Naoto se despertó con el sonido suave del despertador. Se levantó y se preparó para ir a desayunar. Al bajar las escaleras, encontró a sus padres en la cocina.
—Buenos días, papá. Buenos días, mamá —saludó Naoto, con una sonrisa.
—Buenos días, hijo —respondió su padre, absorto en la lectura del periódico.
—Buenos días, hijo —dijo su madre—. Espera un momento, Naoto. Antes de sentarte, ¿podrías ir a ver a tu hermana? No se levanta y el desayuno se va a enfriar.
—Sí, mamá. Ahora voy —dijo Naoto, con un tono de preocupación.
Subió las escaleras y se dirigió a la habitación de su hermana. Al llegar frente a la puerta, golpeó suavemente.
—Toc, toc, toc.
—¿Quién es? Váyanse. No quiero ver a nadie —respondió Nakamoto, con una voz apagada y triste.
Naoto se preocupó y entró a la habitación sin dudarlo. Encontró a su hermana recostada en la cama, completamente cubierta con la frazada. Se acercó y se sentó en el borde de la cama, tratando de llamar su atención.
—Nakamoto, ¿qué pasa? Cuéntame. Yo te escucharé —dijo Naoto, con un tono suave y comprensivo.
Nakamoto se encogió de hombros, sin descubrirse.
—No es nada, hermano. Estoy bien —mintió Nakamoto, con la voz temblorosa.
Naoto sonrió, con ternura.
—Sabes, Nakamoto, cuando tuve mi primer amor, me sentía muy nervioso y no sabía qué hacer. Pero luego me di cuenta de que no tenía que sentirme mal por alguien, que antes de empezar a amar a alguien más, primero tenía que quererme a mí mismo. Desde que empecé a aceptarme tal como soy, las cosas simplemente fluyeron. Pude superar mi timidez y conocí a una chica grandiosa que me hizo ver que, mientras seas tú mismo, sin fingir algo que no eres, todo saldrá bien. Mírame ahora, estoy saliendo con Maya. Lo que trato de decir es que, si tú no te quieres a ti misma, ¿quién lo hará? —dijo Naoto, compartiendo su experiencia con sinceridad.
Nakamoto se descubrió un poco, dejando ver sus ojos llenos de lágrimas.
—En serio, hermano... Muchas gracias. Me levantaste el ánimo —dijo Nakamoto, con una sonrisa tímida.
Naoto sonrió, aliviado.
—No hay de qué, hermana. Somos familia. Siempre estaré aquí para ti —dijo Naoto, con cariño.
Nakamoto se sentó en la cama, mirándolo con curiosidad.
—Hermano, ¿te puedo preguntar algo? —dijo Nakamoto, con un tono de timidez.
—Sí, dime lo que quieras —respondió Naoto, con amabilidad.
Nakamoto se sonrojó ligeramente.
—¿Algún día podré conocer a tu novia, Maya? —preguntó Nakamoto, con un brillo en los ojos.
Naoto se echó a reír, divertido.
—Claro que sí, hermana. Pero, ¿por qué quieres conocerla? —preguntó Naoto, con curiosidad.
Nakamoto se encogió de hombros, intentando disimular su interés.
—Porque... me gustaría saber más de ella. Después de todo, es mi cuñada —dijo Nakamoto, con una sonrisa traviesa.
Naoto se rió, enternecido por la actitud de su hermana.
—Bueno, hermana, creo que es hora de que bajemos a desayunar. Mamá se va a preguntar dónde estamos —dijo Naoto, poniéndose de pie.
Nakamoto se levantó de la cama, con una nueva energía.
—Está bien, hermano. Dile que me cambio y bajo enseguida —dijo Nakamoto, con una sonrisa.
Naoto asintió.
—Dale, te espero abajo. Así vamos juntos a la prepa y puedes conocer a Maya —dijo Naoto, con entusiasmo.
Después de que Nakamoto se cambiara, bajó las escaleras y se dirigió a la cocina.
—Buenos días, mamá —saludó Nakamoto, con una sonrisa radiante.
—Buenos días, hija —respondió su madre, con una mirada cálida—. Bueno, váyanse ya. No olviden sus almuerzos.
Nakamoto sonrió.
—Sí, mamá —dijo Nakamoto, tomando su almuerzo.
Naoto y Nakamoto se dirigieron a la parada del autobús. Allí se encontraron con sus amigos Sakura, Saya, Kenta y Maya.
—Buenos días, chicos —saludó Naoto, con una sonrisa. —¿Cómo están?
Saya sonrió, saludándolos con entusiasmo.
—Hola, Naoto. Hola, Nakamoto. Nosotros estamos bien —dijo Saya, con amabilidad.
Maya se acercó a Naoto y lo besó suavemente en los labios.
—Hola, mi amor. ¿Cómo estás? —preguntó Maya, con una sonrisa dulce.
Naoto se sonrojó ligeramente, sintiéndose feliz.
—Bien, amor. Estoy bien —respondió Naoto, con una mirada tierna.
Nakamoto sonrió, observando la escena con curiosidad.
—Tú debes ser la novia de mi hermano, ¿no? —preguntó Nakamoto, acercándose a Maya.
Maya sonrió, extendiéndole la mano.
—Sí, soy su novia. Me llamo Maya Miyashiro. Es un placer conocerte, Nakamoto —dijo Maya, con amabilidad.
YOU ARE READING
A Love Story
Romance"En un mundo donde el amor florece en cada esquina, pero la timidez construye muros invisibles, surge una historia que tocará tu corazón y te hará reflexionar sobre las oportunidades perdidas. Conoce a [Nombre del protagonista], un joven profundamen...
