Testimonio de mi suicidio

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 Las balas ya queman mis labios, el silencio de un segundo me juzga desde la boquilla de una pistola, abiertos pétalos rojos sangran sin remordimiento desde la sien. Mis ojos pelean por la última mirada, lágrimas sin sentimientos pues ya no quedan en mi persona recorren el rostro congelándose para perdurar. Se escucha el latido quebrado en un corazón ahora inquieto, frío dolor intenso de un suspiro que se hace eternidad. Lloran las mariposas blancas, lloran las Vírgenes del cielo, llora mi fe ahogada. Unos dedos que se quedan sin aliento en un esfuerzo por estirarse y poder así recibir en paz con lazo fuerte a la que hoy conocí mi amiga, la muerte.




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