Capítulo 2: "BOMBA"

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El teléfono suena. Un nuevo mensaje. El hombre mete la mano en su bolsillo, sabiendo de quien se trata.

Una dirección y una hora. 

Scott termina de darle una calada a su cigarrillo. Ahora, pensando con la cabeza fría, lamenta haber aceptado. Sin embargo, no importa qué, no se echará atrás. Es un hombre de palabra. 

Y huir es inútil. Ya lo comprendió.

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Capítulo 2: "BOMBA"

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Verlo produce una sensación dolorosa, como si quisiera incrustarse en la carne de sus ojos y quedarse por siempre ahí. 

Bufó.

Ha visto frente a sus ojos hombres degollando mujeres, violando niños, incluso un montón de atrocidades más y ha sido capaz de soportarlo. Vislumbrar los desiertos de miseria y sufrimiento, de sangre seca y cuerpos alimentados solo por la angustia... ¿Con qué derecho se cree como para dolerle mirar a Arthur? 

Ese pensamiento hizo despertarlo de sus cavilaciones. Hoy no está con la guardia baja, no será tan imbécil. Saldrá invicto y sin ninguna grieta. Sigue caminando hacia él. 

Arthur gira a verlo, con su mirada aguda y a ratos, brillante. Sentado sobre la banca, con una pierna sobre la otra de un modo elegante, contrastando con la chaqueta de cuero y los jeans desgastados.

Scott lo mira para abajo, indiferente. No se ha vuelto más atractivo con la luz del día ni le quedan endemoniadamente bien las chaquetas de cuero. No. Es un humano común y corriente.

― Aquí estoy.

― Pues ya me di cuenta, creo que no estoy ciego.

― ¿No se te habían quemado los ojos por tanto leer? Que yo recuerde usabas lentes.

El viento corre a su alrededor, levanta algunas hojas y mueve las hebras de sus cabellos.

― Lentes de lectura, puedo caminar una cuadra sin tropezarme e incluso darme cuenta que tengo a un idiota frente a mi ― Scott carcajea. Decide sentarse sobre el marco de la banca, teniendo que mirar por obligación a Arthur hacia abajo. Es una sensación que alivia. Estar a un nivel sobre él. Tener la invisible sensación de que esto no se le escapa de las manos.

― Me aburre ir con rodeos ¿Qué quieres? ― Arthur suspira.

― Ni un "¿Cómo estás? ¿Cómo están mis padres adoptivos, que me cuidaron durante toda la infancia para que no fuera un maldito vagabundo drogadicto?" o siquiera un "¿Qué cuentas?" Siempre al grano ¿Cierto?

― Parece que te arrepientes de buscarme cada vez que llego.

― No sabes cuánto acertas.

Trata de sonreír, aunque solo es una mueca inconclusa.

― ¿Qué te dijeron como para no estar satisfecho y tener que venir conmigo?

― Mi madre está con su nueva pareja de vacaciones en las Bahamas, creo que no puede decirme mucho ― Los músculos del rostro pecoso se tensan. Sorpresa ― Mi padre se mata en el trabajo y apenas sé de su existencia ¿Qué me dijo cuando lo vi por fin? Ah, sí. Que ni se me ocurriera volver a verte y que te fuiste por malagradecido. Es bastante la información ¿No crees?

Las gruesas cejas de Scott se esconden en el flequillo pelirrojo.

Arthur está demasiado perdido en esta vida y está buscando en él un norte, un punto de orientación para comprender que ha sucedido estos años.

Sin SalidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora