- ¡Aguarda un momento!
Gritó, rogando ser escuchado por quien azotaba su puerta con fuerza.
Eran las ocho de la mañana y estaba seguro de no esperar a nadie.
Se apresuró a colocarse un holgado pantalón deportivo y la primera camiseta blanca con motivos azules que halló en su armario.
Agradeció no percibir ningún golpe más. Aquello le permitía caminar con la lentitud que su tobillo necesitaba.
Al abrir, un sonriente Louis aguardaba por él. Se hallaba recostado sobre el umbral de la puerta con un paquete en sus manos.
- ¿Qué ocurre? –preguntó, sonando más sorprendido que enfadado.
- Prometí ayudarte, ¿lo olvidas?
El castaño ingresó sin preguntar y se dirigió lentamente a los taburetes de su cocina.
Harry cerró y fue tras él, olvidándose por completo de su somnolencia.
- ¿Piensas hacerlo interrumpiendo mi sueño? -preguntó con diversión.
Observó el brazo izquierdo de Louis, aquel que se hallaba repleto de tatuajes, tensarse con el movimiento de exponer dos vasos de café y apetecibles porciones de brownie. Harry no espero, sus manos se dirigieron con velocidad hacia el dulce bizcocho.
- Eso es tu culpa –canturreó Louis.
Su estomago rugió apenas degustó un pequeño mordisco, lo cual causó una suave carcajada en Louis.
- Nunca entenderé cómo puedes desayunar azúcar puro –acotó Louis antes de beber de su café. Amargo, al parecer.
Harry lo miró ceñudo y acercó los deliciosos cuadrados de chocolate hacia su cuerpo.
Su pregunta sin respuesta seguía flotando en su mente.
- No me has respondido y no entiendo tu acusación. ¿Por qué es mi culpa?
- He pensado que si revives los días que has olvidado, quizá algo despierte en ti y te permita recordar. No puedo recrear cada momento, al menos no de los que no fui parte, pero es posible que alguno de ellos dispare a los demás.
Harry asintió atónito, aquello realmente podría funcionar. ¿Por qué el bello hombre que tenía frente a él decidía ayudarlo?
- ¿Quieres decir que esto ya lo he vivido?
Los ojos azules buscaron en sus verdes. Eran demasiado inexpresivos e indescifrables, contrastando con el brillo esperanzado que flotaba en los suyos.
- Bueno, no así exactamente –Louis frotó sus brazos. Quería preguntarle cómo era que no sentía frío en aquella remera sin mangas, aunque agradecía la vista-. Sucedió en mi departamento. En cuanto me mude, falló mi despertador. Sonó a las 10 a.m, dos horas después de la debida. Lo estrellé contra la pared mientras vociferaba insultos. Llamaste a mi puerta para preguntar si estaba herido. Al día siguiente apareciste a las 8 de la mañana en punto con este mismo desayuno.
- Oh –murmuró, no muy seguro de qué decir. No recordaba nada de ello-. ¿Te lo comiste aunque no te gustaba?
- Sólo un trozo y fue porque estabas demasiado apenado.
Se ruborizó y agachó el rostro hasta cubrirlo con sus rizos.
- Lo siento –musitó-. No es mi culpa que seas raro -bromeó, intentando lucir divertido.
- No eres el único que pasó vergüenza -reconoció risueño-. Abrí la puerta furioso y en ropa interior. Esperaba encontrarme al conserje y pensaba hacerle saber, de mala manera, que no debía molestarme a esas horas si deseaba establecer una buena convivencia conmigo.
Harry abrió los ojos con perplejidad. Se sentía inquieto por imaginarse frente a un enfurecido Louis. No tendría ninguna posibilidad peleando con él.
- Te has salvado por el café –prosiguió, con su suave y melodiosa voz-. Gruñí que debías hacer algo bueno si no querías convertirte en mi blanco. Era broma, pero tú creíste que hablaba en serio. Luego me llamaste "flojo aterrador" y te ofreciste a colaborar con mi mudanza.
- ¿Lo hice? –musitó, refiriéndose al peculiar apodo. Sus mejillas se tiñeron de rosado.
Entonces fueron dos las veces en las que intentó ser gracioso y agradable para Louis.
- Oh sí –rio, llevando a sus labios el cálido líquido oscuro.
Harry se vio impedido de realizar más preguntas por nuevos golpes en la puerta.
Intentó ponerse en pie, pero un fuerte brazo lo detuvo e inmovilizó en el lugar.
Siguió al castaño con la vista mientras movía el picaporte y dejaba ingresar un revoltoso cuerpo de rubios cabellos.
Su amigo se abalanzó sobre él. Suprimió su fuerza justo antes de ser demasiada para arrojarlo al suelo.
- Por Dios, H, creí que moriría de un susto –habló, con el rostro todavía enterrado en su cuello-. Tu madre me ha llamado hoy para contarme lo que te sucedió, no quería ponerme al tanto mientras estaba en Irlanda, sabía que colapsaría de los nervios y vendría para aquí.
Los ojos de Harry se abrieron para buscar a Louis. Lo divisó todavía con la puerta abierta, inmóvil en su lugar. Estudiaba la escena con ojos entrecerrados.
- Estoy bien, Ni –tranquilizó, frotando su espalda mientras lo alejaba de él para hacerle ver a su compañía-. Él es Louis, es a quien le debes mi bienestar.
- Gracias, amigo, dime dónde vives y te haré llegar un presente.
Niall se volteó nuevamente a él y tomó su rostro, murmurando algo acerca de inspeccionar por si había un golpe que los médicos hubieran pasaron por alto.
Harry examinó sobre su hombro en un intento de centrar su enfoque en el castaño detrás de su amigo.
Louis alzó una ceja, señaló su departamento antes de retirarse en silencio y desaparecer sin permitirle despedirse.
Intentó, por todos los medios, poner atención en Niall y no en el intrigante chico cruzando el pasillo.
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Winter | Primera Parte | L.S
FanfictionCinco son los ítems que describen a Louis Tomlinson: - No cree en el amor. - Odia el positivismo. - Siente repulsión por los colores alegres. - Sólo confía en Dirt, su gato color negro. - Ama el invierno. Y probablemente es...