicieron. Y en cada habitación además de gabinetes, armarios y baños, había un bicho - del tipo auditivo.

Al menos ahora estaba segura que Inuyasha no había estado inventando toda esa basura sobre agencias del gobierno.

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