Capítulo 14

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Avisen si ahora se ve.

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Ofrecer amistad al que pide amor es como dar pan al que muere de sed.❞.

—Gabriel García Márquez.

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Me escabullí dentro de un baño, abrí la llave del agua y me recosté contra la puerta. El punzante dolor de cabeza no tardó casi nada en llegar junto con las lágrimas, eran una mezcla de varias emociones entre ellas la humillación, el coraje y, la vieja conocida, la tristeza.

Por fin sentía que aquel nudo en mi pecho se soltaba y con cada pensamiento, situación y escenario que recordaba el llanto crecía y crecía cada instante mas. Ya no se trataba solo de Adrien y Alya, esto era mas profundo... Se trataba de mi vida entera yéndose al retrete, mis padres lejos, mis amistades perdidas, todas las oportunidades que jamás tendré, mi vida como Ladybug terminada para siempre... Me deje caer en el piso del baño con la cara oculta entre mis rodillas y deje salir todo durante un buen rato hasta que solo quedaron algunos espasmos de sollozos en mi ser.

Un suave golpe en la puerta me hizo volver un poco en mi, me sentía agotada y alejada de la realidad como si todo el llanto me tuviera en una burbuja de paz pero aun así no quería tener que verle la cara a Adrien por un buen rato y mucho menos quería hablar de lo sucedido en la habitación, con un poco de suerte si no respondía por un rato él me ignoraría como hace a menudo cuando algo le incomoda.

No sé cuánto tiempo me quede dentro de ese baño, pero por la ventana pude ver que el sol ya comenzaba a ocultarse y con tanto tiempo que llevaba dentro de esa nube de vapor había sudado hasta el punto en que el cabello se me pegaba a la frente y al cuello, y la camiseta se me adhería a la espalda.
Si me duchaba podría perder unos cuantos minutos antes de salir y mientras más me tardase mejor ya que Adrien tendría que irse durante la noche.
Deje la ropa en el piso y me metí debajo del chorro caliente del agua, el cual de algún modo me relajo y la jaqueca se dispersó, siendo remplazada con la pesadez y somnolencia.

Cuando salí de la ducha y toque mi ropa para vestirme nuevamente note que estaban húmedas, así que simplemente me enrolle una toalla y asome la cabeza para comprobar que Adrien no estaba allí.

Me moví tan rápido como pude hasta mi habitación donde cerré la puerta sin hacer ningún ruido. Encendí la luz y me di la vuelta para poder escoger algo de ropa limpia y dejar la sucia dentro de la canasta, no veía la hora de dejarme caer en la mullida cama y olvidar los contratiempos que llegaron con esa estúpida llamada.
El problema fue cuando estaba por dar el primer paso en dirección del armario, noté al rubio recostado en el pequeño sillón, balanceando con aburrimiento su pierna desde el costado de éste, mientras que leía un libro.

—¿Terminaste con tu crisis emocional? —Pregunto como si nada, tomándome por sorpresa —Por un momento creí que dejarías sin agua al pobre planeta.

—¿Podrías marcharte? —Bajo el libro y lo único que pude hacer fue apretar más la toalla a mi cuerpo, intentando cubrirme —¡¿Qué se supone que haces aquí?!

—Es mi casa —Respondió con obviedad —Además, tenemos que hablar —Se sentó bien en el sillón y junto sus manos —Lo primero, llama a Alya y discúlpate... —Lo interrumpí con incredulidad.

—¡¿Qué demonios te pasa?! —Exclame riendo sin humor alguno —¡Ella es la que debería disculparse!

—Marinette, eres tú la que presiona y presiona —Se puso de pie con una calma sorprendente —Se de primera mano lo intensa que puedes ser —No sabía si sentirme ofendida o alagada —Pero no todos lo toleran, menos ella.

El Despertar - AdrinetteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora