CAPITULO 22 EL secreto revelado

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Naoto caminaba solo por las calles, con el corazón apesadumbrado por la despedida de Sakura. Sabía que su destino era estar separados, pero no podía evitar sentir una profunda tristeza.

De repente, sintió que alguien lo seguía. Se giró y vio a Kenta y a Saya corriendo hacia él.

—¡Naoto! ¡Espera! —gritó Kenta, con la voz entrecortada.

Naoto se detuvo y esperó a que sus amigos lo alcanzaran.

—¿Qué pasa, chicos? —preguntó Naoto, con la voz apagada.

Kenta y Saya lo miraron con preocupación.

—¿Estás bien, Naoto? —preguntó Saya, con la voz suave—. Te vimos salir del parque con Sakura y Maya, y parecías muy triste.

Naoto suspiró y se encogió de hombros.

—No es nada, chicos —dijo Naoto, con la voz temblorosa—. Solo que... Sakura se va a Inglaterra.

Kenta y Saya se quedaron sin palabras, sorprendidos por la noticia.

—¿Qué...? ¿Cómo es posible? —balbuceó Kenta, sintiendo que el mundo daba vueltas a su alrededor.

Naoto asintió, confirmando sus sospechas.

—Es cierto, chicos —dijo Naoto, con la voz llena de tristeza—. Su familia es de la realeza inglesa, y tiene que regresar para cumplir con su deber.

Kenta y Saya lo miraron con compasión. Sabían lo mucho que Naoto amaba a Sakura, y no podían imaginar el dolor que debía estar sintiendo.

—Lo sentimos mucho, Naoto —dijo Saya, con la voz suave—. Sabemos lo mucho que la querías.

Naoto sonrió con tristeza y se encogió de hombros.

—No pasa nada, chicos —dijo Naoto, con la voz temblorosa—. Era inevitable. Nuestro destino era estar separados.

Kenta y Saya se miraron entre sí, sintiendo la necesidad de animar a su amigo.

—Escucha, Naoto —dijo Kenta, con la voz llena de entusiasmo—. ¿Por qué no vamos a dar una vuelta y nos olvidamos de todo esto? Podemos ir al cine, a jugar videojuegos, o lo que quieras.

Naoto sonrió y asintió. Sabía que sus amigos solo querían ayudarlo, y agradecía su apoyo.

—Está bien, chicos —dijo Naoto, con la voz suave—. Vamos a hacer algo divertido.

Se dirigieron al centro de la ciudad y pasaron la tarde divirtiéndose juntos. Fueron al cine, jugaron videojuegos y comieron helado. Por un momento, Naoto logró olvidar su tristeza y disfrutar de la compañía de sus amigos.

Pero mientras caminaban por la calle, Naoto vio a Akira parado en la esquina, mirándolos con una sonrisa enigmática.

Naoto sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sabía que Akira no era de fiar, y temía lo que pudiera estar tramando.

—¿Qué pasa, Naoto? —preguntó Kenta, notando la expresión de preocupación en su rostro.

Naoto señaló a Akira con la mirada.

—Es él —dijo Naoto, con la voz temblorosa—. Está ahí.

Kenta y Saya miraron a Akira y sintieron la misma inquietud que Naoto. Sabían que algo malo estaba a punto de suceder.

Akira se acercó a ellos con una sonrisa maliciosa.

—Hola, Naoto —dijo Akira, con la voz llena de sarcasmo—. ¿Qué haces por aquí? ¿Acaso estás celebrando la partida de tu amada Sakura?

Naoto apretó los puños, sintiendo la ira hervir en su interior.

—¿Qué quieres, Akira? —preguntó Naoto, con la voz amenazante.

Akira se encogió de hombros y sonrió aún más.

—Solo quería felicitarte, Naoto —dijo Akira, con la voz llena de malicia—. Has perdido a la chica que amabas, y ahora estás solo y desamparado.

Naoto se abalanzó sobre Akira, dispuesto a golpearlo. Pero Kenta y Saya lo detuvieron.

—¡Naoto, no lo hagas! —gritó Kenta, con la voz llena de preocupación—. No vale la pena.

Naoto respiró hondo y se calmó. Sabía que Kenta tenía razón. No debía rebajarse al nivel de Akira.

—Déjalo, Naoto —dijo Saya, con la voz suave—. No le des el gusto de verte enojado.

Naoto asintió y se apartó de Akira.

—No te tengo miedo, Akira —dijo Naoto, con la voz llena de determinación—. Sé que estás tramando algo, pero no voy a permitir que te salgas con la tuya.

Akira se rió a carcajadas.

—¿En serio, Naoto? —dijo Akira, con la voz llena de burla—. ¿Y qué vas a hacer al respecto? ¿Acaso vas a detenerme?

Naoto lo miró con desafío.

—No lo sé —dijo Naoto, con la voz firme—. Pero te prometo que no te dejaré en paz hasta que reveles el secreto que escondes.

Akira dejó de reír, su sonrisa se borró. Por un instante, una sombra de preocupación cruzó su rostro, pero rápidamente la ocultó.

—No sé de qué hablas, Naoto —dijo Akira, con un tono más frío—. Estás delirando.

—No lo estoy —replicó Naoto, dando un paso al frente—. Sé que hay algo más. Y voy a descubrirlo. Cueste lo que cueste.

Kenta y Saya se colocaron a ambos lados de Naoto, mostrando su apoyo. Akira los observó a los tres con una mirada calculadora, luego se encogió de hombros y se alejó sin decir una palabra más, desapareciendo entre la multitud.

Naoto lo siguió con la mirada hasta que lo perdió de vista. La ira y la tristeza se mezclaron con una nueva determinación. El adiós a Sakura era doloroso, pero la confrontación con Akira había encendido una nueva llama en él. Había un misterio que resolver, una verdad oculta que lo mantenía en vilo.

—¿Crees que sabe algo de verdad? —preguntó Saya, con la voz baja.

—Estoy seguro —respondió Naoto, con los puños apretados—. Y no voy a parar hasta descubrirlo.

La historia continúa...

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