— Extrañaba tenerte de frente. — Susurré al pasar mi mano sobre el cuerpo de los árboles muertos. — ¿Por qué recién ahora volvés?
— Porque eres consciente del peligro. Sabes qué se acerca.
— No. No lo sé. No entiendo esto. — Clavé mis ojos en la oscuridad de su rostro. — Abre tus sentidos. Éste no es tu hogar, tienes mucho que aprender de aquí. Concéntrate.
Hice el esfuerzo. Dejé de moverme, cerré los ojos, y fui uno por uno.
— ¿Qué estás percibiendo?
— La muerte, la destrucción, la soledad. Sigo tocando los átomos, pero acá... no tienen rumbo. No hay pasado, ni futuro. Puedo escuchar los pasos, los gritos bélicos, el sufrimiento, la avaricia, y la maldad. Puedo oler el miedo, el sudor y el las especias que utilizan como camuflaje. Puedo verlos.
— ¿Qué ves?
— Pensé que iban a ser más. — Le dije mientras me abría paso por los arbustos secos.
— El que va al frente, el rubio, él es el líder. Su nombre es Kauko.
Ví a un humano, joven, esbelto, de larga cabellera platinada dirigiendo la marcha. Rodeado de bestias semejantes a perros de gran tamaño, y un ejército no tan grande, supongo que de un centenar de criaturas que parecen homo-sapiens rojos, grandes y gordos.
— Esperaba más.
Un rugido me forzó a mirar al cielo. Llegó la hora.
00:00.
Desperté sentado en mi cama, ellos se acercan, no queda mucho tiempo.
"Aiden, soy Azul, nos encontramos en las vías en una hora. Llevá todo lo que consideres necesario." Apareció sobre la pantalla de mi celular.
Me levanté rápido, sin apuro, pero con demasiada ansiedad. Tuve demasiado enojo acumulado, y estaba preparado para matar a cada cosa que me amenace. Tenía consciencia de mi sed de sangre, nada podría detenerme.
Busqué la lista de cosas que llevaría, y las acomodé sobre la mesa principal, una por una.
Arco, el regalo de Wolfgang cuando estuve en la Italia renacentista, listo.
Carcaj con seis flechas de fibra de carbono, listo.
Me puse el guantelete, llevé el arco y el carcaj sobre el hombro. Subí a mi bicicleta, y antes de marcharme, miré hacia mi casa por última vez. Algo me alertó que nunca volvería a aquél lugar.
Las estrellas brillaban como nunca; "no hay manera de que algo salga mal" pensé. "No tenemos espectadores, nadie va a enterarse de nuestra hazaña, y aún así arriesgamos lo poco que tenemos, con el fin de salvar a un grupo de gente que nos rechazaría, si supiera lo que somos."
Ningún alma vagaba por las calles, hasta que llegó Azul, montando sobre una jirafa, con una formación de animales a detrás.
— ¡Aiden! — Exclamó al bajarse de un salto. — Pensé que ibas a venir preparado para la ocasión.
— ¿Qué me falta?
— Estilo. Esperaba que vengas vestido, no sé, como todo un rebelde punk, no como un chico tímido pero elegante. Falta algo de "¡Abajo el sistema!"
— Perdón por no venir mostrando la panza.
Azul estaba vestida con un top negro debajo de una camisa de jean larga, calzas red sobre el ombligo, pantalones negros aún más rotos que los anteriores y botitas negras, un labial púrpura oscuro, sombra de ojos negra y las puntas de su pelo estaban teñidas de rojo.
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Eón
General FictionAiden es un joven de 17 años que puede controlar el tiempo, lo que lo lleva a lidiar con lo absurda que se volvió su vida desde que obtuvo sus habilidades, hasta que resurgen sus pesadillas.
