Estefanía

192 5 7
                                    

Narra Laura

La maldita alarma sonó, marcando el inicio del lunes, y con ella el cantar de las aves.
Me levanté para ir al baño, no sin antes haber visto mi celular y vagar un rato por instagram. Mi desordenado y largo cabello rubio cubría parte de mi cara, me lo quité viendo mis ojos azules y las pequeñas ojeras que tenía; mi blanca piel, algo bronceada por el Sol, resaltaba el brillo de mis deslumbrantes ojitos.
Tomé una refrescante ducha y después de eso, me puse el uniforme de la escuela;  camisa de manga corta blanca; falda gris; cinturón negro, al igual que los zapatos; y unas largas medias blancas.
Amo como esta ropa resalta mis pechos y mi trasero, mientras que marca la estética figura que tengo.
Luego de admirarme en el espejo, cepillé mi cabello logrando que quedara ondulado; resalté mis pestañas; para finalmente pintar mis labios con un fuerte labial rojo.

-¡Me voy!-. Me despedí de mi tía antes de tomar mi mochila y salir caminando hasta la escuela.

Era un bello día, sin nubes y con un radiante Sol que hacía brillar mi melena. Sentía la brisa chocar con mi rostro, era una sensación de calma simplemente agradable.
Mientras voy llegando voy captando varias miradas, la mayoría de deseo por parte de los chicos; y la minoría de odio, por parte de las chicas que no pueden ser como yo.
...
Estoy sentada adelante de todo el salón, fingiendo escuchar a los profesores. Tengo a una de mis muchas amigas susurrandome al oído cada dos segundos, en serio a veces quisiera mandarla a la mierda; pero debo guardar lo que siento, mi reputación depende de eso.

-Disculpe, profesora-. Dijo la preceptora entrando al salón. -Hay una nueva alumna que llegó hoy, espero que la traten bien-.

-Genial, una nueva amiga-. Dije con una sonrisa forzada.

En ese momento entró una sensual chica con cabello largo y castaño, unos ojos verdes; realmente hermosos, una fina nariz, labios jodidamente bellos y con un poco de labial rojo. Su cuerpo parecía el de una modelo, sentí mucha envidia al verla.

-Hola-. Saludó coqueta. -Soy Estefanía, Estefanía Gonzales-. Se presentó con una  amable sonrisa.

Desde el momento en el que entró, ya se había ganado todas las miradas. Mis compañeros babeaban por ella, desgraciados salvajes en celo.
La castaña llevaba la falda demasiado corta, casi se le ve todo. Mis celos y envidia se hicieron presentes cuando la miré a los ojos. Sentía ese momento como si fuésemos dos leonas peleando por el poder. Ella me sonrió y me guiñó un ojo, quedé muy confundida ante eso; pero más furiosa que antes. Estefanía se había ganado una enemiga de por vida.
Me la pasé toda la clase mirándola fijamente con un aura negativa. Nadie es mejor que yo y eso todos los saben, así que le daré a la nueva mi clásica bienvenida para las que se creen la gran cosa.
...
Durante el receso, yo me acerqué; ella estaba apoyada contra el árbol y veía como los desesperados machos intentaban acercarcele, incluso mi novio.

-¡Tomás!-. Lo llamé furiosa, él corrió hacia mí como un perro regañado.

Tomás es un año mayor que yo, es alto; musculoso; tiene ojos marrones; piel algo morena; cabello corto; juega muy bien al fútbol; y al momento de tener sexo es como una bestia hambrienta que desea todo de mí, y como la buena novia que soy obviamente que se lo doy. Pero ahora eso no es importante.

-¿Qué pasa amor?-. Preguntó tranquilo mientras me abrazaba y besaba mi mejilla.

-¿No me irías a comprar un helado en el buffet?-. Le pedí con mi típica cara de perrito triste al mismo tiempo que jugaba con los botones del cuello de su camisa. -Por favor-. Le supliqué acercándome más a él.

-Claro-. Respondió para después darme un corto beso en los labios.

En cuanto a Estefi, es hora de su iniciación.
Me acerqué y recosté a su lado, la saludé; pero ella simplemente me evitó y se fue caminando mientras escribía en su teléfono.

-Pendeja, estúpida-. Maldije por lo bajo en lo que la observaba irse y hablar con un grupo de chicas.

-Aquí está tu helado mi amor-. Dijo Tomás, acercándose a mí, algo agitado por haber corrido.

-Gracias-. Acepté quitando el envoltorio con mucha ira y aún observando a Estefanía. -¿Tú crees que es linda?-. Le pregunté a mi novio después de darle una lamida al helado.

-Bueno... sí está para darle toda la noche-. Lo miré con inmenso odio en ese momento, sentí como me transformaba en una bestia a causa de mis celos. -Pero, yo sin duda me quedo contigo. Porque no hay otra chica igual de perfecta que tú-. Me sonrió para después abrazarme y besar mi mejilla.

-Aja... claro-. Respondí sarcásticamente volviendo a lamer el helado.

-¿Me das un poquito?-. Preguntó Tomás.

-...-. Lo miré arqueando una ceja. -¡No!-. Exclamé antes de regresar al salón, puesto que la campana había sonado.

Cuando entré al lugar, éste estaba completamente vacío; a excepción de la chica nueva. Ella estaba sentada en su pupitre, mirando hacia la ventana. ¿En qué momento llegó ahí?, Nunca la ví entrar.

-Hola-. Me saludó sin mirarme. -Ah pasado un tiempo...-Volteó a verme y sentí como si la pelea por el poder la hubiera ganado ella. -Laura-. Sonrió gustosamente después de decir mi nombre.

No iba a dejar que una recién llegada arruinara mi vida así como así, por lo que me acerqué; golpeé su asiento y puse mi rostro muy cerca con el de ella; sin embargo la castaña no dejaba de sonreír como si hubiera ganado la batalla.

-Okey Estefi, ya me tienes harta. Está es mi escuela, yo soy la mejor. Y no voy a dejar que una perra como tú me arrebate todo lo que es mío-. Dije amenazante, mirándola con odio. Ella sólo sonrió, se levantó de su asiento y se me acercó, acorralandome contra la pared. Desgraciadamente era como ocho centímetros más alta que yo.

-Mira bonita, no me interesa si eres hija del presidente, ahora llegué yo -. Sonreía satisfecha. -Y las cosas, van a empezar a cambiar por aquí-. Habló para después mirarme a los ojos, creí estar viendo a un alma rota cuando observé sus hermosos ojos verdes. Ella hizo una sonrisa y luego comenzó a acercar sus labios hacia los míos.

-¡Hey!, ¡¿Qué haces?!-. Grité apartandola, y corriendo hacia mi asiento, ya que algunos empezaban a entrar. Gracias a Dios no nos vieron así, de lo contrario pensarían que somos la pareja gay del mes; justo como les pasó a las pobre de Sabrina y Clara...se burlaron tanto de ellas.

Desde ese entonces el día fue más extraño, Estefanía me miraba fijamente, sonriendo como una pervertida, mientras de vez en cuando me guiñaba el ojo.
Estoy muy confundida ahora, me odia pero me mira como si quisiera conquistarme, ya no entiendo nada. Lo que sí sé, es que hay una plaga en la casa, y voy a tener que sacarla.
Goza mientras puedas Estefanía, ya verás como todo pronto regresa a la normalidad.

Todo sobre ellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora