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Capítulo 15. Declaración de Intenciones

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¡¡AVISO!!

Actualmente no tengo tiempo ni de respirar... Así que no se cuando se publiquen las historias... Y por lo visto estaré así hasta Abril ¡LO SIENTO!

Otra cosa que deseaba decir es esta...

¡¡CADA 10.000 LECTURAS, 500 COMENTARIOS, 500 VOTOS HARÉ UN ESPECIAL SOBRE LA HISTORIA!! Y no vale que una eprsona comente 500 veces que ya me lo habe´si preguntado >-<

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-Si sin entender que haces aquí-

-Me has dado tu dirección para que venga, no hay más-

Hacía unos minutos desde que había llegado a la casa de León, al principio había creído que me dejaría en la calle, pero por suerte no había sido así y me abrió a la primera, aunque bastante sorprendido, todo había que decirlo y desde ese momento se había encargado de mantener las distancias entre los dos, así como de no ir a su cuarto, cosa algo estúpida por su parte, ya que se notaba como tenía fiebre, así como su pijama delataba que hasta el momento de mi llegada había estado entre mantas.

-Debería de acostarse profesor, no tiene buena cara-

-Tengo visita, así que no puedo acostarme hasta el momento en el cual te vayas-

-Pues en ese caso busque una manta, voy a quedarme bastante rato-

Le dediqué una gran sonrisa mientras me sentaba en el único sofá del salón, que por cierto, además de su tonalidad de un marrón oscuro algo extraño era de solo dos plazas, así que si venían visitas deberían sentarse en alguna de las cuatro sillas a juego con el sofá. Al contrario de mi casa, el pequeño apartamento del profesor se notaba que era de alquiler y no muy caro, de echo aquel salón no tendría ni la mitad de las medidas del mío, la televisión era de tuvo y apenas de unas veinte o treinta pulgadas, de una fea carcasa gris, estaba colada justo en frente del sofá, en la pared de la izquierda había una pequeña mesa de cuatro plazas de un marrón mucho más claro, y de madera, con las cuatro sillas puestas.

-No tienes fotos-

-¿Cómo?-

-De tu familia, amigos, mascotas... O tuyas, no hay ninguna foto personal, de echo parece ser que no hay nada personal tuyo aquí – Miré a las paredes vacías además por un cuadro de un atardecer, se notaba viejo, seguramente vendría con el piso – Parece que temes, o que no eres muy apegado con tus cosas -

-Eso es... Eso es porque a-acabo de mudarme –

Noté como estaba titubeando, como había dudado a la hora de darme una respuesta, y el echo de juntarme con Christian solo me hacía pensar en una cosa: León Mirras, mi adorable profesor de historia y próxima victima me estaba mintiendo. Me levanté del sofá dirigiéndome hacía su posición, desde que había entrado al salón había permanecido apoyado en el marco de una de las dos puertas que este tenía.

-Te mudaste hace unas semanas... Y cuando alguien se muda, como lo es en tú caso, al menos suele llevarse algo de su antiguo hogar, unas fotos, unos cuadros... Algo que haga las estancias mucho más cómodas -

-Eso – Desvió la mirada al verme acercarme – No es asunto de uno de mis alumnos-

-¿Ves? Acabas de admitir que me mientes... -

Alcé mi mano de forma firme, y al ver la sombra de esta cerró los ojos con fuerza, parecía temer algo pero mis intenciones solo eran comprobar el estado físico en el cual se encontraba. Su rostro estaba rojo, de echo podría decirse incluso que había estado más rojo aún desde que había llegado y deseaba comprobar si era por la fiebre o por mi cercanía.

El poder del SexoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora