capitulo 25 el último sacrificio

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Naoto condujo a toda velocidad hacia la casa de su padre, con Sakura, Kenta y Saya apretujados en el coche. La tensión era palpable, y el silencio solo era interrumpido por el rugido del motor.

—¿Crees que tu padre nos creerá? —preguntó Sakura, con la voz temblorosa.

Naoto la miró con determinación.

—Confío en él, Sakura —dijo Naoto, con la voz firme—. Siempre ha sido un gran detective, y sé que nos ayudará a desenmascarar a Akira.

Llegaron a la casa del padre de Naoto, una modesta vivienda en un barrio tranquilo. Naoto estacionó el coche y los cuatro se dirigieron a la puerta principal.

Naoto respiró hondo y tocó el timbre. Después de unos segundos, la puerta se abrió y el padre de Naoto apareció, con una expresión de sorpresa en su rostro.

—¿Naoto? ¿Qué haces aquí? —preguntó el padre de Naoto, con la voz curiosa.

—Papá, necesitamos tu ayuda —dijo Naoto, con la voz urgente—. Tenemos que detener a Akira.

El padre de Naoto frunció el ceño.

—¿Akira? ¿De qué estás hablando? —preguntó el padre de Naoto, con la voz confundida.

Naoto le contó a su padre todo lo que habían descubierto sobre Akira, desde su verdadera identidad hasta sus planes para apoderarse de las propiedades de la familia de Sakura.

El padre de Naoto escuchó atentamente, con una expresión cada vez más seria en su rostro.

—Ya veo —dijo el padre de Naoto, con la voz grave—. Parece que estamos ante un caso muy peligroso.

—¿Nos ayudarás, papá? —preguntó Naoto, con la voz llena de esperanza.

El padre de Naoto asintió.

—Por supuesto que sí, hijo —dijo el padre de Naoto, con la voz firme—. No permitiré que ese tal Akira se salga con la suya.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Sakura, con la voz temblorosa.

—Primero, necesito que me cuenten todo lo que saben sobre Akira —dijo el padre de Naoto, con la voz profesional—. Cada detalle, por pequeño que sea, podría ser crucial.

Durante las siguientes horas, Naoto, Sakura, Kenta y Saya le contaron al padre de Naoto todo lo que sabían sobre Akira. El padre de Naoto tomó notas meticulosamente, haciendo preguntas precisas y analizando cada detalle.

Finalmente, después de una larga sesión de interrogatorio, el padre de Naoto se levantó y se estiró.

—Bien, creo que tengo suficiente información para empezar a investigar —dijo el padre de Naoto, con la voz pensativa—. Necesito acceder a algunos archivos confidenciales, y eso me llevará algo de tiempo.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó Naoto, con la voz impaciente—. Sakura se va a Inglaterra en unos días.

—Lo sé, hijo —dijo el padre de Naoto, con la voz tranquilizadora—. Haré todo lo posible para acelerar el proceso. Pero necesito que sean pacientes.

—¿Hay algo que podamos hacer para ayudar? —preguntó Kenta, con la voz ansiosa.

—Sí, hay algo —dijo el padre de Naoto, con la voz seria—. Necesito que vigilen a Akira. Síganlo a todas partes, y averigüen con quién se reúne y qué está tramando.

—Lo haremos, señor —dijo Saya, con la voz decidida.

—Bien —dijo el padre de Naoto, con la voz firme—. Entonces, manos a la obra. Tenemos que detener a Akira antes de que sea demasiado tarde.

Durante los siguientes días, Naoto, Sakura, Kenta y Saya siguieron a Akira a todas partes, vigilando cada uno de sus movimientos. Descubrieron que Akira se reunía con personas sospechosas en lugares secretos, y que estaba planeando algo grande.

Finalmente, en la víspera del viaje de Sakura a Inglaterra, Naoto recibió una llamada telefónica de su padre.

—Hijo, tengo noticias —dijo el padre de Naoto, con la voz urgente—. He descubierto el plan de Akira.

—¿Qué está planeando? —preguntó Naoto, con la voz temblorosa.

—Akira va a sabotear el avión de Sakura —dijo el padre de Naoto, con la voz grave—. Quiere asegurarse de que no llegue a Inglaterra.

Naoto se quedó sin palabras, horrorizado por la noticia.

—Tenemos que detenerlo, papá —dijo Naoto, con la voz desesperada—. Tenemos que salvar a Sakura.

—Lo sé, hijo —dijo el padre de Naoto, con la voz firme—. Tengo un plan.

El padre de Naoto le explicó a Naoto su plan para detener a Akira y salvar a Sakura. Era un plan arriesgado, pero era la única oportunidad que tenían.

Naoto, Sakura, Kenta y Saya se reunieron en secreto para discutir el plan.

—Es muy peligroso —dijo Sakura, con la voz temblorosa—. No quiero que nadie salga herido.

—Tenemos que hacerlo, Sakura —dijo Naoto, con la voz decidida—. No podemos permitir que Akira se salga con la suya.

—Pero ¿qué pasa si algo sale mal? —preguntó Kenta, con la voz preocupada.

—No podemos pensar en eso —dijo Saya, con la voz firme—. Tenemos que confiar en el plan del padre de Naoto y hacer todo lo posible para que funcione.

Sakura suspiró y asintió.

—Está bien —dijo Sakura, con la voz suave—. Lo haremos.

En la mañana del viaje de Sakura a Inglaterra, Naoto, Sakura, Kenta y Saya se dirigieron al aeropuerto, decididos a detener a Akira y a salvar a Sakura.

Mientras esperaban en la sala de embarque, Naoto vio a Akira acercándose a ellos con una sonrisa maliciosa en su rostro.

—Hola, Naoto —dijo Akira, con la voz llena de sarcasmo—. ¿Qué haces por aquí? ¿Acaso has venido a despedirte de tu amada Sakura?

Naoto lo miró con odio.

—Sé lo que estás planeando, Akira —dijo Naoto, con la voz amenazante—. No vas a sabotear el avión de Sakura.

Akira se rió a carcajadas.

—¿En serio, Naoto? —dijo Akira, con la voz llena de burla—. ¿Y qué vas a hacer al respecto? ¿Vas a detenerme?

Naoto asintió.

—Sí, Akira —dijo Naoto, con la voz firme—. Voy a detenerte. Cueste lo que cueste.

Akira se encogió de hombros.

—Eres un tonto, Naoto —dijo Akira, con la voz despreciativa—. No tienes ni idea de lo que estás haciendo.

Akira hizo una señal, y varios hombres corpulentos se acercaron a Naoto, Sakura, Kenta y Saya.

—Llévenselos —ordenó Akira, con la voz fría—. Que no interfieran en mis planes.

Los hombres de Akira se abalanzaron sobre Naoto, Sakura, Kenta y Saya, y comenzó una pelea brutal.

Naoto luchó con todas sus fuerzas, pero estaba superado en número. Vio cómo sus amigos eran golpeados y maltratados, y sintió una rabia incontrolable.

De repente, Naoto vio a Akira acercándose a Sakura con un cuchillo en la mano.

—¡No! —gritó Naoto, con la voz desesperada.

Naoto se liberó de sus captores y corrió hacia Akira, dispuesto a proteger a Sakura con su propia vida.

Akira levantó el cuchillo y lo dirigió hacia Sakura.

En ese momento, Naoto se interpuso en el camino del cuchillo, recibiendo la puñalada en el pecho.

Sakura gritó de horror al ver a Naoto caer al suelo, sangrando profusamente.

Akira sonrió con satisfacción.

—Eres un tonto, Naoto —dijo Akira, con la voz despreciativa—. Has sacrificado tu vida por una chica que nunca te amará.

Naoto tosió sangre y miró a Sakura con una sonrisa débil.

—Te amo, Sakura —dijo Naoto, con la voz apenas audible—. Siempre te amaré.

Y con esas palabras, Naoto cerró los ojos y su cuerpo se relajó. Había hecho el último sacrificio por la persona que amaba.

Sakura lloró sobre el cuerpo de Naoto, gritando de dolor y tristeza. Había perdido al amor de su vida, y nada volvería a ser lo mismo.

Pero en medio de su dolor, Sakura sintió una nueva determinación. No permitiría que la muerte de Naoto fuera en vano. Vengaría su muerte y detendría a Akira de una vez por todas.

La batalla final había comenzado, y Sakura estaba dispuesta a luchar hasta el final, incluso si eso significaba sacrificar su propia vida.

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