Amaia
-¡No puedo creer que hicieras eso, Alfred!- exclamo riendo, contagiadole
-Bueno, tampoco es para tanto
-Pero si le escupistes en la calva porque suspendistes- y volví a sumirme en las risas
-Se lo tenía merecido por suspenderme- se aclara la voz, iba a decir algo serio- Amaia, tengo que preguntarte una cosa
-Soy toda oídos
-Antes de todo, quiero que sepas que no estás obligada y entenderé perfectamente tu oposición
-Tranquilo, respira- digo con una sonrisa, últimamente las regalo.
Llevamos cerca de un mes hablando desde esa primera llamada, al principio mostraba timidez pero, con el paso de ellas se ha marchado. Hablamos todos los días y me parece increíble que tenga tiempo para mí después de una reunión o concierto aunque, me alegra mucho ser a la primera que llama cuando le ocurre algo malo o bueno, y viceversa. Prácticamente, lo necesito para seguir.
-Es que no sé cómo continuar. Te va a parecer una locura, seguro
-¿En qué estás pensando?- pregunto intrigada y miedosa
-El jueves vuelvo a Pamplona
-Eso ya lo sabía, ¿por la conferencia esa verdad?
-Sí, veo que lo recuerdas
-Claro y, ¿pasa algo?
-Tú sabes que me quedo hasta el lunes por la mañana, ¿no?
-Sí Alfred, dímelo ya. Me estoy poniendo nerviosa
-Quiero que nos veamos-suelta la bomba, directo. Comienza una ronda de explicaciones y perdones pero yo estoy absorta en mis pensamientos.
Me quedo sin palabras, por una parte me encantaría verlo. Desde siempre he soñado con conocer a mi ídolo en persona e intercambiar más de tres palabras con él además, lo necesito. Cada vez las llamadas se me hacen más cortas y siento las tripas rugir al oírlo. Me gusta y tengo miedo.
Por otra parte, no sé si vernos es buena idea ya que me gusta y yo a él no. Tiene 22 años y yo 16, no mucha diferencia de edad pero la suficiente para que la gente meta mierda y, lo más importante, ¡es famoso! Nos pararan cada paso que demos.
Amaia, no seas tonta, puedes llevarlo a algún sitio donde no haya mucha gente. Pero en cualquier lado hay gente, subconsciente.
De repente, la frase de Aitana me viene a la cabeza. Quien no arriesga, no gana, Amaia.
Con esa valentía adquirida de golpe, corto su perdón y me guió por lo que me apetece
-Me encantaría verte, Alfred. Cuando quieras y puedes, avisa- contesto feliz
-¿Es en serio?- pregunta asombrado, ni yo misma me esperaba esa respuesta
-Claro, ¿te arrepientes?- digo con un halo de tristeza
-Ni de coña- su respuesta hace que ría con ganas, como empezó la llamada- Bueno, ¿querrás enseñarme los rincones escondidos de Pamplona durante todo un fin de semana?
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