A él no le interesa ocultar que los asesinatos son parte de su Currículum vitae.
Él es maniático, posesivo, impulsivo y muy agresivo.
Él necesita dominar todo aquello que entra en su vida.
Para las autoridades su rostro es desconocido
pero su nombre...
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Una nube borrosa con miles de dudas fluye en mi mente. No encuentro una explicación racional por la qué este criminal se encuentre aquí, haciéndose pasar por un integrante más de la firma. Pero no hay nada racional en lo que he vivido durante los últimos días.
—¿Por qu.. qué no enciendes la luz?— Tartamudeo.
—Porque me es más fácil analizar a mis enemigos cuando ellos no pueden verme.
Es al revés. En este cuento él es el malvado villano que se empeña en arruinarle la vida a la pobre chica en apuros. El problema es que esto no es un cuento, él es un hombre peligroso y con más poder del que puedo imaginar, yo soy la chica que tuvo la mala suerte de interponerse en su camino, y el príncipe azul que debería de rescatarme no existe.
—¿Qué le... Le has hecho al director?
«Lo ha.... Matado».
Dos profundas y afiladas esmeraldas se clavan en mí. Una arrolladora sonrisa de dientes blancos acompañada de unos tiernos hoyuelos aparece en su rostro.
—Futuro director — corrige —. Lo tienes delante.
Frunzo el ceño, ladeando la cabeza. Es la primera vez que lo veo aquí y yo me paso bastante tiempo encerrada entre las paredes de Pierce's law.
—¿Lo has matado?— Inquiero en un hilo de voz.
—No me gusta repetirme, pero como estás tan preocupada por mí haré una excepción — su voz se profundiza de una forma perversa —. Todo lo que ves en esta ciudad me pertenece, de una manera u otra. Esta empresa, la universidad en la que estudias, el hospital en el que trabaja tu madre e incluso tú, Marieth Jones.
—Si le haces algo a mi familia yo....— me muerdo el labio inferior, las palabras se niegan a salir de mi boca.
No puedo evitar imaginar todas los cosas horribles que él podría hacerle a mi familia. Yo misma presencié que tan despiadado puede llegar a ser, no le tiemblan las manos al matar a una persona inocente. Hail comienza a caminar con con el toque perfecto de elegancia y desdén, hasta quedar frente a mí , tengo que levantar la cabeza para no quedarme clavada en esa camisa negra que marca cada uno de sus músculos.
—¿Tú qué, muñeca?— La misma mano con la que apretó el gatillo, levanta mi barbilla con delicadeza, obligándome a conectar con sus ojos.
«¡Eso es una amenaza, no una pregunta!»
Él está demasiado cerca de mí y mi cuerpo lo siente. Siente la tensión y el terror que recorre cada nervio de mi sistema. Siente como la curiosa Marieth que llevo en el interior se despierta y comienza a saltar entusiasmada. Pero sobre todo siente que estoy muy jodida.
—Yo te prometo que no diré nada, nunca nadie sabrá lo que vi o lo que sé sobre ti— hablo con rapidez y nerviosismo mientras juego con mis dedos para bajar la tensión. Ni siquiera me atrevo a mirarlo otra vez pero cuando lo hago me encuentro con dos profundas esmeraldas que me observan atentamente.