CAPÍTULO VIII

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—¡Aleix, ven aquí! —le ordenó Zac. Aleix nos echó una mirada de superioridad a todos nosotros.

Nos encontrábamos en la pista haciendo educación física. El profesor Charlie había decidido que ya que era el primer día íbamos a hacer "libre". Cómo era de esperar, las chicas más modernas se habían decidido a quedarse de pie con sus bolsos de más de cincuenta dólares. Los que preferían salir a jugar para exhibirse lo hacían sin camiseta, los que preferían hacerlo por diversión con la ropa puesta. Y luego estaba el reducido grupo que prefería no jugar por simple precaución en donde me incluía yo y... yo. Recordé como una vez, cuando me invitaron a jugar a voleibol le di un pelotazo a Sara, una chica, e hice que se la llevasen a urgencias. Además, siempre acababa en el suelo cuando se trataba de deportes o simplemente de movimiento.

—África, ven conmigo —dijo Verónica.

Por lo que podía ver a simple vista el equipo de Verónica se componía por: África, Rebeca, Ona, Michi, Jenna, Catherin y Mandy.

El equipo de Zac por: Eiden, Aleix, Jack, Rob, Noa, Gabriel y Ralph.

De forma súbita, el suspiro de alguien que se encontraba justo a mi lado me asustó por lo que me hizo pegar un pequeño salto. Me giré para ver de quién se trataba y fue entonces cuando me percaté de la presencia de una chica rubia que no recordaba haberla visto antes en ninguna clase.

—Mi nombre es Lina —me presenté— ¿cuál es el tuyo?

Silencio. Ni si quiera me miró.

—¿Quién crees que ganará, las chicas o los chicos? —volví a preguntar.

Pasé unos segundos mi mirada por la del resto de la gente que se encontraba en la pista preparándose para comenzar el partido de beisbol y cuando volví a mirar en donde se encontraba ella no había nada. Había desaparecido. Tampoco le di demasiadas vueltas al asunto ya que supuse que debía haberse ido a algún sitio. Además, el partido acababa de comenzar.

Verónica le lanzó la pelota a Zac, o eso supuse por el movimiento de su brazo. Lo debía haber hecho con tanta potencia que ni siquiera me había dado tiempo a verla y lo mismo le había pasado a Zac que se había quedado quieto con el bate entre las manos.

—Venga, Zac ¿De qué te sirve tanto musculito si ni si quiera le puedes dar a la pelota? —le tentó Verónica. Zac estaba en el grupo de los exhibicionistas.

Pasó exactamente lo mismo las siguientes veces hasta que finalmente alguien chilló "eliminado". Zac se largó cabizbajo refunfuñando algo directo a hablar con el grupo de chicas de rosa. Verónica hizo lo mismo con el resto de los chicos hasta que finalmente quedaron Aleix, Jack y Eiden. Entonces el partido comenzó de verdad. Todo sucedía tan rápido que se me hacía imposible poder apartar la vista de todos ellos. Era incapaz de ver la pelota, pero aún así, ellos golpeaban algo seguros de su posición con tal fuerza que la enviaban al otro extremo del campo sin ni siquiera hacer ver que se esforzaban. Y lo más impresionante es que África, que se encontraba en la parte sur del campo corría hasta el norte en un tiempo record, cogía la pelota y se la lanzaba a Ona para dársela a Verónica que vitoreaba su triunfo.

Finalmente, cuando la clase estaba a punto de acabar y en el equipo de los chicos sólo quedaba Aleix, Verónica le lanzó con mayor potencia la pelota, éste la golpeo con tal fuerza con su bate que sonó como si se tratase de un trueno y en un abrir y cerrar de ojos ya se había recorrido todas las bases levantando tal tormenta de arena que por un momento creí estar en el Sahara. Aún con la impresionante carrera de Aleix, las chicas ganaban por cinco puntos más.

Todos ellos se volvieron a reunir para poder comentar la jugada dejando de lado al resto de participantes que no habían tenido la necesidad de moverse en absoluto. Corrí hacia ellos para poder averiguar de qué forma humanamente posible habían podido realizar aquellos sorprendentes movimientos.

FINDonde viven las historias. Descúbrelo ahora