× 1937 × ...
Han pasado dos años desde que ingrese al ejercito.
Mi entrenamiento y el de mis compañeros no fue para nada sencillo.
Era el mas joven de todos, sin embargó muy apenas y podían con el campamento de entrenamiento.
Yo por mi parte, la pase muy mal. Necesitaba de condición para poder ir a la guerra, de lo contrario solo sería un blanco fácil; y vaya que tuve problemas ganando buena condición.
Toda mi vida estuve encerrado en aquel laboratorio en donde lo más importante era mi condición mental, es decir, tener el control sobre mis poderes, para lo cual era totalmente olvidada mi salud física.
Tenía una buena alimentación pero no me ejercitaba para nada y como consecuencia es que esos fueron los dos peores años de mi vida.
Todos los días, antes de que se asomara el alba, la voz furiosa del sargento era nuestra alarma.
Seguido de más gritos, había que ponerse de pie frente a nuestras respectivas literas, para después de pasar lista, inmediatamente correr al campo de entrenamiento.
Recuerdo los fuertes rayos de sol sobre mi rostro, el sudor resbalando por todo mi cuerpo, el inmenso dolor, las caídas, todas las veces que quise rendirme y hacer las cosas más sencillas con mis "dones", pero no todo fue dolor y angustia, por lo menos el entrenamiento avanzado compensaba las mentes.
Antes de yo abandonar el laboratorio, el Dr. Dominick me dejó muy en claro que no debía hacer uso de mis poderes tan fácilmente y que solo en una situación realmente requerida, los pusiera en practica. Es por esa razón que mi cuerpo la paso tan mal, sin embargo puedo decir que todo eso valió la pena.
Para la mañana del 7 de abril de 1937, partiríamos a nuestro destino.
Hoy, noche del 6 de abril, estoy mas que nervioso. Mi corazón late con bastante fuerza. El miedo a ser asesinado en cuanto pise tierras enemigas, me llena de pavor y es por estas razones que no puedo descansar en paz.
El sargento fue muy claro: Antes de la salida del alba ire por ustedes para que comiencen a embarcar. Nuestra salida debe de ser a las 4 en punto para poder llegar a las 15 con 6, ¿¡Entendido!?. Y son esas palabras que no puedo sacar de mi mente. "Será un viaje muy largo, pero sera tiempo suficiente para tranquilizarme" pensé, para después y ante la falta de sueño, tomar un libro y comenzar a leer. En ese tiempo de tranquilidad, alguien me llamó por mi nombre. No pude gritar pero mi cuerpo temblaba ante el susto.
Fui llevado a la oficina del profesor Johan.
-Primero que nada Víctor, te felicito por haber completado tu entrenamiento. Quiero decirte que estoy muy orgulloso de ti- Hablando en un tono bastante alegre ¡Ah! Y... - puso sobre mis manos el teléfono Es para ti, es del Dr. Dominick.-
Estaba completamente sorprendido ante su llamado. Durante todo este tiempo en que estuve aqui, tuve llamadas del Dr. Dominick, preguntando siempre como me estaba llendo y si no tenia alguna dificultad, pero hoy, extrañamente no podía responderle. Tenia un nudo en la garganta.
-¿Víctor?, ¿Como estas? He oído que ya has finalizado con el entrenamiento, felicidades. Lo hiciste muy bien hijo.
-¡G-Gracias Doctor. En efecto ya he concluido y mañana partiremos... supongo que eso ya lo sabe, ¿No?
En mi oído pude escuchar una pequeña risita burlona, pero había miedo en ella.
-Víctor.. Irás a la guerra. No se compara con lo que viviste durante el entrenamiento...
-Lo sé.- Le respondí con un tono de voz preocupado.
-Solo quiero que estés bien hijo, ¿Sabes? Yo no quiero perderte. En caso de que necesites usar tus poderes, hazlo con toda libertad, ¿entendido?
A esto último solo pude acertar tanto con mi cabeza así como haciendo un ligero ruido con mi boca.
-Papá.. Prometo regresar con vida a casa- y diciendo esto, un par de lágrimas se asomaron por mis ojos. El profesor Johan al verme se acerco y puso sus manos sobre mis hombros.
-Estaré esperando tu regreso.
Y al haberme dicho esto le entregué el teléfono al profesor Johan.
El Dr. Dominick y el hablaron durante un rato. Yo por mi parte me senté en una de las sillas que estaban en la oficina mientras secaba mis lágrimas.
Al terminar su llamada, el profesor se sentó a mi lado. Acarició mi cabeza y me dio un fuerte abrazo, para luego regalarme una sonrisa; "todo estará bien. Volverás a salvo",dijo en un sutil susurro en aquel abrazo.
Regresando al dormitorio subí a mi cama y recostado viendo al techo, cerré mis ojos.
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Antes de la salida del alba, yo estaba despierto. Mirando al techo como si este fuese el mismo universo. Mi cabeza estaba totalmente en blanco.
Me levanté de cama y decidí salir a correr. Estuve checando el tiempo, debía regresar antes de las 4.
Cuando finalmente regrese de mi "paseo", entre muy sigilosamente a los dormitorios: Me puse mi uniforme de combate, me recogí una coleta alta, me puse un par de guantes y me senté sobre el colchón para leer un poco. El libro se titulaba: "Buscando polvo de estrellas en el alma", un libro que el profesor Johan me regaló en un cumpleaños número 9. Adoraba este libro; siempre que me sentía triste, lo leía y una sensación tan grata se apoderaba de mi alma, sin duda, era magia para el corazón.
Mientras leía el libro, una sonrisa se asomó por mi rostro, pero fue transformada inmediatamente al oír la voz del sargento tras la puerta.
Todos mis compañeros y yo nos pusimos de pie. El sargento dio la señal y todos comenzaron a vestirse, yo por mi parte ya lo estaba así que solo espere. Una vez estuvieron todos listos, hicimos una fila y comenzamos a salir para poder embarcar.
A lo lejos pude ver al profesor Johan con una mirada preocupada. Uno por uno fuimos subiendo al barco y cuando llego mi turno el profesor me tomo de los hombros y me llevo hasta el frente del barco.
-Nos esta esperando...
Le miré. El claramente estaba hablando del caos que estaba por venir al atacar Rusia. Ellos no se dejarían vencer tan fácil, y al igual que nosotros, harían lo posible por sobrevivir.
-Será mejor que duermas Víctor. Nos espera un largo viaje y lo mejor sera descansar. Si no me equivoco, estuviste tenso toda la noche.
Y en efecto lo estuve.
-Iré a descansar un rato..
-Vamos a la cabina, estarás mas cómodo ahí adentro.
Negué la petición del profesor.
-Prefiero ser arrullado con el sonido de las olas.
Y diciendo esto, salí de aquella cabina. Me tire al suelo muy cerca de la orilla y nuevamente cerré mis ojos.
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Nostalgia del 45
Fiksi PenggemarDesde el primer instante en que nacio, supieron que era diferente: Victor Nikiforov era un niño con dos dones muy especiales: La capacidad para ver el futuro y el control de mentes. No paso mucho tiempo para que este secreto fuera descubierto y arre...
