-tres.

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Nada había cambiado. Bueno, casi nada.

La idea que Nick había tenido en un principio de avocarse a una tarea por un día y al siguiente intercambiarla por otra no había rendido frutos. En un principio hubiese parecido que era funcional pero después de un tiempo donde cada uno descubrió en lo que era bueno, ya simplemente dejo de ser conveniente. Una vez que quedo en evidencia la inutilidad del sistema, se decantaron por que cada persona se dedicase a una actividad en particular. Mathison había descubierto que era bueno con el trabajo de mano, era de todos él que menos solía herirse al momento construir. Él junto con Jackson, - el nuevo chico que había llegado por la caja, así es, la semana pasada había llegado un chico junto con las provisiones – se encargaban de las construcciones y reparaciones que se necesitasen. Ambos hacían un buen equipo, Jackson comprendía su preferencia por el silencio y no solía intentar darle conversación durante el trabajo, solo lo mínimo indispensable. A diferencia de Wilde que aun lo incluía en todas las conversaciones posibles.

Eso era algo que definitivamente había cambiado, la manera en la que Mathison veía a Wilde. Él solía encontrarlo molesto, le irritaba la manera en la que Wilde buscaba abrirse paso entre todos, ganándose la amistad de los demás con unas simple palabras amigables. Lo hacia parecer tan fácil. Aún con todos los intentos de Mathison por ignorarlo, esperando que él finalmente decida rendirse, no lo hizo. Mathison debía de otorgarle eso, Wilde era tenaz. Y finalmente su perseverancia rindió frutos.

Mathison había cambiado completamente su concepción del chico, llegando incluso al punto de devolverle sus habituales saludos que le otorgaba antes de dormir. Wilde seguía siendo igual de entrometido como cuando lo era el mismo día que lo conoció, pero ahora lo encontraba tierno, no irritante. Ambos habían forjado una relación que no había considerado posible, una que solo quería compartir con él a expensas de los demás. Pero una cosa lo estaba volviendo loco, Mathison no sabia si Wilde le daba tanta importancia a su amistad como él lo hacía. No era un secreto que Wilde les agradaba a todos y que solía pasarse todos sus ratos libres acompañado de Newt, George y Alby. Esos cuatro eran inseparables y definitivamente él no tenia algo tan importante con Wilde como los otros lo hacían.

Sus interacciones se basaban en escuchar a Wilde relatarle lo que hizo durante el día mientras Mathison fingía indiferencia, aunque Wilde sabia que estaba prestando atención por como solía acercarse más a él para poder escucharlo mejor; unas cuantas veces Wilde había decidido desayunar a su lado, pasando de su rutinario lugar con sus amigos, ambos escondidos en el bosque tras los grandes arbustos. Sin contar la única vez hace, un par de días, en la que Wilde despertó agitado y sudoroso antes de que el sol siquiera se asomase. Mathison se había despertado por un sonido cercano, el de los gimoteos de la hamaca a su lado, la hamaca de Wilde. Titubeante se acerco al otro chico y con duda poso su mano en el hombro del otro. Wilde salto ante el súbito contacto, sorprendido de que alguien se encontrase despierto, mucho más cuando registro que Mathison era quien le estaba brindando consuelo. Cuando el susto y la confusión se esfumaron, su cuerpo se inclino hacia al contacto, buscando aun más calidez. Mathison envolvió sus manos en la cintura del más bajo, depositándolo con cuidado en el suelo debido a que temía que un movimiento brusco involuntario por el miedo hiciese que cayese al suelo. Wilde se escondió en sus brazos, su cabeza en el hueco de su cuello. Y así se quedaron, Mathison repartiendo caricias por su espalda y Wilde manchando el cuello de su camisa con sus lagrimas. Finalmente cuando Wilde se había calmado, el mayor lo volvió a conducir hacia su hamaca, pero el otro tenia otros planes cuando se aferro a la manga de Mathison y pidió en agonía que no lo deje solo. Mathison no había estado seguro de cómo proceder pero finalmente decidió ceder ante los deseos del otro.

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