Samantha
- ¡Eres un idiota Dylan! -Digo ofuscada.
- Sí, lo sé, no dejas de recordármelo - Dice sin el más mínimo atisbo de interés por lo que acabo de decirle.
Odio cuando es así de indiferente, a decir verdad, lo odio a todo él.
Salgo hecha una furia del salón de clases, me importa muy poco incluso que la profesora esté gritándome que regrese; si permanezco un solo segundo más en este lugar juro que enloqueceré, el simple hecho de compartir el mismo entorno con Dylan me asfixia... lo odio, lo odio, lo odio...
En poco tiempo llego a la biblioteca en busca de algún libro, necesito liberar tensión, extraña manera, lo sé, pero ¿qué puedo decir? Ser del tipo de chicas que la sociedad cataloga como "normales" solo porque van de tienda en tienda comprando cuanta ropa se les antoja para sentirse bien consigo mismas... eso definitivamente no es lo mío. Yo prefiero hacer cosas realmente útiles, que llenen mi mente de conocimientos antes que ser una chica vacía; y qué mejor forma de hacerlo que leyendo libros ¿no?
Ok, ok, eres una friki Samantha, lo sabemos... Pero qué remedio, yo amo leer.
Finalmente me decido por un libro de Anatomía humana, no es la mejor opción, también lo sé, ¿acaso creen que soy tan friki? Pero es que en realidad esto se vuelve lo único interesante cuando en la triste biblioteca de tu escuela solo encuentras los típicos cuentos infantiles como el de La Cenicienta u otras historias de princesas que te pintan esos imaginarios finales felices que casi parecen ser perfectos con su "y vivieron felices por siempre"... bah...
Vale, no es que yo no crea en la felicidad, ¿si? Pero vamos, eso es muy surrealista, yo sinceramente prefiero algo que se ajuste a mi realidad y, además, en estos momentos tampoco estoy para esas patéticas historias de amor.
"El organismo debe mantener cuatro funciones básicas para conseguir el éxito vital, de lo contrario, su existencia se diluye en el tiempo..." creo que realmente me dejé absorber por la lectura, de no ser así me hubiera percatado de su cercanía mucho antes de que apoyara sus manos sobre la mesa, quedándose justo frente a mi, a una distancia tan relativamente corta que me hace agradecer al libro que sostengo por separarnos.
Aun así, fue realmente su agitada forma de respirar lo que me hizo ser consciente de su presencia, era obvio, llegó corriendo hasta aquí. Levanté casi de golpe la mirada del libro para encontrarme con unos fascinantes ojos color avellana con tonalidades miel que me miraban con algo de inseguridad. Inmediatamente frunzo el ceño. Ok, admito que tiene unos ojos que matan, pero no por eso deja de ser incómoda su presencia para mí, así que prefiero condenarlo a la completa indiferencia, cosa que no sirvió de mucho ya que el muy imbécil no se inmutó ni en lo más mínimo a cambiar de posición e irse por donde había venido.
¿Qué acaso no ve que lo estoy ignorando?
Inevitablemente, suelto un bufido de desagrado por la situación. Pero no me queda de otra que enfrentarlo, así que doy vuelta a la página del libro y dejo que mis labios profieran palabras lo más secamente posible.
- ¿Qué quieres?
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Siempre contigo
Teen FictionSamantha Sullivan, es una chica de 17 años que no parece tener ningún problema en la vida, salvo uno: Dylan Rush. Desde hace 2 años él parece ser la peor de sus pesadillas y Samantha cree que no hay otra cosa que pueda sentir por él que no sea odio...
