Capítulo II.- Hogar, dulce hogar.

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  — ¡Wow!— es lo primero y único que puedo decir al momento de ver la casa desde el portón de entrada.

Hay un enorme portón de color negro, la casa parece una mansión, toda la casa es de color blanco por fuera, hay un camino que lleva a la cochera en donde mis padres y Esteban se estacionan, ¡hasta la cochera es enorme!.

  —¿Lista para ver el interior de la casa?— me dice Esteban al mismo tiempo que me abre la puerta del copiloto y me ayuda a bajar del automóvil.

 Comienzo a caminar por el camino de ladrillos en el suelo y veo que grande es este lugar, si antes me sentía  pequeña en mi antigua casa, ahora creo que soy una hormiga en el mundo.

Veo como es que hay césped verde y recién podado por todo el al rededor de la casa, en eso el viento sopla y hace que la combinación de las flores, el césped y el aire sea una perfecta combinación.

  — Me encanta—  le digo a mi hermano y esboza una enorme sonrisa.

— Y eso que no la has visto por dentro, te va a encantar.— me toma de la mano y subimos las escaleras que da para el portón enorme que se encuentra ahora frente a nosotros. — ¡Vamos, abre la puerta!— comenta Esteban y yo solamente lo hago.

Cuando es que abrí ese enorme portón que había frente a nosotros pude ver lo que creo yo será la sala, las paredes son blancas, hay una chimenea de color negro, unos ventanales hermosos y grandes los cuales te dejan observar la parte trasera de la casa y un soporte para la televisión.

— Todo es realmente hermoso— digo y estoy consciente de que parezco una niña dentro de una dulcería.

  — Aún te falta mucho por observar hermanita— suelta una carcajada Esteban — sigue viendo la casa, ayudaré a bajar las cajas del camión de mudanzas —  me dice Esteban.

— ¿Qué dijiste?— Le pregunto a Esteban ya que gracias a mi distracción en la casa no escuché nada de lo que acaba de decir mi hermano. 

  — Ja ja ja— voltea a verme y se ríe —  te dije que iré y ayudaré a bajar las cajas del camión de mudanzas—

  — ¡Ah, si, claro!—  digo algo apenada.

— Madisson—  me llama mi hermano

— ¿Sí?— lo veo con cara pensativa

— Trata de no perderte, por favor— me dice eso y al momento abandona la habitación.

— Es mucho pedir, pero trataré—  grito un poco a ver si todavía alcanza a escucharme.

Yo sigo recorriendo cada parte de la casa, subo y bajo escaleras, abro cada puerta de cada cuarto y observo cada rincón de la casa.

  — La casa es realmente hermosa— digo al momento que abro la puerta de una habitación más y al instante me enamoro de esa habitación.

Ese cuarto tenía como todo un cuarto común y corriente cuatro paredes, pero no solamente eran cuatro paredes, me adentré más en la habitación y del lado derecho tenía el armario se podría decir que lo suficientemente grande para que yo me vea diminuta.

— Madisson, tú siempre estás y serás diminuta, no importa en donde estés— digo a la vez que abro una puerta que está dentro de la habitación pero del lado izquierdo.

Para mi sorpresa puedo observar que hay un baño realmente hermoso y espacioso, perfecto para mi.

Regreso a donde la habitación y observo que hay un par de ventanales frente a mi, voy a donde ellos y los abro, al momento de abrirlos puedo observar un hermoso y bello paisaje que da hacia el patio trasero de la casa en donde hay una enorme alberca y más césped.

— ¡Me encanta esta casa!— digo algo emocionada.

— Te dije que te encantaría— dice mi hermano que está a unos pasos detrás de mi.

— ¿Cuándo entraste a la habitación?, no te escuché— le digo algo sorprendida.

— Pues justamente cuándo no te diste cuenta—  me dice en tono burlesco.

— Si, lo sé, a lo que me refiero es ¿cómo supiste qué estaba aquí? es decir; hay muchas habitaciones— le digo cerrando los ventanales.

— ¿Recuerdas que me preguntaste si yo ya conocía la casa?—  me pregunta.

— Si, lo recuerdo— 

— Bueno, estaba muy seguro de que tú querrías esta habitación, entré en ella y sí, estabas en esta habitación— dice dirigiéndose a la puerta.

— Ah, claro ya lo sabía— digo haciendo una mueca.

— ¡¿Hijos?!— escuchamos la voz de papá y Esteban y yo vamos a dónde él.

— ¡Aquí estamos!— dice Esteban levantando la mano hacia donde papá que estaba al final del pasillo.

  — Los busqué por todas partes, Madisson ¿te gustó la casa?— me preguntan mamá y papá en una sola voz.

— ¡Me ha encantado!, es perfecta— exclamo y los abrazo.

— Pues entonces sean bienvenidos a su nuevo hogar—  nos dice mamá al momento que nos abraza a mi y a Esteban.

— Hogar, dulce hogar— exclama papá abrazándonos a los tres.  

Nota de la autora:

¡Hey, hola!, ¡he regresado!, se que me fui por mucho tiempo y dejé esta historia con tres puntos suspensivos, sin embargo; hoy he escrito un nuevo capítulo como pueden ver.

Espero que les haya gustado mucho, me he esforzado para poder hacerlo.

Saludos y bonito fin de semana.

  

El chico de los tatuajesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora