Sentí como si mi cabeza rebotase contra la almohada. Aún sentía como de mi estómago emanaba una cantidad ingente de sangre. Sentía aquel agudo dolor. Me lo palpé para asegurarme de que tan sólo había sido un sueño. Me tranquilicé al saber que mi estómago se encontraba en perfectas condiciones. Tenía la frente y la espalda llenas de sudor. Sin duda, aquello había sido una pesadilla demasiado real. Claro que segundos después reemplacé aquella preocupación por otra, hoy era mi primer día de instituto
Me levanté de la cama y me fui al baño a darme una ducha, luego me vestí poniéndome una falda larga y negra que me llegaba hasta por los tobillos y unas zapatillas del mismo color, mis zapatillas preferidas. También me puse un jersey de lana de color verde que dejaba a la vista mis hombros. Me miré al espejo y noté que faltaba algo.
—Oh, mierda. El pelo —dije en voz muy baja.
Me quite las trenzas mal hechas que llevaba siempre para dormir y me lo dejé suelto con la raíz justo en el centro, seguidamente me puse mi collar con el colgante que durante toda mi vida había llevado y que mis padres me habían regalado y la cadena de plata en la muñeca que mi tío me había comprado. Ahora sí, ya estaba lista para irme al instituto.
Pasé el pasillo y subí las escaleras para ir al comedor donde Lilibeth y Simon siempre solían estar desde primera hora de la mañana.
—Buenos días, ¿has dormido bien? —preguntó Simon al verme entrar.
—Buenos días a los dos y no, no he dormido bien — contesté mientras me sentaba en la mesa y Lilibeth me servía una taza de leche.
—¿Alguna pesadilla?
—Sí...
—Lilibeth y yo te oímos gritar, parecía una realmente mala —me comentó Simon fingiendo interés.
Le miré y supe que lo que pretendía era que se la contase, pero preferí no hacerlo así que me llevé un trozo de tostada con mermelada a la boca.
Al acabar de desayunar me puse en pie y volví a mi cuarto para coger mi mochila, entonces miré por la ventana y desee que aquel día fuese lo mejor posible. Simon se ofreció a llevarme hasta la puerta del instituto pero me negué a que la gente me viese llegar en aquel coche tan ostentoso por lo que a mitad de camino le pedí que me dejase ir sola a partir de ese punto. Durante todo el camino había estado pensando qué aspecto tendría y cómo sería la gente allí. Hasta que lo pude comprobar con mis propios ojos. Era un instituto algo más grande que el otro pero tenía un estado mucho más mejorable. La pintura se había estado yendo durante las lluvias y ahora la fachada tenía un color entre caqui y blanco navajo con manchas negras, sin embargo, en algunas zonas parecía seguir teniendo su color azul y en otras verde. Algunas ventanas eran pequeñas y otras grandes pero todas tenían los cristales sucios, prácticamente negros.
La entrada, en forma de arco era, probablemente, lo más bonito de aquel lúgubre edificio. Antes de llegar a ella había un paseo de unos diez metros de largo y otros diez de ancho adoquinado. Alrededor de aquel paseo había un pequeño aparcamiento donde algunos de los coches comenzaban a aparcar descuidadamente. Entre aquel jaleo que más que un aparcamiento parecía una barricada pude apreciar algunas de las marcas que sabía cómo Ford, Honda, Audi, Nissan e incluso un BMW.
En las paredes del instituto se podían apreciar ciertos grafitis donde se leían cosas cómo "LIBERTAD DE EXPRESIÓN" o "TENEMOS DERECHO A UNA EDUCACIÓN." Pero sin duda, el que más me impactó fue "TENEMOS DERECHO A SER LO QUE SOMOS SIN ESCONDERNOS DE VOSOTROS." Y luego, estaban los típicos grafitis mal hechos, me hacía daño mirar aquellas pintadas con tantas faltas de ortografía.
Un centenar de jóvenes se iban adentrando poco a poco al edificio, todos en grupito. Pude reconocer todos y cada uno de ellos, los que se creían mejores que todos, los que se creían peores por no ir con los mejores los que no se creían nada porque sólo querían ser invisibles... pero hubo uno en especial que me llamó la atención mucho más de lo normal. Eran un grupo de chicos que vestían como todos los demás excepto por una cosa, todos llevaban un tatuaje en el dorso de la mano, un signo. A aquella distancia no pude discernir bien las figuras geométricas que lo formaban. Todos ellos se reían y hacían tonterías sin importarles en absoluto las miradas del resto que pasaban a su lado. Parecían mucho más unidos que cualquier otro, parecían incluso una familia. Y no se necesitaban facultades para poder ver el vínculo que les unía a todos.
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FIN
Science-Fiction¿Alguna vez habéis sentido como vuestro pecho se llenaba de fuego? Yo sí, y lo llegué a sentir con tanta intensidad que el fuego se propagó. Todo estalló, se convirtió en cenizas. Y cuando creí que el fin era inminente volví a sentir el fuego ardien...
