Han pasado 2 días desde aquella reunión en el comedor, dos días que no he salido de mi habitación, solo pienso en Dominnick, en esa mirada de odio que radiaba de sus ojos, ¿Por qué? ¿Quién lo habría lastimado tanto que lo haya hecho perder su esencia?
Lo único que sé, es que no puedo estar cerca de él.
Me encuentro sentada en el sofá, pensando en todo, moviendo el anillo entre mis dedos, desde anoche, ver el anillo y admirar cada detalle, me resulta entretenido.
En ese instante alguien toca la puerta.
- Leisy, ¿puedes abrir por favor, necesito decirte algo – escucho a Dominnick tras la puerta.
Corro hacia la puerta y le pongo seguro.
- No, solo déjame tranquila – le digo con miedo.
Escucho que suelta un suspiro y vuelve a tocar.
- Ábrele...
- No...
- Sabes que lo deseas...
- ¿Qué querrá?...
- Pues si abres la puerta lo sabrás...
Dudo un momento, no sé si querré oír lo que me tiene que decir.
Abro la puerta lentamente y me encuentro con unos ojos grises, esos hermosos ojos que me hacen olvidar todo y me dejan inmune ante sus encantos...
Dominnick...
Veo a Leisy irse llorando a su habitación, dejándome solo en el comedor, cosa que me merezco.
Al ver que sus ojos brillaron por sus lágrimas, me hicieron sentirme impotente, desee abrazarla y pedirle perdón, pero las malditas voces en mi cabeza me lo impidieron.
- Recuerda la última vez que sentiste algo por alguien...
- Ella es distinta...
- Ninguna es distinta, todas son iguales, solo que unas son más agiles que otras...
- Quiero pedirle perdón...
- No...
- Debo hacerlo, después de todo, ella me ayudo con esta farsa...
En ese instante mi mente viajo a aquella chica rubia de ojos verdes, a su bella figura, a sus hermosas piernas...
- ¿Me amaras para toda la vida? – le pregunte.
Ella me miro a los ojos y me mostro su sonrisa, esa hermosa sonrisa que me derretía y me hacía estremecer.
- Te amare para toda la vida mi querido Dominnick...
Obviamente, todo era una farsa. Miro con coraje la mesa y comienzo a tirar todo lo que hay sobre ella, con solo una cosa en mente, sus falsas palabras que engañaron mi corazón.
Estoy en mi habitación, pensando en la mirada de Leisy, en esos ojos color miel que me hacen sentir estúpido.
- Tienes que someterla, no permitas que entre a tu corazón...
- Debo eliminar todo de ella, absorber su esencia, hasta hacerla sentir odio hacia mí, hacerle saber quién es el que manda...
- Te estas tardando, pero tienes razón, todo puede empezar con un lo siento
Leisy...
Intento armarme de valor y la miro a los ojos lo más seriamente posible.
- ¿Qué se le ofrece? – le pregunto cortante.
- Hablar contigo – me responde.
- Usted lo ha dicho, ni una palabra de lo que paso en aquel comedor, no entiendo porque quiere romper una de sus reglas – le contesto.
Me mira con sorpresa y lo entiendo, ni yo sé cómo le dije eso sin titubear.
- Bien, solo quiero pedirte perdón por la manera en la que te trate ese día – me dice y agacha la mirada. Tal vez a mis pies descalzos. Cosa extraña en mí.
- Por primera vez veo sus pies, y son muy pequeños – me dice y sonríe.
- ¿Me viene a pedir perdón o a burlarse de mis pies? – le pregunto y pongo los brazos en jarra.
Me mira asombrado, pero a la vez un poco molesto.
- ¿Cuál es tu problema? – me pregunta.
- Mi problema es que estoy harta de que en lo que va de mi vida me han hecho sentir que no valgo nada, me han hecho sentir mal, me han dicho que hacer, me han querido intimidar, huí prácticamente de mi vida para ya no sufrir más de ello, y llego aquí, con la esperanza de que mi vida cambio, ¿Y que obtengo? Lo mismo hasta peor, y no quiero eso para mi, así que, por favor, ¿puede dejarme en paz? – le respondo molesta.
- ¿Ley del hielo entonces? – me pregunta tomando una postura seria.
- Si, ley de hielo...
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Si amo
RomanceDolor, solo siento dolor, mas de lo que mi cuerpo puede resistir ... ¿resistir? Es la única palabra que ronda mi cabeza desde que llegue aquí... A veces me pregunto ¿Por qué no me voy, ¿Por qué sigo aguantando todo esto? Pero las preguntas se borran...
