"Nos vemos en otra vida"

3 0 0
                                        

Sábado 12 de Mayo.

Las despedidas son difíciles, aquel día el viento soplaba con fuerza y el lugar donde se llevaria a cabo el velorio estaba lleno de personas, por qué será que cuando alguien fallece aparecen todos, familia lejana, familia que apenas y te habla.
Todos se lamentan, por no haber aprovechado el tiempo en vida, había muchas personas, muchísimas eran desconocidas para Micaela, otras no tanto, el pequeño cuarto no se daba abasto no había espacio para más.
- Mica, necesitas algo?.- preguntó Faustino acercandose a una Micaela que miraba al vacío.
- No Tino, gracias.- sonrió de lado y ente asintió.
Micaela observaba como las personas se asomaban al ataúd para mirar a Salvador, pero ella no, no sabía si sería tan fuerte para mirar.
- Deberías despedirte.- le susurro al oido su madre, Micaela recostó su cabeza sobre el hombro de su mamá.
- No quiero llorar.- sincero y su madre froto su espalda.
- Sácalo, ve.- le ánimo, Micaela se puso de pie y más de una persona la observó, camino lentamente hacia el ataúd caoba, al estar ahí deslizó su mano sobre la tapa, sintiendo el suave acabado hasta llegar en donde vería su rostro.
Dormido, como si siguiera con vida así lo vio, tan dulce como solo el sabía serlo, una lágrima rodó por su mejilla, sentía las miradas sobre ella y la hacían sentir incómoda.
-"Te amo rey del billar".- susurro Micaela.- "Si te vienen a contar cositas malas de mi, manda todos a volar y diles que yo no fui...".- canto Micaela mirando  el rostro de su novio, se puso de puntillas y beso la mica de cristal que estaba sobre el, ese era el adiós el final de algo que  apaenashabía comenzado.
Lexis estaba justo detrás de ella cuando se volteó y la tomo de la mano en apoyo, eso necesitaba solo saber que la apoyaban.

(")

Micaela no asistió al entierro, no le gustaban los cementerios y no se sentía bien para ir tampoco, su elección fue respetada y se fue a casa.
Por otro lado su familia entera lo despidió con música de mariachis y cánticos religiosos, Salvador siempre había sido alegre y una despedida así era de lo menos que podrían hacer, pues sus corazones desolados sentían que así lo hubiera querido.
Pero quién sabe que era lo que Salvador realmente quería, había muerto muy joven y nunca pasó por su cabeza aquel pensamiento, era un joven saludable, atlético y responsable con un futuro brillante, quien diaria que la inrresponsabilidad de otra persona cobraría su vida. Pero dicen que no existen momentos equivocados , que por más que hagas cosas para cambiarlas, de una u otra forma pasaran, por qué ese es su orden natural. Así que aunque en el corazón de su madre y de su familia entera, inclusive en el de Micaela quisieran retroceder el pasado y cambiarlo todo, Salvador de todos modos llegaría a la misma conclusión. Pero la resignación no es fácil y eso solo lo cura el tiempo.

A floteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora