Capítulo 10 "Otear Por Segunda Vez"

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Nuestro trabajo de exterminadores depende solo de una cosa; precisión. Los conocimientos y la destreza que todos poseemos; hasta aquí, eso nos ha llevado a la cima en la pirámide evolutiva; y ahora nos toca reclamar lo que es nuestro por derecho y por naturaleza. Consumimos y nos adaptamos. Destruimos y creamos, como hacedores permanentes. Los mundos que hemos visto, no han sido satisfactorios por completo, pero en éste tenemos todo lo que necesitamos.

—No te parece; -pregunté con distanciamiento a mi compañero de caza-.

—No me parece así; cuando lo piensas detenidamente; -respondió-.

—¿Cómo dices eso?

Debido a la pregunta impetuosa, volteó para detenerse y aclarar sus pensamientos, permitiéndole ver el descenso de la nave que los acechaba; ¡No se asusten! -Le dijo a todos-. No responderemos hasta ver qué es lo que quieren.

¡Sí; capitán! -Respondieron todos al unísono mientras aseguraban sus posiciones en guardia ofensiva-.

—Ésta nave tiene lo necesario para repeler todas sus municiones; además, no vinieron equipados con los misiles para derribar nuestro campo de fuerza. No nos esperaban; -Aseguró, tranquilizándolos mientras descendían parsimoniosos-. ¡Incluso teniéndolos tan de cerca, contemplan la prudencia. Son criaturas fascinantes! -Replicó para sí mismo en voz alta, el capitán de la nave, escuchándolo todos-.

Descendieron sin problemas aterrizando lenes en la alfombra agreste, todo parecía indicar que los ortodoxos estaban dispuestos a dialogar y llegar a una conciliación, querían escuchar. Pero; era su instinto guerrero el que los hacía mantener la guardia y estar alertas para la lidia vecina.

El capitán de la nave fue el primero en hablar. No pretendía iniciar una pelea, ni provocar una matanza que creía innecesaria, porque su deseo, era el de que todos pudiéramos convivir en paz y armonía, compartiendo los conocimientos del universo y la vida. ¡Un nuevo inicio! Como decía incontables veces, al tratar de convencer a los tripulantes de la nave que lo acompañaban. Todos creían en el mismo ideal. Pues al igual que el grupo ortodoxo en la invasión, comprendían que la brutalidad de sus acciones había ayudado a acabar casi por completo con una civilización entera.

Respondieron negativamente a la tentativa para el abandono del exterminio; porque consideraban que los humanos eran una subespecie débil e insostenible. No merecían tal contemplación, aunque hubieran sobrevivido al virus de la invasión.

Sus intentos por llegar a una conclusión amena y no bélica, prontamente fueron interrumpidos por el nerviosismo presentado por uno de los que descendieron de la nave. Al parecer realizó un movimiento que el otro grupo interpretó como algún intento de disparo; y debido a lo que se hablaba en el preciso momento en que se realizó el acto, esos pensamientos equívocos, se incrementaron.

Uno de los ortodoxos se precipitó contra los contrarios con fuerza produciendo una separación entre el flanco izquierdo de los radicales rebeldes. No mostraron ningún respeto por él; ya que todos sabían exactamente lo que le seguiría a esa estupidez. Nada podía interpretarse como algo diferente; puesto que las armaduras de todos, destellaban un aire intimidante. Sin piedad; gritó un ortodoxo airado. Las armas por ambos lados, son de niveles de destrucción increíblemente alucinante; lo que en apenas minutos, dejó el bosque a su alrededor, casi sin vida. Daba tristeza.

Como los radicales rebeldes, se habían dividido al inicio de la confrontación; un escuadrón completo quedó vulnerable a el ataque cruzado. Muchos murieron. Sin piedad; era sin piedad. La respuesta que obtuvieron de inmediato fue solo una igual. La nave apenas pudo escapar, con unos cuantos soldados en la retirada; dejando una devastación mórbida que produciría como resultado un solo mensaje para los invasores ortodoxos.

🛫 🛫🛫🛫🛫 

Esperamos un momento, después de que la nave partiera en su retirada para acercarnos a observar más de cerca la construcción de aquellas máquinas de guerra. ¡Eran trajes completos! A primera vista; formidables. ¡Resistentes, y fuertes! Era difícil pensar que un arma pudiera penetrar ese acorazado. Por eso es lógico pensar que las armas solo pueden igualarse a su armadura. Lo que no era lógico, era lo que motivaba la disputa entre dos grupos de igual armamento.

Vimos primero a el pelotón terrestre que yacía inmóvil en el suelo. Los desarmamos para llevarnos su tecnología. Después de todo; ya no lo necesitaban. Lo que estábamos contemplando en realidad; era, si dejábamos los cuerpos tirados, o los necesitábamos esconder, para generar todavía aún más desconcierto en los insolentes invasores. De esa manera, no sabrían quiénes los habían atacado, creando confusión, para planificar un ataque sorpresa luego. Sin embargo; terminaron convenciéndome de que sería mejor que pensaran exactamente lo que sucedió, eliminando el hecho de que existía un grupo de refugiados sobreviviente por el área. Argumenté precisamente que no dejábamos mucho margen en las sospechas ya que nos estábamos llevando sus armas y trajes; pero repetían que eso lo podían haber llevado los soldados de la nave, ya que posiblemente se trataban de desertores. Nada de lo que me decían me convencía, pero lo que sí era cierto, era que necesitábamos armas y una estrategia rápido. En eso estábamos, cuando uno de los soldados cobró vida en ese momento. Se trataba de uno de los que descendieron de la nave. Hablaba nuestro idioma. Nos pidió ayuda. Se quitó la armadura, y entregó sus armas voluntariamente. 

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⏰ Última actualización: Aug 29, 2018 ⏰

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