— ¿Eran suaves? Lo parecían -Preguntó Ágata
Íbamos juntos camino a clase. Ella no hacía más que hacerme preguntas sobre los atributos de Rebecca, pero yo me negaba a contestar. Estaba demasiado centrado en llevar la carpeta con las ilustraciones para el trabajo sin que se arrugasen que no podía ni molestarme.
Al final, llegamos al instituto, con varios minutos de sobra, como siempre.
Me senté en la escalera de acceso al edificio guardando celosamente la carpeta entre mis brazos.
Estaba absorto en mis pensamientos, tanto, que no me enteré cuando Ágata se sentó en mi regazo, clavando su mirada de ojos verdes en mi.
— Bésame -Dijo sin más
— ¡¿Q-que?! -Me sonrojé de golpe- ¡N-no voy a hacer eso!
— Ya lo se, era solo para hacerte reaccionar... -Movió un poco las caderas- Aunque sigo sin poder despertar al bello durmiente
— D-deja de intentarlo...
— ¿A caso tendré que hacer como Rebecca y aplastar contra ti mis te...?-Fue interrumpida por el timbre que marcaba la entrada a clase
Ambos, fuimos a dejar la mochila con el resto de la clase para luego bajar al gimnasio. Lunes, educación física a primera hora, mi poco gusto por el ejercicio y estar aún medio dormido. Se ve que el profesor, Javier, quería matarme, borrarme de la existencia universal... O solo tuve la mala suerte de que me tocase un mal horario, también puede ser.
En los vestuarios me sentía intimidado. Todos eran más altos que yo, todos estaban en buena forma física y todos hablaban del partido de fútbol de anoche. A mí ni me iba ni me venía, estaba tratando de dibujar a Rebecca. Por alguna razón, no lograba sacarla de mi cabeza, estaba presente en todos mis pensamientos, y lo peor era que, de solo pensar en ella, esa sensación extraña de calor venía a mi.
Me puse el chándal y me lavé la cara con agua helada para despejarme.
Salí al gimnasio, donde Rebecca y Ágata se acercaron a mi
— Good morning! -Me sonrió radiantemente Rebecca
— B-buenos días... -Dije mintras saludaba tímido con la mano
— ¿Listo para entregar el trabajo? No olvidaste los dibujos, ¿Cierto?
— N-no, los tengo guardados en clase
— Parece que solo te interesen sus dibujos... -Susurró Agata- ¿Segura de que no prefieres darle una buena lamida a su...? -Le tapé la boca
— No, solo se lo recordaba -Dijo Rebecca- Realmente ya te considero un amigo
No pude evitar sonrojarme un poco. Yo amigo de Rebecca... Es decir, un don nadie siendo amigo de la personificación de la perfección
— T-tambien te considero una amiga -Le sonreí
Javier tocó el silbato, indicando que la tortura iba a comenzar. Comenzamos con un despiadado calentamiento con el que ya me quedé sin aliento, y sin dar tiempo a descansar, nos tuvo dando vueltas corriendo por el gimnasio durante cinco minutos.
Una vez acabamos ese doloroso calentamiento, nos separó en equipos para jugar al balón prisionero.
Ni Ágata ni Rebecca estaban en mi equipo, por lo que comencé a sentirme bastante inseguro.
Un par de compañeros me dieron una palmada en la espalda deseándome suerte, y tras el pitido inicial, los balones comenzaron a volar de un campo a otro. Yo huía como una condenada rata. Gracias a mi estatura podía esquivar los balones sin mucha dificultad, y así seguir, hasta ser el último en el campo.
Mis compañeros me animaban, lo que me hacía sentir más nervioso.
Me lanzaron tres balones. Pude atrapar uno milagrosamente y frenar los otros dos con el mismo, teniendo todos a mi alcance. Los lancé a mis compañeros caídos. Tres balones, tres rivales sonido de tres colisiones y quejidos. Ganamos... Pero a mí me costaba mantenerme en pie. Por fortuna, la clase había terminado.
Fuimos todos a los vestuarios a cambiarnos de ropa, y una vez listos, subimos a clase para dar comienzo a las matemáticas, seguidas de biología, química, inglés y... Arte.
Ah, dios... La clase de arte con la profesora Marieli... ¿Había algo mejor en el mundo? Ya fuese dibujando lo que nos mandaba ella o en dibujo libre, sus clases eran de lo más relajado, eran mi paraíso.
Hoy estábamos terminando nuestro último trabajo; Una pintura de un monumento o edificio famoso.
Yo había terminado la pasada clase, mi cuadro del Golden Gate, el puente de San Francisco.
Estaba sentado en mi sitio, dibujando con tinta.
Marieli me había dejado probarla, e incluso se había ofrecido a prestarmelas hasta el último día de clase.
No era una sensación como la del lápiz, pero sí que era relajante. La tinta se deslizaba fresca y con suavidad sobre el papel, y tenía un olor único.
Antes de que me diese cuenta, la clase acabó. Recogí mis cosas y guardé también las tintas en mi mochila. Agradeci a Marieli y me fui a casa con Ágata. Le conté que pasaría el día dibujando criaturas en tinta, por lo que, pidió venir.
Cuando llegamos a mi casa, fuimos a mi habitación y comencé a dibujar lo que ella me pedía en papeles sueltos; Arañas, murciélagos, brujas, esqueletos, demonios.
Incluso estuvimos hablando de una de sus pesadillas y dibujé al monstruo de esta. Un ser negro, esbelto y de brazos y piernas largos y esqueléticos, con una máscara blanca sobre su gigantesca boca.
Cuando anocheció, ella se fue, y debido al calor, yo me fui a dibujar en el cuaderno mágico sobre la cama con la ventana abierta. El aire era agradable, pero fuerte. Cuando me dio sueño, deje el cuaderno sobre la mesa.
De lo que no me di cuenta, fue de que, por cortesía del aire, las hojas llenas de tinta volaron dejando caer gotas de la que aún estaba fresca sobre las hojas del cuaderno mágico. Gota a gota, se formó un charco, charco que se extendió hasta formar una silueta que posteriormente cobró vida y salió del cuaderno, para después salir por la ventana y alejarse en el silencio de la noche.
A la mañana siguiente, me desperté y como todas las mañanas, salí con Ágata rumbo a clase. Ajeno al peligro que acababa de desatar sobre la ciudad.
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Garabatos
FantasyTODOS LOS DIBUJOS DE LA PORTADA ESTAN HECHOS POR MI SENPAI @KingAsmodeo -¿Tan fácil como eso? -Si, lo dibujas y se hace real. ¿Lo quieres o no? -Me lo llevo Y así comienza la loca aventura de Jairo con este cuaderno mágico. Un gran poder al alcance...
