Alex
Lo de anoche me dejó la sangre helada. Yo estaba a punto de dormirme cuando escucho gritos en el jardín de al lado. Me asomo por la ventana, cuando veo a un hombre de unos cincuenta años, más o menos, gritar y perseguir a Ian y a la que supongo que es su madre. Decido bajar a ver qué pasaba, pero cuando abro la puerta todo se sume en un silencio estremecedor.
Después pasó lo que pasó, todavía no sé por qué me dio por invitar a Ian a quedarse en mi casa, pero no podía dejarle solo con su padre después de lo que ha ocurrido.
A demás, me había ayudado demasiado hasta ahora como para no devolverle el favor.
Esa noche dormí fatal, todavía eran incapaz de asimilar que no volvería a abrazar a mi hermano.
El hospital me avisó que su cuerpo tardaría un mes más o menos en llegar a California, no quería, ver su cuerpo sería como aceptar definitivamente que ya no volveré a abrazarle ni a llorar en su hombro cada vez que íbamos a visitar la tumba de nuestros padres.
Ahora habría otra tumba en ese desolador cementerio, y yo no tendría ningún apoyo cuando llegara el momento de visitarlo.
Cuando me desperté gracias a unos cuantos rayos de sol que se filtraban por la ventana, me di una ducha rápida y bajé a preparar el desayuno.
Según entré por la puerta me llevé un susto de muerte al chocarme con una gran espalda al descubierto, me caí al suelo de culo por el golpe. Una risa grave inundó el silencio que se había instalado en el ambiente.
—Mira por dónde vas, rubia — se giró con una sonrisa socarrona en los labios hasta que puso su vista en mi — ¿Has dormido bien? Pareces un zombi — su cara pasó de diversión a preocupación en cuestión de segundos.
Me tendió una mano para ponerme en pie y yo la acepté, mirándole a los ojos.
—Gracias — dije en un susurro cuando ya estaba de pie — No ha sido la mejor noche que digamos — había algo en sus ojos color aqua que me dejaban absorta, sinceramente, no los recordaba así.
—Ten — dice, tendiéndome un café con leche y un plato con tostadas — He hecho el desayuno mientras dormías —
Me fijo en un pequeño detalle que consigue alegrarme la mañana, el café tenía dibujado una carita sonriente en la espuma de la leche.
—Gracias, Ian, por todo — dije levantando la vista con una sonrisa de agradecimiento.
Nos sentamos en la mesa del comedor a desayunar.
—¿Te puedo hacer una pregunta? — levanté la vista para descubrirle mirándome.
—Ya me la has hecho — dijo con una sonrisa socarrona en el rostro y un brillo de diversión en los ojos — Era broma, dispara —
—¿Por qué os fuisteis a Londres? — pregunté y me di cuenta de cómo se tensaba tras escuchar mis palabras.
—No puedo hablar de eso, lo siento... — baja la cabeza y continúa desayunando. No se lo voy a decir, pero antes de bajar la cabeza pude ver un dolor indescriptible en sus ojos.
—Tranquilo, si no quieres hablarlo no pasa nada — le dediqué una sonrisa tranquilizadora cuando volvió a mirarme.
Había algo que realmente le había hecho mucho daño, algo por lo cual decidió irse a Londres... o volver de allí.
Sea lo que sea no quiero presionarle a contármelo si no está preparado.
Sé que no es fácil, cuando mi padre murió no se lo conté a nadie hasta que pasó un año de la tragedia. Ni siquiera a Skylar.
Me sonrió de vuelta y me levanté a meter los platos en el lavavajillas, no estaba de humor para fregarlos. Ian me imitó y luego, minutos después, escuché como la puerta principal se abría y corrí a ver qué pasaba.
—¿A dónde vas? — pregunté sofocada a un Ian con el pelo empapado que estaba saliendo de casa.
—A mi casa a por ropa — dijo como si fuera lo más normal del mundo, al fin de al cabo, lo era — Te agradezco que me prestaras un pijama para esta noche, pero no puedo saquear el armario de tu hermano así porque sí, preciosa —
Asentí con la cabeza, no tenía ganas de discutir, y menos por la mañana.
Entré de nuevo y cerré la puerta, pero no eché la llave para que pudiera entrar. Me tiré en el sofá y me puse a ver una peli de esas ñoñas que echan en los canales cuando hay fiestas.
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No todo es casualidad
Teen Fiction- Sube - me dice desde el interior del coche -Te estas empapando - - No pienso estar cerca de ti - dije con una mueca de asco. - Eso ya lo veremos, preciosa - me guiña un ojo y le veo alejarse, lanzándome un beso por el retrovisor.
