Parte 6

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-Julian.

-Dime.- dijo girándose hacia ella.

-¿Me la enseñas?

-¿Que?

-Tu pene.

-¡Estas loca! Me voy a la cama.

-Solo quiero saber si se parece a la de mi papa.

-¡Vete al carajo!, Lena. Me voy. -Dijo echando a andar visiblemente molesto.

-Tú me has visto los senos. ¿No puedo ver tu miembro? Somos… hermanos… no ?

-No!!. Y yo no te he pedido que me las enseñaras. Eres tú que siempre andas medio desnuda por la casa. Como ahora, que vas enseñando todo.

-Pero te gusta vérmelas ¿no?

-Me voy. Hasta mañana.

-Se que te gusta. Se que te gusta mirármelas. ¿Las quieres ver ahora?

-Ya te las veo a través de tu camisón. Y se te ve algo más.

-Enséñame tu pene y yo te enseño mi...-. Dijo Lena dirigiendo su mirada a su entrepierna.

-Estas mal de la cabeza, Lena.

-Si. Gracias a mi papá.

-Hasta mañana.

-Adiós cariño.

Ella se quedó mirando la tele sin ver que imágenes ponían en el canal.
Julian subió a su habitación malhumorado. Se tumbó en la cama boca arriba y dejó la luz encendida. Cerró los ojos y trató de imaginarse a sus padrinos haciendo el amor. No lo conseguía. Era algo que no podía imaginar, aunque daba por sentado que ellos dos aún lo hacían.
Pero eran viejos. Tenían 44 y 46 años respectivamente. La madre era más joven que el padre. Pero eran mayores.
Sabía que otras parejas lo hacían, pero no conseguía imaginarse a sus padrinos.

Decidió pensar en Lena. A ella si se la podía imaginar follando con el lechero y con el primo de Nastya.
Lena estaba buena. Tenía buen tipo y era muy guapa. No había duda. Se quedaba con la imagen de su casi hermana en aquel coche follando con el lechero.
Notó como se erectaba. Se incorporó de la cama y apagó la luz. Encendió la de la mesilla y se tumbó de nuevo. Cerró los ojos otra vez y retomó las imágenes de Lena y el lechero. Según lo que ella imaginaba que podría haber ocurrido dentro de aquél coche. El botón de su pantalón no fue obstáculo. El ruido que emitió la cremallera al tirar de cursor, le violentó y le excitó más aún. No tardó en tener entre su mano aquel miembro duro.

Lena se había quedado en el sillón, con una pierna cruzada sobre la otra. Se había resignado a estar sóla.
Se fumó un cigarro. No había problemas, sus padres no lo iban a notar. Ellos sabían que ella fumaba, pero aún no lo hacia abiertamente en casa.

Terminó el cigarro. Apagó la tele y se encaminó escaleras arriba hacia su habitación.

Pensaba que Julian no le había aportado nada en su actual estado de ánimo. Sólo se habían hecho unas confesiones que creía importantes. Julian era virgen.

Ascendía lentamente los peldaños de la escalera. Lena iba descalza. Al llegar al rellano giró por el pasillo, pero se detuvo al ver la luz que emergía de la habitación de Julian. Se acercó. Y volvió a mirar como doce años antes lo había hecho en la habitación de sus padres.
Pero ahora ella comprendía. No era una niña que fingía dolor de estómago para no dormir la siesta.
No se sorprendió en exceso al ver a Julian desnudo en la cama con los ojos cerrados.
Tal vez lo esperaba.
Abrazaba con su mano derecha su pene y subía y bajaba su prepucio lentamente a la vez que componía un gesto de dolor en su rostro.

Se quedó inmóvil. Observó a Julian con complicidad. Su casi hermano se tocaba los pezones a la vez que manipulaba su sexo.
De vez en cuando acariciaba sus testículos y se enredaba en sus vellos. No alcanzaba a ver el tamaño de su pene, pero lo suponía grande. Tal vez como el de su padre.
Instintivamente bajó su mano y la introdujo dentro de su camisón y ella también se tocó su sexo.
Sentir su mano ascender por sus muslos hasta dar con su sexo la hizo suspirar. Comenzó a acariciar su clítoris y notó la humedad del deseo de inmediato. La hubiera gustado acariciar sus pezones, pero la prenda que llevaba encima era demasiado larga para tal cosa. Turbada por lo que estaba viendo, perdió los nervios y se dejó llevar por el impulso de la codicia.

Empujo la puerta de la habitación de Julian y penetró en ella. Julian abrió los ojos. Sobresaltado.

-¿Qué…que…que haces aquí?- Dijo tratando de cubrirse sus partes con el edredón.

-Sigue, sigue, no te cortes.

-¿Qué haces en mi habitación, Lena? ¡Es mi habitación!

-Tranquilo. No pasa nada. -Dijo sentándose en un borde de la cama.

-¡Sal de aquí de inmediato!- Dijo él muy violento aún.

-¿Te estabas masturbando, eh?

-¡Sal de aquí Lena, por favor!

-No me importa lo que estas haciendo. Me subía a mi habitación y he visto luz en la tuya.

-Eso no significa que tengas que entrar sin llamar. ¡Joder qué manías tienes!

-Tienes razón. Pero lo que he visto me ha dejado, como diría, alucinada. Por eso he entrado.

-Tengo derecho a mi privacidad. En mi habitación. -Dijo tratando de taparse, cosa que consiguió al fin.

-Discúlpame, Julian. No quería asustarte.- Dijo subiéndose el camisón hasta la mitad de los muslos y cruzando una pierna por detrás de la otra hasta que sus pantorrillas se fundieron en una sola.

-No debes entrar en mi habitación. Yo no voy a la tuya. Y si entro, llamo antes, y cuando me das permiso, paso.

-Estas excitado, no es eso.- Dijo Lena, No era una pregunta, era una afirmación.

-¡Déjame en paz, Lena!

-Por eso. Te ha excitado lo que hemos hablado verdad.

-¡Que me dejes en paz!

-Comprendo.- Dijo ella bajando la vista-. Eres virgen aún. Ese es el problema.

-¡Eso no tiene nada que ver!

-Imagino que no. E imagino que ...

-Tú no eres virgen y también lo haces.- Se defendio Julian.

-Es verdad. Pero deberías haber cerrado la puerta si no querías que te sorprendiera alguien.

-¡Creí haberlo echo!

-Pues no lo hiciste… hermanito... Y te he visto.

-Muy bien. Ya sabes lo que estaba haciendo. Ahora te rogaría que te fueras y me dejaras en paz.

-¿Quieres que te ayude con eso?

....

Yael Volk KatinDonde viven las historias. Descúbrelo ahora