Yo soy tu y tu eres yo.

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Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia. Muchas gracias de verdad.

Como siempre nada me pertenece yo solo ocupo los personajes sin fines de lucro.

Capítulo IX. Yo soy tu y tú eres yo.

La sala se quedo en completo silencio, nadie se atrevía a decir algo, era como si les fueran arrancadas las lenguas o si se les hubiera advertido de hacerlo si llegaban a emitir algún ruido.

Pero para Elsa eso era irrelevante, pues ¿Que más podría importarle con semejante revelación?, pues era como si le hubieran quitado una venda de los ojos y le obligarán a ver a la verdad al rostro, era como si viera los dos días pasados con otra forma, como si solo hiciera falta ver los acontecimientos con otra perspectiva.

Se sentía extrañamente segura de esa resolución en específico, era como cuando se aprende a montar, al principio se tiene miedo de caerse, pero con el tiempo uno ama la sensación del aire en el rostro, la vitalidad del animal que montas, como te haces uno con tu montura, pues es como si ella confiará en ti y tú en ella. La sensación era muy parecida, pues no podía negar que tenía un poco de miedo, ¿Quien no lo tendría?, pero este era opacado por la sensación que le causaba esos ojos azules que la veían con aquella intensidad y que hasta ese momento no había apartado la mirada en un solo segundo.

Pero lamentablemente no se puede detener el tiempo, los reyes de Arendelle que habían visto todo, lamentablemente no pudieron intervenir, pues a pesar que lo quisieron hacer, fue como si una fuerza más allá de su conocimiento no les dejará mover un solo dedo para ayudar a sus hijos. Pero en cuanto todo acabo esa fuerza los dejo moverse nuevamente.

De los cuerpos de los que atentaron en contra de la ahora reina, solo quedaban unas manchas en el suelo de lo que alguna vez fueron hombres, solo eran diez manchas negras en la alfombra.

- Todos son libres de retirarse. - Habló el antiguo rey.

Los invitados fueron saliendo del salón uno por uno, afortunadamente para la familia real, los invitados eran de la alta cuna de Arendelle o de los reinos que tenían tratados con el reino, y como se ha dicho, a nadie le conviene estar en contra del monstruo político y económico como lo es Arendelle.

Rapunzel quien había visto todo, le fue imposible tener alguna esperanza de estar con Andrew, pues pese a como se sentía, veía perfectamente como ambos hermanos se miraban, así que siguió a su guardia a la salida, deseándole la mejor de las suertes a sus primos.

En cuanto el cuarto fue completamente desalojado, Andrew se levantó, antes no lo había hecho por la razón que sus ropas no eran resistentes al fuego que el emanaba, y al estar de pie, Elsa vio el cuerpo de su hermano, por la cercanía pudo ver cada músculo debajo de la piel, cada sutura, cada marca, y como su cuerpo era como aquellas estatuas de los artesanos de Italia, pues ella estaba segura que cualquier hombre o mujer podría ver que Andrew era un claro ejemplo de masculinidad, y su cuerpo era el ideal de un hombre y por supuesto cualquier artista quisiera tener como modelo al cuerpo delante de ella.

Elsa estaba apunto de salir de su trance, pero Andrew dio media vuelta, y si antes pensaba que el cuerpo de su hermano era una obra de arte, en este preciso instante, no tenía palabras para describirlo, pues su espalda perfectamente marcada, cada línea solo hacia que no pudieras quitarle la vista de encima, y su vista fue bajando, viendo cómo la espalda de Andrew formaba un perfecto diamante, pero su vista cayó un poco más, y le vio las nalgas, eran dos cachos de carne tan redondos, tan en forma, era de los únicos lugares en el cuerpo de su hermano que no tenía alguna cicatriz o golpe, eran de un color un poco más claro que el resto del cuerpo, y pese a ello, veía como aún en ese lugar tenía unas cuantas pecas.

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