Húmeda

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Ya en la noche cuando los niños cenaban y la mayoría de los empleados se encontraban en el comedor vigilándolos, me dirigí hacia el escondite donde ya él me esperaba

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Ya en la noche cuando los niños cenaban y la mayoría de los empleados se encontraban en el comedor vigilándolos, me dirigí hacia el escondite donde ya él me esperaba. El espacio no era tan grande y solo podía concentrarme en el olor de su fragancia y su respiración. Allí pude conocerlo y la historia de su odiosa madre, Adrián es 2 años mayor que yo, su padre murió igual que el mío en la guerra y desde entonces ha sido criado por su madre. Cuando pequeño deseaba jugar con todos los niños del orfanato, pero no podía porque Carlota se lo prohibía y por esto se fue a estudiar al extranjero.

Le hablé sobre mí y todo lo que había pasado, todo lo que me hacía su madre pero que siempre trataba de ser fuerte, la noche iba cayendo.

"¿Con cuantas chicas ya habrá estado?" me preguntaba yo que nunca había estado con ninguno. "¿Debería entregarme a él?" muchas preguntas flotaban en lo que era ahora nuestro nuevo sitio de encuentro. Me besó, sí, me besó. Me sonrojé de inmediato y le contesté con otro pequeño beso a lo que me responde con otro más largo y mojado. Me acercó hacia él y lo abracé fuertemente para descender mis manos por todo su cuello, su espalda, sus muslos, siento su pene erecto, nunca había sentido algo así, estaba muy duro y un poco húmedo a través de su pantalón. Me detuve, acabábamos de conocernos y no quería dañar las cosas.

-Basta, no tan rápido, tengo que irme y ya es tarde, me deben de estar buscando- le digo.

-Quédate un rato más, no deben de haberse dando cuenta que no estás, no quiero que vayas tan rápido.

-Lo siento, pero no puedo- Salí apresurada para encontrarme con los demás, cogí a una pequeña en mis brazos para disimular y la llevé a su habitación hasta llegar a la mía.

Estaba loca por estar sola y pensar en todo lo que había pasado. Inmediatamente puse el cerrojo en la puerta, no podía sacarme su aroma y respiración de la mente. Estaba húmeda, mi ropa interior parecía recién salida de lavar, acostada en la cama me las bajé hasta mis rodillas y empecé a tocarme. Era una sensación indescriptible, aceleraba y sentía una sensación de placer, mis pezones brotados, estaban listos para que él viniera. Cuando no aguanté más mi placer salió por mi vagina como nunca, algo que nunca había pasado, agitada y sudada terminé ese emocionante día. Me levanté, cambié las sabanas, me bañé y me acosté relajada.

Al otro día me encontraba lavando mi ropa interior mojada junto a mis sabanas y la ropa llena de orines y demás de los pequeños. Cuando siento un fuerte golpe en mi cabeza que me hace caer encima de las aguas llenas de jabón y orín...la luz no me dejaba ver hasta que se acerca y la veo...Carlota.

Carlota

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El OrfanatoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora