Luna de miel sin mi esposo

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-Señor Stryker, el señor Charles Xavier ha abandonado el hotel... después de una escandalosa escena en el lobby con su esposo, debo decir.- Comenta el recepcionista en el teléfono segundos después del incidente con la pareja de recién casados.
William sonríe satisfecho y ordena a su chofer que de la vuelta en la siguiente esquina.

El museo se siente un poco más solitario cuando Charles se pasea observando las diferentes pinturas exhibidas. Es increíble como antes soñaba con mirar aquella obra de arte tan cerca, y ahora, que la tenía ante sus ojos, solo le parecía un cuadro con pinceladas tristes.
Temía por su matrimonio, y el futuro incierto junto a Erik. Charles estaba seguro de que lo amaba, pero quizá todos habían tenido razón en que eran muy jóvenes para el matrimonio. "Todo empezó desde la boda" medita observando los fríos ojos del sujeto en la pintura. "Quizá el amor no es suficiente". Puede sentir como su visión se torna borrosa ante las próxima lagrimas.
- Es interesante, como incluso una simple pintura puede evocar los sentimientos de su autor.- La voz de William Stryker se hace presente de manera suave.
-William por favor, vete.- Charles intenta reprimir el llanto alejándose.
-Charles, no puedo dejarte así.- Insiste, y realmente luce preocupado.- Sólo acompáñame, distraerte te sentará bien. Te prometo que te llevaré con Erik en la tarde.- Sonríe despacio.
No le sorprende su amable oferta. William siempre ha sido comprensivo con él incluso cuando Charles sabía que estaba equivocado. Piensa en su extraña relación en el pasado, la misma que acababa de crear el enorme problema con Erik; sin embargo, esa misma relación, cuando pudo tener a William, no le había gustado y se encargo de aclarárselo. Él había estado de acuerdo en los términos de amistad, y Charles se lo agradeció. Quizá solo está cumpliendo esa parte del acuerdo: ser un amigo cuando más lo necesitaba.
El pequeño castaño asiente y se deja llevar hasta el lujoso auto. Pronto, William le ofrece una copa de champán al tiempo que el auto avanza por el bello paisaje de Venecia hacia lo que parece un enorme castillo.
-La compraré y la convertiré en un hotel de lujo.- Charles puede escuchar el orgullo en el tono de su voz.- Ahora mismo, vengo a hablar con Mario, un administrador del lugar, para que me ayude con la venta.-
-Es sorprendente Will.- sonríe maravillado Charles observando más de cerca el inmenso edificio cuando el chofer le abre la puerta.
-Ven, te lo presentaré.- Le ayuda a bajar del auto cuando un hombre ya en sus sesenta, se acerca entusiasta.
-William, come stai?-
-Bene, grazie! Questo é Charles.-
-Ciao Mario.- saluda Charles con la copa de champán a un lado.
-Oh, Charles, encantado. Dime, ¿qué te trae a Venecia? -
-Estoy en mi luna de miel.-
-¿Luna de miel?, pero si eres muy joven.- menciona con impresión.
-Ya me lo han dicho.- ríe Charles tomando otro trago de su copa camino al enorme sofá en aquella sala que parecía salirse de todo presupuesto.

-.-

-¿Cuál es el marcador?- pregunta Erik cuando vuelve al bar mientras pide otra cerveza.
- 3-4 en la novena - responde la morena a su lado que no ha tardado en notar a Erik, y ahora juega coqueta con su cabello.- ¿No eres de por aquí cierto?-
Erik bebe de su cerveza intentando sonar lo más indiferente posible.- No.-
-Interesante.- sonríe coqueta dejando ver un poco más de su escote.
Erik entiende las intenciones de la mujer al instante pero decide que está muy enojado como para responderle de una manera educada. Charles siempre se lo ha dicho no esta bien que dirijas tu ira a quien no te ha hecho daño. Suspira, apretando su cerveza al recordar de nuevo a Charles, a Charles y al estúpido de Stryker. Intenta despejar su mente de nuevo mirando la nueva anotación de los Brewers en el televisor.
Pasa un poco más de media hora cuando está totalmente perdido en el juego, los Dodgers están ganando y todos miran expectantes la última jugada. Erik sonríe animado ante el marcador final, los Dodgers ganan. La morena a su lado empieza a gritar saltando un poco, acercándose a Erik cada vez más.
-¡Oh dios! ¡Amo esta canción!- grita tomando la mano de Erik y llevándolo a la pista de baile.
Confuso, intenta negarse pero ya está en la pista de baile con la mujer bailando cuando se da cuenta. Suspira y sigue la corriente, de todas formas nones buen bailarín y espera que la mujer desista de él después de esto.
Pero se equivoca, ella no hace más que contonear más sus caderas.
-Oh, por cierto, soy Angel.- susurra cerca de su oreja con un tono demasiado lejos de ser inocente.
-Erik.- responde lo más amable que puede.
-Bueno Erik... cuando vamos a... tu sabes.- la morena se muerde el labio mirando fijamente su entrepierna y después a sus ojos.
Erik enarca las cejas y empieza a negar suavemente.
-Oh vamos, no me digas que todo esto no nos llevará a nada.-
Erik no entiende porque es tan difícil decirle que no. Quizá porque parece un poco loca con esa mirada lasciva y él tiene miedo que pueda ser peor decir que no.
-Ah... claro. Solo déjame ir al baño, ¿si?-
Erik escapa de inmediato y al llegar al baño, golpea el muro al mirar su único escape. Termina escabulléndose por la ventana rectangular y cayendo directo a la basura del callejón.
Camina rumbo al hotel pensando que quizá es momento de hablar con Charles, aclarar todo pero cuando llega a recepción y pregunta por su esposo lo recibe una horrible verdad; claro chantajeando al recepcionista para que le de la información.
-El señor Charles salió del hotel junto al señor Stryker.-
-¿A dónde?-
El recepcionista se niega a hablar nuevamente, a lo que Erik debe acceder darle unos diez dólares más.
-Al gran palacio del norte de Venecia. El señor Stryker lo comprará.-
-Oh por supuesto que lo hará.- masculla Erik furioso saliendo del hotel y detestando su antigua decisión de venir a hacer las pases con Charles.
Él estaba con Stryker. Su esposo estaba con un sujeto que no ha dejado de insinuársele, asquerosamente rico y por supuesto, el esposo ideal que siempre ha soñado la familia Xavier para Charles.
La rabia no lo dejaba pensar, lo estaban torturando y sin pensarlo pide nuevamente un vaso de cerveza en el mismo bar que abandonó minutos atrás.
- ¿A dónde fuiste? Tardaste mucho.-
Esa voz gritona le hace recordar porque había abandonado el bar en primer lugar, y sabe que es momento de ser sincero.
-Si, lo siento Angel pero creo que es mejor que me vaya a mi hotel.- Y es verdad, está exhausto. Toma el último trago.
-¿En qué hotel te hospedas?-
-En el Luisiana.-
-¡Que coincidencia! ¡Yo también!-
-Si...-

Just Married  ||CherikHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora