El sastre encuadernador

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Emelina condujo a Lucrecio hasta una puerta disimulada tras una cortina, en un rincón del amplio vestíbulo. Llamó suavemente con nudillos, y un vozarrón atronador gritó: "-¡Adelante!"

Entraron en lo que parecía el taller de un sastre. Un hombrecillo vestido a la usanza medieval estaba probándole un traje de pirata a un hombretón barbudo con una enorme pata de palo, tan gruesa como un tronco de árbol. Posado sobre el hombro del pirata, un vistoso loro de plumaje multicolor chilló al ver a Lucrecio: "¡Polizón a bordo! ¡Polizón a bordo!"

Un tercer individuo, caracterizado como el Sombrerero Loco de Alicia en el País de las Maravillas, estaba subido en un taburete para poder colocarle un imponente sombrero negro al hombretón.

-Te presento a John Silver (el astuto pirata de La isla del tesoro), al Sastrecillo y  al Sombrerero Doblemente Loco -le dijo Emelina a Lucrecio, que le preguntó sorprendido.

-¿Por qué Doblemente Loco?

-Porque es un loco que cree ser el Sombrerero Loco -contestó la bibliotecaria-. Los pedantes lo llaman el Sombrerero Metaloco, pero suena fatal, ¿no crees?

-¿Y por qué me has dicho que ibas a enseñarme el taller de encuadernación, si esto es una sastrería?

-Querido, las cosas no siempre son esto o lo otro: a menudo son esto y lo otro. Un encuadernador viste los libros, y el Sastrecillo Valiente encuaderna a los hombres libro, es decir, los reviste con la apariencia que corresponde a su contenido.

-¿Y por qué John Silver tiene una pata de palo tan gruesa?

-¡Para patearte mejor, polizón entrometido! -rugió el pirata, y el loro chilló: "¡Polizón entrometido! ¡Polizón entrometido!".

Lucrecio dio un paso atrás, temiendo que el corpulento hombretón fuera a cumplir su amenaza; pero el pirata soltó una estentórea carcajada y le dijo:

-Bienvenido a bordo, muchacho. Acompáñame a la bodega, tengo el gaznate seco.

-La pata de palo de John es tan gruesa porque en realidad no es cojo: dentro está su pierna de carne y hueso -le susurró Emelina a Lucrecio antes de que el pirata lo cogiera del brazo y se lo llevara, cojeando aparatosamente, hacia la escalera que llevaba al sótano.


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