12. El Hilo Rojo. (Final)

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Rainbow reía a carcajadas luego de escuchar otro de los malos chistes de Starlight. Los chistes en si no eran los divertidos, sino la parte donde la mayoría avergonzaban a su esposa, Trixie, esa era la parte divertida, ver a la maga echando humo por las orejas de lo ruborizada que estaba.

—A Trixie no le parece gracioso. — Gruñó con un puchero y cruzándose de brazos. —Además... Trixie es quien lleva el látigo en la relación.

Fue el turno de Starlight de ruborizarse furiosamente ante el comentario de la peliplateada. Rainbow volvió a reír a carcajadas, a esas dos era tan fácil avergonzarlas.

—¿Y quién es la que lleva el latigo en la relación, Rainbow? — Contraatacó la pelimorada al verse avergonzada, sonrió con malicia ante el furioso sonrojo de la peliarcoiris.

—¡Hola chicas! ¿Qué están haciendo? — Twilight las veía con confusión, ella acababa de llegar y le sorprendió encontrarlas a todas completamente ruborizadas.

—Nada, no estamos haciendo nada. —Rainbow se apresuró a decir, enviándoles una mirada de muerte a las dos chicas para que guardaran silencio. 

—Sólo recordábamos viejos tiempos. — Dijo Starlight con una sonrisa mientras se acomodaba los lentes de sol negros. —Lo que paso hace tres años.

—¡Oh! — La peliazúl tomó asiento junto a su novia, su mente regreso a aquella época tan agitada.

Tres años atrás...

Dos meses. Ese era el tiempo que había pasado desde que Rainbow decidió darle una verdadera oportunidad a Twilight. Su relación aún no podía ser plenamente definida como algo romántico, tenían sus salidas, pasaban horas conversado sobre temas variados y a pesar de la limitación por el estado de la peliazúl, lograban hacer varias cosas juntas.

Rainbow tenía que admitir que empezaba a sentirse atraída por Twilight, la forma en que la trataba era muy diferente a Soarin. Ahora que se detenía a pensar, la relación con el peliazúl siempre fue algo desenfrenado, sin pensar nunca en las consecuencias de sus actos. En cambio con la ojimagenta todo era diferente, ni siquiera había intentado robarle un beso, sin duda alguna, empezaba a apreciar la relación que poco a poco florecía.

En todo ese tiempo, Pinkie Pie, a quién sólo ella podía ver, estuvo a su lado, guiándola y evitando que hiciera alguna estupidez en más de una ocasión. El que más agradecía, fue cuando Soarin le suplicó que le diera una última oportunidad, que él iba a cambiar, ella estuvo a punto de caer en su juego, pero un par de rudas palabras de parte de la pelirosada la regresaron a la realidad.

Él jamás cambiarían, tenía que aceptarlo de una buena vez, tenía frente a ella a una chica que la amaba tal cuál era. ¿Tal ve, Gilda tuviese razón? ¿Acaso era tan idiota como para dejar escapar a alguien que valía la pena sólo por un imbécil con complejo de Dios? Si, lo fue y lo seguiría siendo al menos que tomará las riendas de su vida y decidiera que hacer.

Claro, fue más fácil decirlo que hacerlo. Actualmente se encontraba sudando de pies a cabeza, con los nervios a flor de piel mientras evitaba la mirada de Twilight que esperaba pacientemente a que dijera algo.

—Yo... Tú y yo hemos estado saliendo por más de dos meses... — Comenzó a decir, trabándose entre palabras. —Entonces yo estaba pensando que ya es tiempo que... Que... — Su rostro se ruborizó y las palabras no salían de su garganta. Eso era demasiado vergonzoso para ella.

El Hilo Rojo. [Twidash]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora