Esta nervioso y esta era una sensación que no me gustaba, pero que por otra parte hacía días no me abandonaba. El mensaje de aquella mañana me tenía con los nervios a flor de piel y no podía hacer nada para relajarme, hasta había ido a comprarme un par de tilas pero aquello no había funcionado.
-¡Joder! -
Al final acabé estrellando un vaso contra la puerta de la cocina, me daba cuenta que haber dejado a Ares con los vecinos era mucho mejor, ya que si estuviera aquí seguro hubiera salido lastimado y eso... Eso jamás me lo podría perdonar a mi mismo, al fin y al cabo Ares era lo único seguro y verdadero en mi vida. Cuando logré acabar de recoger aquel desastre de trozos de cristal esparcidos por todo el suelo de la cocina, sin pensarlo metí la cabeza bajo el grifo de la cocina, necesitaba aclarar las ideas o al menos mantener la compostura.
-Debería tirar el móvil y así dejar de hacer tanto el ridículo... Pero necesito saber quien mierda me esta mandando esos mensajes -
El día había empezado con buenas expectativas pero amenazaba con torcerse, y torcerse demasiado. Aún seguía dándole vueltas a mí cabeza, a todo lo que pasaba a mi alrededor y al por qué de mi estado de ánimo. Había jurado aquella fatídica noche que no volvería a llorar, que lograría que estuviera orgulloso de mi... Pero sobre todas las cosas que sería una persona fuerte y que yo no me enamoraría jamás. Y hasta ahora lo había cumplido. Al no querer pensar en esto, de momento ya que tenía una ''no cita'' con mi atractivo profesor León, decidí ponerme ha hacer ejercicio semejante cuerpo como el mío no se cuidaba solo.
Fui al cuarto situado al lado de mi dormitorio para abrir las persianas y sacar la esterilla. Como era habitual comenzaría con una serie de abdominales, aunque solo fuera para calentar. Después haría flexiones, pesas y bicicleta... Hoy solo serían cosas sencillas puesto que si me cansaba demasiado no podría llegar a tirarme a León y eso no lo iba a permitir. Coloqué la esterilla morada al lado de la ventana, alejada de la máquina de pesas, la bicicleta estática y la máquina de correr... Había que admitir que al menos tenía una buena colección de elementos para el ejercicio.
-¿La puerta?-
No había echo nada más que cincuenta abdominales, demasiados pocos, cuando escuché como el timbre sonaba. Extrañado me dirigí a ver quien era pues no esperaba visitas, Christian no podría venir, hoy tenía clases de capoeira, cosa que siempre me resultó rara... A primera vista cuando lo veías podías pensar que era todo un nerd, alto rubio, con unas gafas de pasta negra, más grandes de lo que deberían ser tapando aquellos ojos negros, más de una vez me pregunté si no eran lentillas para ocultar su verdadero color. Pero cuando lo conocías más podías ver que no solo le gustaba la informática sino también mantenerse en forma, aunque al contrario que a mi... No le importaba estar en contacto con otras personas.
Nada más abrir la puerta la cerré de un portazo, esto tenía que ser una broma, tenía que ser una maldita y jodida broma.
-¿No vas a abrirme?-
-¡Lárgate! ¿Quién te ha dicho que puedes venir hasta aquí?- Mi voz había sonado irritada, pero ante todo confusa, esta era una visita desagradable y que no me esperaría por nada del mundo.
-¿No me digas qué no me echabas de menos? Y yo que te traía un regalo, además ambos sabemos que no necesito permiso para venir a verte, sigues siendo menor de edad-
-Mierda... ¡¿Te quieres largar?! - Tomé aire para tranquilizarme, tampoco quería formar un espectáculo y que todos los vecinos se enterasen – Es MÍ casa, está a MÍ nombre y yo pago MIS facturas así que no tienes nada que hacer aquí – Había recalcado aquellos tres ''mí'' por si al descerebrado que estaba al oro lado de la puerta no le quedaba claro.
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El poder del Sexo
RomanceAlex es un chico independiente, fiestero... cree que tiene el mundo a sus pies y que todos los tíos y tias están deseando a tener una aventura con él. Usa a sus ''amantes'' como juguetes solo para sexo y sin darle más importancia a unos que a otros...
