Capitulo 2

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Esa apacible tranquilidad no había existido siempre en su vida. Cuando niño creció con todos los sobresaltos que los que pudiesen ser ocasionados por su rutina escolar o problemas domésticos con su hermano mayor. Pero esos disgustos no habían sido nada. El primer movimiento telúrico significativo lo sintió al ingresar a la universidad cuando Toriel le tomó la mano para hacerlo correr por el pasillo a clases. Su pasividad, la aburrida pasividad de su vida social, se veía interrumpido por apenas un revoloteo en el estómago. Uno en particular que veces resultaba agradable y a veces nauseabundo.

Como desde pequeño se había criado bajo el ala de una familia tradicional y escuchando cuentos de hadas y romances victorianos, no le costó nada identificar esa tibia alegría que le causaba Toriel con el amor. Asgore se supo enamorado de Toriel muy pronto. Se conocían desde que entraron a la facultad y pese a ello, Toriel nunca logró verlo como una posible pareja.

Asgore consideró que si lograba romper esa imagen de niño bueno que tenía de él, si se emborrachaba, si fumaba, se liaba con gente, tal vez...

Igualmente estaba metido en el curso de repostería, porque tal vez eso también ayudaría, porque Toriel ama las cosas dulces, quizá si él también lo hiciese le viese distinto, tal vez... pero luego nada salió como debía salir porque ella llegó con un joven albino de ojos azules, al cual anuncio como su novio y entonces, Asgore supo que no le quedaba nada. Que en su futuro solo figuraban soledades y un curso de repostería que lamentaba haber tomado.

Un poco por orgullo, por despecho, por pataleta, describió el curso y tomó el único que había con cupos libres dentro de la oferta de asignaturas generales: Un curso introductorio de Astrofísica impartido por un viejo astrónomo y un estudiante de Ingeniería Aeroespacial que tenía el cargo de profesor adjunto, pero que en realidad llevaba todo el curso sobre sus hombros, según le habían dicho otros que lo habían tomado el semestre pasado.

Era uno de esos geniecillos precoces, hijo de aquel profesor. "Gaster Wingdings" había averiguado. Aunque para entonces ese nombre no significaba nada, no era nadie más que un conjunto de letras que bailaban en los datos de su navegador académico, en el programa del curso y en la cadena de chismes de la facultad de Ciencias Exactas.

La primera vez que el chico tuvo cara y corporeidad para Asgore no fue en la primera clase del curso, de hecho. Fue una situación bastante penosa en que él tomó más ron de la cuenta porque Toriel había llegado con Sans al lugar donde Asgore celebraba su cumpleaños. Y puede que él sea una niño estudioso y de buena familia, pero cuando su amiga no es capaz de darse cuenta de lo insensible que es restregarle en la cara lo feliz que es con otro, de pronto diluirse la sangre en grandes cantidades de alcohol parece una excelente idea.

Asgore nunca entendió del todo qué hacía el joven científico ese justamente en ese lugar o qué mala memoria le hizo tropezarse contra él. El chico le miró desde arriba, detrás de sus anteojos, con sus ojos violetas, sus labios finos, su mentón cuadrado, la melena color clara, vestido en esa camiseta con cuello, de esas que parecen camisas y que Asgore siempre encontró muy de niño rico tontorrón. Y Asgore lo agarró del cuello de la camiseta – quizá haciéndose la idea de corromperlo- y lo acercó lo suficiente como para que sintiera su aliento a alcohol. Y supo que él vio todo en sus ojos. Se pudo enterar de que no estaba bien, porque Asgore se tambaleaba un poco con sus botines nuevos, sus jeans, su camisa color negro, su cabello rubio en una coleta que se estaba desarmando, sus ojos dorados con una expresión de alguien que no tiene nada que perder.

Entonces él hizo algo tonto e increíble – del tipo de cosas que Asgore luego sabría que él siempre hace -. Lo invitó a tomar un jugo y lo hizo sentarse junto a él en la barra y no se apartó de su lado ni siquiera cuando el intentó besarlo torpemente, colgándose de su cuello y luego lo fue a dejar a su casa aunque Asgore parecía enojado, muy rencoroso porque se sentía doblemente rechazado en una noche y en serio, ¿puede alguien culparlo?

Asgore pensó que tenía que ser una broma cuando a la tercera clase deAstrofísica llegó el mismo chiquillo, con los mismos ojos de cachorro presentándosecomo el profesor adjunto. Ese día les mostró un power point lleno de imágenesincreíbles del universo, explicando entusiasmado mientras los astrosproyectados en el telón rebotaban a sus ojos y construían allí en su iris violetauna mini vía láctea.    

Agujero NegroWhere stories live. Discover now