CAPITULO IV

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El autobús estaba vacío ya que la mayoría de la gente salía de kripton a esta hora del día. Winn había salido volando por la ventana poco después de cruzar el río, en su opinión la SI no me atacaría en un autobús con testigos, yo no estaba tan segura, pero tampoco le iba a pedir que se quedará conmigo.

Le había dicho al chófer la dirección y quedó en avisarme cuando llegáramos.
Kripton se había convertido en el bastión de la vida inframundana, un lugar cómodo y despreocupado en apariencia con sus potenciales problemas escondidos cuidadosamente.

Las casas eran modestas, pintadas de blanco, amarillo y ocasionalmente de rosa. No había mansiones encantadas, excepto el castillo Lovelace que en octubre cuando lo convertían en la más terrorífica mansión encantada a ambas orillas del río. Había columpios, piscinas inflables, bicicletas en el jardín y coches aparcados en las aceras. Había que fijarse mucho para darse cuenta que las flores eran antimaldiciones y que las ventanas de los sótanos estaban tapizadas. La realidad más salvaje y peligrosa florecía únicamente en las profundidades de la ciudad donde se reunía la gente para dar rienda suelta a sus emociones: parques de atracciones, clubes nocturnos, bares, iglesias…... nunca en nuestros propios hogares. Y era una zona tranquila incluso de noche.

Mi pelo se movió hacia delante cuando el autobús paró de golpe. Con los nervios de punta di un respingo cuando el hombre de atrás me golpeó en el hombro al salir de su asiento. El chófer me dijo que mi parada era la siguiente.
Baje en una zona sombría y me quede allí de pie, abrazando mi caja he intentando no respirar los humos del tubo de escape del autobús, que pronto desapareció por una esquina.

Había una pequeña iglesia de piedra al otro lado de la calle cuyo campanario se elevaba por encima de los árboles.

Me di la vuelta para contemplar lo que Lena había alquilado para nosotras: una casa de una planta que podía convertirse fácil en una oficina. El tejado parecía nuevo, pero la chimenea parecía estar desmoronandose. Tenía césped delante y parecía que lo habían cortado la semana pasada, incluso tenía un garaje con la puerta abierta.

Había un anciano negro sentado en el porche, meciéndose mientras veía pasar la tarde ¿Será el casero?, pensé sonriéndole. Me pregunté si sería un vampiro dado que traía gafas oscuras cuando apenas quedaba ya sol, tenía un aspecto desaliñado a pesar de ir bien afeitado.

Cuando me acercaba por el camino, apoyo su vaso de agua en la barandilla del porche.

- No lo quiero - dijo quitándose las gafas y señalando mi caja.

- ¿Como dice?

- Sea lo que sea que me quieres vender de esa caja no lo quiero. Ya tengo suficientes velas para conjuros, caramelos y revistas y no tengo dinero para un nuevo porche, un purificador de agua o un solárium.

- Yo no vendo nada - dije -, soy la nueva inquilina.

- ¿Inquilina? Ah debe de ser enfrente.

- ¿No es aqui el 1597 de la calle Oakstaff?

- Es en el otro lado de la calle.

- Siento haberle molestado - le dije, me di la vuelta para marcharme y subí un poco más la caja.

- Si - dijo el hombre y me detuve no quería parecer mal educada - los números en esta calle están al revés, los impares en el lado de los pares - sonrió haciendo aparecer arrugas alrededor de sus ojos -. Pero a mí no me preguntaron cuando pusieron los números - extendió la mano - Soy Hank - espero a que yo subiera las escaleras para estrechar su mano.

Vecinos, pensé mientras alzaba la vista e iba subiendo las escaleras. Era mejor ser amables con ellos.

- ¡Hola, qué tal mucho gusto Kara Danvers! - conteste estrechando su mano - su nueva vecina. El sonrió ampliamente, dándome palmaditas en el hombro.

BRUJA BLANCAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora