Min Ho

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Sujeta sus maletas y se siente extraño al recorrer ese camino a casa. Su vínculo continuaba allí, haciéndose más fuerte mientras se acercaba más a casa.

Se sentía tranquilidad a través del canal, seguro su esposa aún dormía.

El sol salía y Minho miraba cómo la luna se tornaba cada vez un poco más invisible con el cielo pintándose de azul.

Él era un ser del día. Tenía una energía interminable cuando salía el sol y nunca se sentía desvanecerse. Tenía cambio de pilas, decían algunos.

Sólo que ver esa luna opacada en el cielo le sabe tanto a la carretera. Le sabe a él. A ese hombre al que solía observar sin que supiera. Era Taemin mirando la luna a través de las ventanas.

Era ver la luna y eso venía rápidamente a su mente.

Tal vez era la culpa, por haberlo tomado por tanto tiempo, y conocer su historia al final de tantas cosas, de tantos momentos juntos, de tanta lujuria derramada por ambos, de tantos besos a escondidas de todos (que aún quiere creer que fueron sólo porque tenía unos labios sexis). Y ahí estaba, con esa sensación de vacío en su pecho.

Todo su viaje, el recorrido, desde que lo había conocido, pasa como fotos por su mente, un carrete de imágenes a color con voces, risas y discusiones repasa su mente. El grupo se tomaría unas largas vacaciones. Los cheques llegarían a sus casas y ellos estarían fuera de pantalla por medio año.

Así lo habían pactado. Tenían un mercado asegurado, a mucha gente le gustaba su música, y debían darse un tiempo para que ellos rogaran por escuchar algún nuevo tema.

No lo admite, pero en su mente ronda la pregunta de si alguna vez lo podrá ver durante ese tiempo de vacaciones. La luz del sol ilumina su rostro y sonríe. No tenía por qué ser negativo, no era parte de sí. Seguro lo volvería a ver, ya sea por alguna reunión o porque vivían en la misma ciudad y lo más probable era que se encontrarían, y quizá podrían ser amigos.

Intenta respirar profundo para dejar de lado esa extraña sensación, esa de confusión, como si no supiera a lo que volvía a su hogar.

Tantos años y estaba de regreso. No era que en un inicio fue feliz de irse por tanto tiempo, pero de algo tenían que vivir, y quería darle algo bueno a su familia. Había prometido que, además, pensaría en dejar las carreteras para asentarse finalmente.

A una edad muy joven dejó los estudios y abandonó cualquier idea de ir a la universidad, menos deseaba seguir viviendo bajo el mismo techo que sus padres. No se arrepentía, pese a que al inicio fue demasiado difícil, vivir sin la presencia de sus padres sobreprotectores que siempre le contaban, junto con el personal de servicio, sobre historias tan antiguas y sobre misiones que parecían una locura. Le habían sofocado, a un punto que no tenía retorno. Él mismo construiría su camino, él sería dueño de su destino.

Jamás quiso que su libertad de decidir quién sería, se viera coartada por su familia, menos por su dinero y bodas arregladas que le parecían de lo más ridículo a esas alturas de la vida.

Sonríe al recordar todas las amenazas de sus padres, sobre que volvería a vivir con ellos, que la música jamás le daría nada. Y ahí estaba, siendo parte importante de su grupo, compositor y bajista exitoso que no necesitaba del dinero de su familia.

Había sido divertido, cuando firmó su primer contrato y supo que podía finalmente reírse de las tontas amenazas de sus padres.

Cada paso parecía el exacto. Cuando no tuvo más dinero que gastar y no obtuvo contratos, había conocido a Junho, quien le tendió una mano a sus dieciséis años, compartiendo un cuarto juntos, haciéndose mejores amigos. Y recién se percataba de cuánto lo había extrañado, pese a las ultimas peleas que tuvo antes de marcharse, incluso antes. Le iría a visitar, planeaba, uno de esos días, tenían que hacer las pases, no podían simplemente enemistarse como idiotas, aunque lo eran.

Déjame Amarte - 2minDonde viven las historias. Descúbrelo ahora