Demasiado Arriesgado

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El tercer día de clases fue un día muy aburrido. Todos los profesores ya empezaban con la materia y yo ya me quería morir por la cantidad de información que tenía en mente.

A última hora tocaba Latín y cumplí al pie de la letra y me salté su clase y me fui a comer por ahí.

En mi interior sabía que Oliver me lo haría pagar caro, pero eso me divertía, quería verlo enfadado conmigo y a ver qué hacía, aunque quizá sólo pasará de mí...

De repente recibí un mensaje y me acordé que Oliver tenía mi número. Mierda.

Abrí la pantalla del móvil y era Alessio:

"Tío, dónde estás? Oliver se ha enfadado a más no poder y se ha ido del aula para venir a buscarte. Se puede saber dónde coño te has metido?"

Retiro lo dicho. Creo que no me gustaría ver a Oliver enfadado.

Joder.

Me puse nervioso, aunque sería raro que Oliver me encontrara en donde estaba, la universidad es enorme y hay diferentes cafeterías en ella.

Aunque...

Sólo hay una cafetería en la facultad de Letras.

Y es la que estoy.

Cogí el móvil y respondí el mensaje de mi amigo:

"Hace cuánto ha salido de la aula?"

Alessio estaba en línia así que se puso a escribir enseguida.

De repente noté una mano apretar mi muñeca con fuerza, ante lo que gemí del dolor que me provocó.

Era Oliver, y me levantó tan rápido que de un segundo a otro ya estabamos saliendo por la puerta de la cafeteria.

- ¡Oye, me estás haciendo daño! - le grité intentando soltarme de su agarre.

Se giró para encararme y pude ver en su rostro algo más que enojo. - Mira, si no fuera porque la universidad está llena cada minuto y mi trabajo me importa demasiado, te hubiera pegado a la pared y te hubiera enseñado lo que es bueno. - dijo para girarse de nuevo y hacernos entrar dentro de la facultad.

Realmente estaba asustado. Pero en otra parte, pensar lo que quizá me quería hacer me excitaba.

Me condujo escaleras arriba, pensé que a la aula de siempre, pero se quedó en el segundo piso, cosa que me extrañó.

- ¿A dónde vamos? - pregunté ahora si sientiendo miedo de verdad. Al ver que no me contestaba insistí. - ¡Oliver!

Entramos en unos baños que por mi sorpresa, no había visto en mi vida, quizá porque estaban demasiado apartados de las aulas.

Me empujó a dentro, no demasiado fuerte y se apoyó en la puerta, supongo que para que nadie entrara, y eso hizo acojonarme.

- Dime, ¿de qué vas? - rompió el silencio él, mirándome serio, pero no habían ganas de matarme en esa mirada, cosa que me alivió.

- ¿De qué? - pregunté.

- No te hagas el tonto. Dime porqué te has saltado mi clase, Elio. - preguntó esta vez acercándose peligrosamente a mí.

- Yo ya te lo dije que iba a hacerlo. - dije.

- No. Lo dijiste burlandote de mí, pero no lo dijiste en serio. Ahora dime porqué lo has hecho, ¿Qué quieres de mí? - preguntó él a pocos milímetros de mis labios.

- Ya lo sabes lo que quiero, lo que pasa es que tu no lo quieres. O lo quieres, pero te da miedo. - dije.

- Ya. Pues si es así, vuelve ahora mismo a mi clase y te juro que mi materia la vas a aprobar sólo con sudor. - dijo apartandose para que saliera.

- Y, ¿No podría hacer algo más para aprobarla? - dije con una cara inocente, acercandome a él.

- Elio, sal. - me exigió.

- ¿Y qué te hace pensar que voy a volver a clase y no voy a salir corriendo? - pregunté con una media sonrisa.

- Porqué entonces te expulsaría.

- No, porqué tu mismo me dijiste que me querías en tus clases.

- Pues por eso mismo vas a ir ahora en mi clase.

- No, porque voy a salir corriendo igualmente. - dije empezando a caminar hacia la puerta, cuándo sentí que me agarró del brazo y me empujó a la pared.

- Si te beso, ¿me prometes asistir a todas mis clases? - susurró él en mi oído, cosa que provoco un pequeño escalofrío en mí.

Se separó para mirarme y seguro que podía ver mis ojos iluminados por lo que me dijo.

Me agarró de las mejillas y me dio un beso.

Un beso que más bien pareció que me quería comer toda la boca de un golpe.

Yo estaba tan escéptico que lo único que hice fue dejarme llevar, porque realmente era yo el que más deseaba sus labios.

Todo pasó de ser súper incómodo a estarnos besarnos cómo si no hubiera un mañana y sin pensar que podría entrar un alumno o el mismísimo director por la puerta y echarnos de la universidad a los dos.

Eso no nos importaba.

No tardó en meter su lengua, que hizo que estallara todo y me llevara al paraíso que había conocido cuando nos besamos en nuestra primera vez.

Me agarró las nalgas y me elevó, yo aún pegado en la pared, e hizo que enredara mis piernas en su cintura y intensificara el beso.

Se separó de mis labios para dejar pequeños besos en mejilla para terminar en mi oreja.

- ¿Qué quieres, Oliver? - susurró él mientras empezaba a morderme el lóbulo de la oreja.

- Quiero muchas cosas, Elio... - dije tan bajo que me dudó saber si lo llegó a escuchar.

- Pues no las vas a tener, por haber sido un chico malo y saltarte mi clase. - dijo de repente bajandome de su cintura y se giró y se fue por la puerta.

Pero antes de cerrarla dijo:

- Espero verte en clase en 5 minutos o sinó de verdad te voy a expulsar. - dijo mirándome serio para salir y yo ver que al final tenía una media sonrisa en sus labios que él no supo que yo vi.

Hola, no me mateis porfavor (yo os amo)

Prometo recompensaros en el siguiente cap, lo juro jeje

El Reencuentro - Elio y Oliver Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora