Era casi la hora de comer y pronto mis padres volverían.
No quería que me encontraran en mi cama desnudo y con Oliver a mi lado, abrazándome. Definitivamente no quería que nos vieran.
- ¿N-No te deberías de ir ya? - susurré sin moverme ni un poco de mi sitio.
-¿Hm? ¿Quieres que me vaya? - dijo Oliver alzando la cabeza para mirarme fijamente.
- Claro que no. Sólo es que no quiero que mis padres nos vean... ya sabes... así.
- ¿De verdad te importa? - dijo riéndose de mi.
- La pregunta aquí sería ¿a ti no? - dije incrédulo.
- La verdad, me importa bastante poco que tus padres nos puedan ver así. - dijo riéndose esta vez en alto.
- ¡Oliver, por favor! - grité poniendo cara de asco.
- Si me voy ya, ¿me prometes escribirme? - preguntó Oliver.
- ¿Y enviarte fotos desnudo? Oh sí, por mi ningún problema. - dije mirándole con una pequeña sonrisa notable.
- Perfecto, intentaré corresponderte también. - dijo basándome la mejilla para levantarse y empezarse a vestir.
¿Me acababa de seguir el juego?
Joder, no quiero que este Oliver se vaya nunca.
Me acerqué a él por detrás de su espalda, mientras él, sentado en un lado de la cama, empezaba a ponerse los zapatos, faltandole solamente la camisa para ponerse.
Lo abracé por detrás y empecé a besarlo por su mandíbula. El sentimiento que tenía ahora mismo se resumía entre felicidad y excitación a partes iguales. Había conseguido a mi Oliver de siempre y no quería perderlo. No otra vez.
Oliver soltó una risita para girarse y ver como empezaba a besarlo. Qué mierda, no quería que se fuera, lo quería aquí y ahora, me daba igual quién nos pudiera ver o oír.
- Vamos, daddy, porfavor. - dije volviendole a besar, sin siquiera esperar una respuesta por su parte.
Me siguió los besos perfectamente, esta vez él tomando el control. Noté su desesperación, tanto como la mía o incluso más, pensé que quizá le había gustado como le había llamado.
Me estiró en la cama para ponerse encima de mí, tomar aire y decir - Vaya, no había notado que eras insaciable, bebé. - susurró Oliver observando atentamente mi torso, ante lo que me mordí el labio, disfrutando de ser observado por él, sólo por él.
Dirigí mi mano encima de su entrepierna, cubierto por sus jeans, una sonrisa empezando a aparecer en mi boca, mientras susurro - Contigo no pararía nunca.
Empezó a besarme ferozmente, de esos besos que desearías que duraran toda la vida, que te provocan mil sensaciones por todo el cuerpo. Él encima de mi. Dejándome hacer lo que quiera con él. Y yo sinceramente, amaba esto.
Todo en él era perfecto. Cada parte de él hacia que mi boca babeara, tan grande y en forma... Y yo simplemente era un veinteañero más flaco que un palo, pero le gusto. Le atraigo a Oliver.
Y eso con los años no había cambiado.
Oliver dejó de besarme para incorporándose, sentado en mis muslos, quitándose el cinturón mientras le veía expectante, ansioso, como la primera vez que lo hicimos, en esta cama, y el principio con Oliver en la misma posición que ahora.
Se quita los pantalones, junto con sus bóxers, quedando desnudo ante mi, cómo lo estábamos toda la mañana, pero ahora parecía diferente.
Notaba como si no lo hubiera tocado en siglos.
Dirigí mi mano encima de su ya notable erección, empezando a acariciarla, rápido. Lo lento no era lo mío. La cabeza de Oliver ya se encontraba hacia atrás, sabía que mis manos eran la debilidad de Oliver, por como cerraba los ojos y gemía suaves "más" mientras intentaba verme masturbandole, pero al removerse ante mi toque, los cerraba de nuevo.
Definitivamente, mis manos eran la debilidad de Oliver.
- Dime qué quieres que haga contigo, bebé... - dijo Oliver abriendo los ojos, dedicándome una mirada intensa.
- Hm, no. - dije augmentando el ritmo en el que mi mano subía y bajaba de su miembro, si eso era siquiera posible.
- Eres un chico tan malo. - susurra Oliver y separa mi mano de su pene bruscamente.
Me coge ambas muñecas y se estira encima de mí, quedando ambas erecciones pegadas, haciéndome gemir y una pequeña sonrisa vuelve a mi rostro. Me encanta hacerlo sufrir de esta manera.
- Quiero que te ganes mi pene, Elio. No te voy a volver a metertela hasta que me hables bien y hagas todo lo que te diga ¿Entendiste? - dijo él lo más serio posible.
Pero empecé a reírme. Joder, a Oliver se le daba fatal decir las cosas seriamente, y yo no podía parar de reír, dios mío.
- Hablo en serio, Elio. - escuché decir pero era todo tan gracioso, no me podía creer que Oliver me acababa de decir que me tenía que ganar su pene, como si fuera una piruleta o algo parecido.
De un momento a otro soltó mis muñecas y noté que se levantó de encima mío, pero empezaron a salir lágrimas de tanta risa que tenía.
Al tranquilizarme, vi a un enojado Oliver dirigiéndose hasta la puerta.
-¿Oliver? - pregunté cuando abrió la puerta y me miraba cómo si quisiera matarme aquí mismo.
- El lunes a las 8 te quiero sentado en tu pupitre y te llevarás como un chico bueno y estudiarás mi materia. Es una obligación. Ah, y recuerda que nadie puede tocarte, así que ni de coña intentes buscar a alguien que te baje el calentón. - me dice tan sumamente brusco que me deja en mi cama tirado, con una cara de confusión en el rostro.
Pues nada, todo parecía volver a ser como el principio de nuestro reencuentro.
Pero esta vez, yo pertenezco a Oliver, a nadie más, sólo a él.
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El Reencuentro - Elio y Oliver
Fanfiction¿Qué ocurrirá 4 años después de la historia de amor entre Elio y Oliver, cuando Elio, en su último año de universidad, llega su nuevo tutor y profesor de su materia más difícil; Latín, y es ni más ni menos que Oliver? ¿Se verá obligado a contarles a...
