Tacones negros

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Capitulo 5.

Me probé el vestido que hoy me compró Estefania, me queda muy bien. Estaba emocionada de verla, estaba ansiosa por mostrarle lo bonita que era. 
Una vez que tuve todo puesto, me alerté al ver que lo más importante faltaba. No tenía zapatos para ponerme (en realidad, sí; pero nunca repito en la misma casa los mismos zapatos dos veces. Además de que ninguno combinaba con el hermoso vestido rosado). 
Desilusionada y con sólo una hora para la fiesta, me senté en mi cama; y frustrada me puse a gritar.
En ese ínterin llegó mi tía corriendo, abrió la puerta de un golpe. Parecía demasiado preocupada.

-¡¿Qué pasó?!- preguntó casi a gritos.

-No sé que zapatos ponerme- me quejé como una niña haciendo un berrinche.

-Ay, princesa. No tienes que gritar por eso, vamos a una zapatería y te compro unos nuevos-.

-¡No!, la fiesta es dentro de una hora, y el viaje hasta la casa de Sam dura media hora, tía-.

-Mm...que problema. ¡Ya sé!, ¡Ven, te van a gustar!-.

Sin entender la situación, nos dirigimos a su cuarto; una habitación muy grande y extravagante si me lo preguntan, mi tía ama demostrar que tiene plata. 
Se acerco a su armario de zapatos; sí, un armario sólo para zapatos, y volvió con una caja blanca.

-Acá están. Vamos a probartelos- me jaló del brazo emocionada y, prácticamente, me tiró en su cama para posteriormente abrir la caja.

Tenía entre sus manos unos tacones de aguja negros con un moño en la puntera, y a su vez, este era resaltado por un pequeño diamante blanco falso. Era muy encantador.

-¿Me irá?-.

-Vamos a ver-.

Me sentí cenicienta en ese momento, fue tan cómico dentro de mi cabeza que no pude evitar dejar salir una risita.

-Me gustan- le dije sonriendo.

-¿Te van bien?-.

-Sí, sí. Gracias, tía, me encantan- la abracé inconscientemente de la felicidad- Bueno, mejor me voy o sino llegaré tarde-.

Y luego de una extensa despedida, finalmente salí de la casa para ir a la parada del bus. En ese momento, mi vecina también salió de su casa; quedé atónita por su belleza. 
Estefania, como siempre, lucía como una estrella opacando a los demás. Tenía puesto el vestido rojo que se había comprado ayer, le quedaba tan bien; y más con esos tacones del mismo color. Parecía un diablo, la diabla más sexy que ví en mi vida.

-¿Pasa algo?- me preguntó.

-No, ¿Por qué?-

-No dejas de mirarme-.

No dije nada, simplemente aparté la mirada de ella.

-¿Vas a ir?- interrogué.

-Sí, ¿Vos?-.

-Sí... Ahora voy a ir a tomar el bus-.

-¿Quieres que te lleve?-.

Tomar la mano del enemigo, jamás. Aunque quiera, no podría.

-No, gracias. Puedo ir sola-.

-Vamos, así no tenés que esperar-.

Sin darme oportunidad, (además tampoco me negué) Estefania me subió a su auto y condujo en silencio hasta que pasamos por una panadería. Frenó de golpe y gritó un poco muy agudo. 
Me asusté, y también grité.

-Perdón- se disculpó ella -No me gustan estos lugares-.

-Ok...pero, ¿Te pasa algo?- pregunté tomando su mano inconscientemente.

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