CAPITULO 13 LA VERDAD REVELADA

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Naoto se despertó con el sonido estridente del despertador, pero esta vez no lo apagó de inmediato. Se quedó unos segundos en la cama, repasando en su mente los acontecimientos del día anterior: su ruptura con Sakura, su conexión con Maya, la revelación sobre su madre... Era demasiado para asimilar. Finalmente, se levantó y bajó a la sala, donde su padre lo esperaba con una expresión seria.

—Buenos días, papá —saludó Naoto, con un nudo en el estómago.

—Buenos días, hijo. Necesito contarte algo importante, algo que cambiará tu vida para siempre. Pero necesito que seas fuerte —dijo su padre, con una voz cargada de solemnidad.

Naoto sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Qué pasa, papá? Me estás asustando —preguntó Naoto, con la voz temblorosa.

Su padre respiró hondo y soltó la bomba:

—Tu madre no falleció, Naoto. Nos abandonó. Pero ahora... ahora va a volver con nosotros.

Naoto se quedó sin aliento, como si le hubieran quitado el aire de los pulmones.

—¿Qué...? ¿Cómo es posible? ¿Por qué me dices esto ahora? —preguntó Naoto, con la voz apenas audible.

Su padre bajó la mirada, con culpa.

—Hay más, hijo. Tienes una hermana gemela llamada Nakamoto. Ella se fue con tu madre cuando nos abandonó —reveló su padre, con un tono de pesar.

Naoto sintió que el mundo daba vueltas a su alrededor. Tenía una hermana gemela... Su madre estaba viva... Era demasiado para procesar.

—¿Por qué no me dijiste nada antes? ¿Por qué me ocultaste esta verdad durante tantos años? —preguntó Naoto, con la voz cargada de dolor y resentimiento.

Su padre se acercó a él, con los ojos llenos de lágrimas.

—Lo siento, hijo. Lo siento mucho. No quería lastimarte. Pensé que sería mejor que crecieras sin saber la verdad, que tuvieras una vida normal... Pero me equivoqué. Sé que mereces saberlo todo —dijo su padre, con la voz quebrada.

Naoto salió de la casa, sintiendo que necesitaba aire fresco para aclarar sus pensamientos. Se dirigió a la parada del autobús, donde se encontró con Kenta.

—¡Hola, amigo! ¿Qué pasa? Te veo raro —preguntó Kenta, notando la expresión sombría de Naoto.

Naoto suspiró y le contó la increíble historia que acababa de escuchar de su padre.

—Mi padre me contó que mi madre no falleció. Nos abandonó cuando éramos pequeños. Y tengo una hermana gemela que se fue con ella —reveló Naoto, con la voz cargada de incredulidad.

Kenta se quedó boquiabierto, sin poder creer lo que oía.

—¿En serio? ¡Eso es... increíble! ¡Es como una película! —exclamó Kenta, con los ojos muy abiertos.

Naoto sacudió la cabeza, sintiéndose abrumado.

—No sé qué pensar, Kenta. Estoy confundido, enojado, triste... Es demasiado para asimilar —dijo Naoto, con la voz temblorosa.

Naoto sintió la necesidad de compartir la noticia con Maya, la persona que se había convertido en su apoyo en esos momentos difíciles. La llamó por teléfono y le contó todo lo que había sucedido.

—Hola, mi amor. Necesito contarte algo importante —dijo Naoto, con la voz cargada de emoción.

—¿Qué pasa, Naoto? ¿Estás bien? —preguntó Maya, con preocupación.

Naoto le contó la historia de su madre y su hermana gemela.

—Mi padre me contó que mi madre no falleció. Nos abandonó cuando éramos pequeños. Y tengo una hermana gemela que no conocía —dijo Naoto, con la voz temblorosa.

Maya se quedó en silencio por un momento, procesando la información.

—¿En serio? ¡Naoto, eso es... increíble! ¡Es una locura! —exclamó Maya, con incredulidad.

Naoto sintió alivio al escuchar la reacción de Maya. Su apoyo era fundamental para él.

—Lo sé, es una locura. No sé qué hacer —dijo Naoto, con la voz cargada de incertidumbre.

—Tranquilo, mi amor. Estoy aquí para ti. Vamos a superar esto juntos —dijo Maya, con una voz suave y reconfortante.

Naoto llegó a casa, sintiéndose nervioso por lo que iba a suceder. Al entrar, vio a una chica desconocida sentada en el sofá. Era su hermana gemela, Nakamoto.

—Hola, hermano —dijo Nakamoto, con una sonrisa tímida.

Naoto se quedó sin palabras, observando a la chica que era su reflejo.

—Hola... Me llamo Naoto —dijo Naoto, con la voz temblorosa.

Nakamoto sonrió, acercándose a él.

—Me alegra mucho conocerte, Naoto. Yo soy Nakamoto —dijo Nakamoto, con una voz dulce.

Naoto se dirigió a la cocina, donde se encontró con una mujer que no veía desde hacía muchos años: su madre.

—Hola... mamá —

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