Omega.

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No pude seguir durmiendo.


La presión arrinconaba el aire

Efervescente por salir.


Dos círculos brillando,

flotando,

Me advirtieron que tras mis párpados,

La oscuridad era inmensa...


             Eterna...


        Azules,

        oceánicos,

        cósmicos,

        irreales.


Sacudidas en mi interior,

Quietud en mi exterior.


¿Por qué no me movía?

¿Acaso ya no vivía?


Porque así me sentía...

Muerta, sin vida.

Mi corazón ya no latía.

Mis pulmones no resistían.

Mis músculos ya no valían.

Y de un segundo a otro...

                                ya no vivía.  

Septiembre 98Donde viven las historias. Descúbrelo ahora