La librería farmacia

143 6 0
                                        

-Silver, te tengo dicho que no avasalles a las visitas con tus modales tabernarios -dijo Emelina con tono de reproche desde lo alto de la escalera del sótano.

-Solo estoy enseñándole el plano del tesoro -replicó el pirata-. ¿Verdad, polizón?

"¡El tesoro, el tesoro!", chilló el loro agitando las alas.

-Anda, sube, querido, que aún no has visto nuestra farmacia -le dijo la bibliotecaria a Lucrecio.

-Ve, muchacho -lo animó el pirata-. La farmacia es de lo más interesante. Yo me quedo aquí abajo, poniendo un poco de orden en la bodega, que no está bien estibada. Y de paso arreglaré ese grifo que gotea...

Lucrecio subió a la planta baja, y Emelina lo condujo por un estrecho y oscuro pasillo hasta una sala llena de libros. Junto a un pequeño mostrador, una anciana estaba atendiendo a un hombre muy pálido y delgado que asentía insistentemente con la cabeza.

-¡Pero esto es una librería! -exclamó Lucrecio.

-Pues sí -admitió Emelina-, se podría decir que es una librería.

-¿No me has dicho que íbamos a la farmacia?

- Y en ella estamos, querido. Es una librería farmacia. Mira...

La anciana estaba cogiendo un libro de un estante, se lo dio al hombre pálido y le dijo: 

-Diez páginas por la mañana, otras diez a mediodía y veinte antes de dormir.

El hombre asintió con la cabeza por enésima vez y se marchó con el libro bajo el brazo.

-¿Lo ves? -le dijo Emelina a Lucrecio-. Aquí los libros se prescriben como si fueran medicamentos.

-Y de hecho lo son -intervino la anciana librera-, puesto que ayudan a sanar el espíritu.

-Pero si los locos que viven aquí se creen personajes literarios, ¿no es contraproducente animarlos a que lean? -objetó Lucrecio.

-Todo lo contrario -replicó la librera-, Los pacientes que llegan a este centro suelen tener problemas muy graves, y al identificarse con ciertos personajes literarios mejoran notablemente.

-Yo creía que se habían vuelto locos de tanto leer, como don Quijote -dijo Lucrecio.

-¿Crees realmente que don Quijote se volvió loco por culpa de los libros? -le preguntó la librera con una sonrisa-. ¿No enloquecería más bien porque no soportaba vivir en un mundo mezquino y cruel? Yo diría que, en cualquier caso, la lectura lo salvó de convertirse en un viejo amargado... ¿Quién está más loco, el que se resigna a vivir en un mundo injusto o el que lucha para cambiarlo, aunque sea embistiendo contra molinos de viento?

-Pero los libros nos alejan de la realidad -dijo Lucrecio.

-Nos ayudan a tomar distancia -precisó la librera-. Al leer todos hacemos, de alguna manera, lo mismos que nuestros pacientes: nos identificamos con algún personaje y revivimos sus aventuras. Y eso, por un rato, nos aleja de nuestra realidad cotidiana, como tú has dicho. Pero si el libro es bueno, es decir, si estimula nuestra imaginación, si nos hace pensar y plantearnos nuevas preguntas, luego volvemos a la realidad con un poco más de fuerza y un poco más de sabiduría.

-Además, nuestros pacientes, como de entrada suelen estar más lejos de la realidad que cualquier libro, incluso mientras leen se acercan al mundo real -añadió Emelina-. El tratamiento es largo, pero algunos acaban curándose del todo... como yo.

-¿Tú estabas...? -exclamó Lucrecio.

-Como un cencerro. Cuando llegué aquí estaba tan mal que tuve que empezar el tratamiento por el principio, con los cuentos infantiles; fui Caperucita Roja durante más de un año... ¿Sabes por qué los niños quieren que les cuenten siempre los mismos cientos y siempre de la misma manera?

-Pues no, nunca me lo había planteado -admitió Lucrecio-. Y es verdad: mi hija siempre me pide que le cuente el cuento de los tres cerditos, y protesta cada vez que cambio algún detalle.

-Los cuentos cuentan las cosas de una forma sencilla y ordenada, y por eso nos ayudan a recordar y ordenada, y por eso nos ayudan a recordar y a aprender, a poner orden en nuestra propia cabeza. El niño quiere oír los mismos cuentos una y otra vez para asegurarse de que su cabeza retiene y ordena los datos correctamente; además de disfrutar con la historia, le da seguridad comprobar que la recuerda y la comprende... Y a los adultos, nos pasa algo parecido: leer un buen libro, una buena historia, nos ayuda a ordenar nuestras ideas y a comprender el mundo en el que vivimos...

CalvinaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora