❝Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo❞.
—Jorge Luis Borges.
✧↠ ☯ ↞✧
No sé qué hora era exactamente, pero cuando abrí los ojos vi la habitación inundada por el color anaranjado a través de la puerta del armario. Me puse de pie como pude, con el cuerpo adolorido por todas esas horas metida dentro en una posición poco favorable.
Sentía la cara hinchada por el llanto y aún habían rastros secos de esas lágrimas sobre la piel.
Encendí la llave del agua y me senté sobre el filo de la bañera mientras observaba cómo se llenaba muy lentamente, sin ningún ánimo para hacer otro tipo de cosas.
Fue un lento baño, o por lo menos hasta que el agua se enfrió por completo.
Regresé a la cama pero en cuanto la vi algo me causó repugnancia. No quería dormir allí, así que arrastre una almohada y la manta al sofá de la sala, no me importaba demasiado dormir allí ya que de todas formas el recorrido de Adrien solía ser habitación, cocina y salida.
Él siempre iba y venía con total libertad mientras que yo permanecía atada a la casa como un perro viejo. Encendí el estéreo y me recosté entre los cojines, aferrandome a la almohada.
Me di la vuelta, incómoda en esa pequeña longitud y observé la ventana que tenía delante, la luz de la ciudad estaba casi oculta por la niebla... De pronto un dolor me golpeó el pecho. Un dolor fuerte, muy fuerte. Intenté soportarlo pero las lágrimas me ganaron.
Extrañaba la ciudad y, prácticamente, mi vida... La que ya no volvería a recuperar. Hacía ya buen rato que no me detenía a pensar en eso, estaba muy ocupada haciéndome ilusiones con aquel hombre que resultó ser un desconocido.
Me quería ir. No, me tenía que ir. ¿Donde? Quien sabe, mientras fuera lejos de este lugar y lejos de él no me importaba.
Alejé la manta y me enderece, una rápida mirada por la ventana hacia la ciudad me hizo calcular cuánto me llevaría llegar hasta allí. Tal vez en la mañana llegase.
Subí a mi habitación y me cambié el remeron y el short por unos jeans negros, una polera gruesa de color rosado que se encontraba tan nueva como el tapado color beige que me llegaba hasta los muslos. Tomé el calzado más cómodo que encontré y un gorro de lana que aún conservaba la etiqueta.
«Una muñeca... » Pensé mientras veía la tonelada de ropa sin usar que me había comprado en un inicio «Solo era una muñeca para él » Cerré dando un portazo aquel armario y salí cerrando la puerta con llave.
Tomé una botella de agua de la cocina y una manzana antes dirigirme hacia la puerta sin pánico alguno. Una vez Adrien había dicho que si quería irme las puertas estaban abiertas, y eso es lo que estaba haciendo.
Cerré con cuidado la puerta principal y me encaminé hacia los portones de la recidencia, ya se encontraban abiertos gracias al rubio.
El frío que hacía afuera era tal que hasta con todas esas capas de ropa aún temblaba debajo como una gelatina.
Con las manos hundidas en los bolsillos al igual que mi rostro tan cubierto como pudiera del clima helado, caminé a un lado de la carretera. Cada tanto pasaba un coche en dirección opuesta a la ciudad pero no me molestaba en ocultarme ya que la niebla no me hacia muy visible y, ademas, si él era como realmente me lo demostró este día entonces no tenía de que preocuparme, no le interesaría.
A pesar de todo las dudas seguían en mi cabeza. No entendía por qué me mantuvo tanto tiempo con él si no buscaba nada de mi, o por qué se esmeró tanto en encontrar a mis padres.
Al cabo de lo que para mí fue una hora de caminata, parecía no estar ni cerca de la ciudad pero tampoco de la casa. Los pies comenzaban a dolerme al igual que los muslos debido a la falta de ejercicio... Estar confinada en ese lugar me estaba atrofiando más cosas además de mi salud mental.
Solo me apegaba a caminar al lado lado del asfalto para no perderme, una vez que llegase a la ciudad averiguaría cómo encontrar a Alya. Tal vez su familia seguía viviendo en el mismo sitio.
ESTÁS LEYENDO
El Despertar - Adrinette
Fiksi PenggemarEsa tibia y agradable noche que mostraba al fin el inicio de la primavera, se volvió la mas negra para París ya que esa misma noche su heroína, Ladybug, había perecido debajo de los pesados escombros. Solo quedó un pobre e infeliz gato negro arrodi...
