Ódiame
De día, de noche. Dormida o despierta. Tomando una ducha, al borde de la cama, revoloteando las cobijas o desayunando en la mañana.
En las mañanas frías, en la lluvia o en el sol ardiente. Tomando café o dibujando en el aire con tus manos.
Ódiame, pero ódiame bien. No quiero a medias un sentimiento tan intenso. Ódiame de madrugada y cuando extrañes mis besos. Lo sé, soy tan vanal.
Ódiame porque en tu cabeza existo. Incluso al caminar por el parque, mi amor, seguro me recuerdas. Incluso, cuando alguien más te besa.
Ódiame.
Con todo verso y prosa. Mirando la luna. O siendo abrazada por aquel que no te deja en paz. Leyendo tu libro favorito o mirando esa película que te hace llorar.
Ódiame ahí, en medio de tus pensamientos a mitad del día.
Sabes que no me puedes alejar.
Ódiame.
En tus noches de insomnio y en los sueños húmedos. En tus horas extras de trabajo y cuando rías antes de llorar. En la piel de quién te acaricia. En las curvas de tu cuerpo. Hasta el último aliento...
Ódiame.
Pero por favor, no me olvides.
