Visita al abuelo

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Eran las seis treinta y siete de la mañana del sábado y mi teléfono ya tenia dos llamadas de él y mensajes preguntando si seguía durmiendo. Era lo más tierno del universo y también un tanto molesto, yo quería seguir durmiendo.

—Ya deja ese teléfono — me regañó mi madre en el desayuno —si no tienes cuidado te comerás hasta una mosca.

En el auto de camino a la casa del abuelo me advirtió que no quería verme embelesada en el teléfono y cuando mi madre hacía una advertencia no era en vano.

Todos los tíos, tías, primos, sobrinos etc., ya estaban ahí. Mi relación con los primos era buena y la mayoría de los tíos eran geniales, pero el asunto de las tías era cosa aparte.

Mi abuelo estaba feliz de vernos, la reunión trascurría de lo más normal, las habituales preguntas a mi madre por parte de mis tías: porque no te juntas con alguien?, deberías volverte a casar, cuando tú hija se vaya de casa te quedaras sola, tienes que encontrar a alguien. Los mismos fastidiosos comentarios de siempre.

Entrada la tarde me escondí un rato en el baño para poder hablar con Quique, él había salido con sus amigos y podía escuchar la gran fiesta que tenían, me aseguraba que todo estaba súper aburrido pero era obvio que mentía para no desanimarme por estarme perdiendo de la diversión.

Estábamos tomando el café cuando mi teléfono sobre la mesita de centro empezó a vibrar como loco, mi madre estaba distraída platicando, era mi oportunidad. Las fotos en facebook ya circulaban, Quique y sus amigos habían ido a ese restaurante-bar recién inaugurado, se veían muy divertidos y lo peor de todo era que Laura si había ido. Apreté fuerte la servilleta en mi mano, esa lagartona no perdía una oportunidad.

En la llamada nocturna que me hizo, saqué el tema de las fotos, él me aseguró que no se había divertido tanto y que me estuvo extrañando. Era lindo pensar eso.

El domingo después del almuerzo, nos preparamos todos para ir al "paraíso", un lugar hermoso al que solo se puede llegar por bote, pues esta rodeado de agua y cuyo nombre adoptó por estar lleno de los arboles llamados popularmente así, "árbol del paraíso". Los tíos habían rentado un par de cabañas, ese día pintaba para ser genial.

Al llegar, en seguida corrimos todos al agua y eso nos ocupó casi toda la mañana.

Justo estábamos por comer cuando Quique me mensajeo, me extrañaba y fue tan tierno leer sus quejas por no estar con él.

Era un día increíble pero no podía dejar de desear estar con Quique.

El sol empezaba a ocultarse, pronto tendríamos que marcharnos, así que para aprovechar al máximo el tiempo que quedaba, mi primo Beto propuso un recorrido por todo el lugar en bicicleta.

Pronto me dejaron atrás, tenia algo de tiempo que no me subía a una bici y el camino no era del todo uniforme. El miedo se apoderó de mi cuando en un camino inclinado comencé a tomar más velocidad, y todo empeoro al tratar de frenar y no obtener resultado.

Bajé a toda velocidad por la pendiente, gritando como desesperada. Solo tenia que mantener el equilibrio mientras bajaba, después de eso el camino era plano y entonces perdería velocidad, con lo que no contaba era que justo al final de esa endemoniada bajada, un idiota se cruzaría sin precaución y detendría de golpe mi loco descenso.

Solo cerré los ojos esperando el impacto, no pude esquivarlo, juro que no.

Sentí como mi cuerpo salia volando de la bici e impactaba con él, pude oír como le sacaba el aire con aquel golpe. Caímos aparatosamente al suelo, no me di cuenta al momento pero, el tipo me había abrazado y cuidado que mi cabeza no se golpeara mientras rodabamos fuera del camino.

Amor En SilencioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora