La mañana siguiente es tan fría y helada que me hacen temblar constantemente. En el desayuno mi madre se nota resplandeciente y chispeante, contrastando demasiado con el ambiente, mientras que Hiyama como siempre está neutral. Len parece ausente y me pregunto si es debido a mis palabras de anoche o por alguna pesadilla. Sea lo que sea me excedí y temo haberlo roto, porque sí, puedo sentirlo en el aire...
El lazo fracturado y sangrando lentamente, un dolor profundo y desgarrador que te hace llorar y gemir tanto que ni siquiera puedes permitirte pedir ayudar porque si hablas acelerarás el sangrado y morirías. Ese sería un final tan trágico para ambos, pero inevitable. ¿Podríamos ser Romeo y Julieta? Me temo que no, y sí lo es, en ésta historia Romeo se consigue a alguien mejor y no muere, ante el dolor yo termino suicidándome.
Un escalofrío recorre mi columna ante tales pensamientos, Dios, ¿qué está mal conmigo?
—¡Niños!—Tanto Len como yo nos sobresaltamos ante la exclamación de nuestra madre, aturdida la observo, ella se nota confundida—. ¿Todo en orden? Se notan muy callados—declara, su voz rayando la preocupación.
—Para nada, es que hace mucho frío—digo sin pensar y suena tan tonto que me quiero golpear la cabeza contra la mesa, Hiyama me mira como si estuviera loca.
—¿Quieres decir que estás callada porque hace frío?—Cuestiona y yo asiento, como si no tuviera nada de malo, él termina riéndose y mi madre le golpea con el codo—. Perdona, pero es que los adolescentes de hoy en día son raros, nunca cambies mi Rinny—yo sonrío asintiendo mientras termino mi desayuno en silencio.
Len insiste en no decir una palabra.
Es incómodo caminar junto a Len, más si está en silencio y no parloteando como usualmente lo hace. Yuma me había advertido anoche que no podría acompañarme al instituto porque tenía tarea pendiente que no había terminado y usaría el tiempo de la mañana antes de ir a clases. No me importó, pensé que iría sola, pero no me esperaba que Len no hubiera ido a buscar a Teto.
—Quiere conocerte mejor—luego de un tiempo Len susurra, desconcertándome.
—¿Quién?—Cuestiono confundida, él me observa y sus ojos no brillan, es como si estuviera muerto.
—Teto, como en la cena te habías ido antes siente que no pudo conocerte lo suficiente y eso le disgusta—yo ruedo mis ojos, la perfecta Teto no se puede permitir no caerles bien a todos, que maniática.
—¿Por qué le importa? ¿Y si no me gusta ella? ¿Qué hará, obligarme?—Resoplo mientras me enfurruño en la bufanda, acto que no pasa desapercibido por los ojos de Len, quien observa la bufanda por más tiempo de lo esperado.
Cierto, me he puesto la de Yuma nuevamente.
—¿Por qué no te gustaría? Ella es agradable—cuando doblamos en la esquina y veo que solo falta pasos para la entrada me giro a observarle, enojada.
—Solo lo decía hipotéticamente, además, sale contigo, no debería preocuparse por lo que yo piense—rodando los ojos explico mientras doy media vuelta pero antes de ir él me sujeta de la muñeca, extrañada vuelvo a mirarle.
—Casi nunca te pido favores, además, siento lo de anoche—mi vista baja a mi muñeca, por alguna razón está ejerciendo mucha presión y ya comienza a dolerme—. Sabes que no es lo que quería decir realmente, pero la idea de que seas mancillada me disgusta y solo siento ganas de golpear al primer idiota que se te acerque—un quejido de mis labios sale cuando Len comienza a apretar mi muñeca, cuando se da cuenta me suelta al instante.
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Bajo el agua.
RomanceEra una obra de arte tan bonita que hasta sus errores eran bellos.
