(Parte IV)

8 0 0
                                        

(Parte IV)

Hoy me puse a meditar,
y luego de lo sucedido
he decidido traerte flores...
éstas, que recién han florecido.

Aprovecho mientras tu familia está lejos,
y aunque nuestro recuerdo se haga más viejo,
te vendré a ver para que estemos parejos,
como aquellos tiempos en que estaba entre rejas.

Y yo queriéndote para mí,
para que de verdad seas feliz.
Yo cumplí todas y cada cosa que te prometí;
sigo a tu lado, sin importar
que tu vida no esté aquí.

A veces lloro y te extraño;
lo que me consuela cada año
es saber que lo nuestro —
sí, aquello que se fue por el caño —
en mi cabeza y corazón, sigue ahí dentro.

Sé que estás en el infierno,
donde nos veremos...
solo deja que el tiempo se encargue,
y recuerda cada día cómo caía tu sangre
cuando con tus órganos sacié mi hambre.

Y para despedirme definitivamente
te diré que te amo... y siempre tenlo presente.



Epílogo para Sangre (I–IV)

Y cuando toda la sangre se hubo secado,
no quedó más que silencio.
Ni gritos, ni lágrimas,
ni flores frescas sobre la tumba.

Solo el eco de un "te amo"
que se pudría en la oscuridad.

Versos de NocheDonde viven las historias. Descúbrelo ahora