PRÓLOGO
Otra noche como cualquier otra, para su pesar.
Sinceramente, ella hubiera preferido que las cosas estuvieran tranquilas, al menos por esa noche, que los chicos no hubieran tomado, otra vez, la decisión de hacer una fiesta en donde circularía la bebida sin control, en donde la mesa estaría repleta de comida, donde todos podrían bailar con o sin música, reír, gritar y gozar.
Ella, por su parte, estaba bastante exhausta de tanta fiesta luego de varias noches consecutivas teniendo una tras otra, hubiera preferido dar un paseo por la playa, tal vez ir en busca de conchas marinas que la marea solía arrastrar a la costa, con ellas podría decorar la entrada de su hogar. Recordaba que la mañana anterior, había visto algunas bonitas conchas de un color parecido al azul y pensó que quedarían muy bien cerca de la puerta de entrada. Y ya que estaba, también le habría agradado escuchar el sonido del mar y el ruido de las olas a lo lejos rompiendo contra las rocas de los acantilados sin que otros sonidos rompieran con aquella tranquilidad que le brindaba el lugar, tal vez quedarse contemplado las estrellas brillando sobre el fondo negro del cielo nocturno.
Pero no, al parecer los muchachos tenían mejores planes que invertir en esa noche que en disfrutar del silencio, la tranquilidad y la paz que aquella isla les había proporcionado con su aislamiento al resto del mundo. Y allí se encontraba, huyendo como una rata de toda aquella algarabía, alejándose de los ruidos, de los gritos y de las risas intentando hallar esa tranquilidad que esperaba tener esa noche, terminando por sentarse en la arena para contemplar las olas del mar.
Echo un vistazo al lugar en donde tenía lugar la fiesta, y no pudo evitar suspirar y, a continuación, sonreír al ver a los chicos pasarlo tan bien. Era normal, estaban en el aniversario de su llegada a la isla. No recordaban exactamente el día, pero sabían que era alrededor de estos días en que se cumplía tres años desde que lograron escapar de CRUEL, de ahí que hubieran estado celebrando durante varías noches seguidas. No les culpaba por querer celebrarlo. Era mejor que dedicar este acontecimiento a recordar todo lo malo por lo que habían pasado y a todos los que se habían quedado por el camino.
Volvió a dirigir su mirada hacia el mar, aunque siguiera teniendo el escándalo de la fiesta como ruido de fondo no le importó demasiado. Total. No tenía muchas opciones, estaba segura que tarde o temprano alguien se daría cuenta de que no estaba y si se alejaba demasiado seguro que se preocuparían y acabarían deteniendo su fiesta solo para ir en su busca...especialmente cierto protector que se había agenciado y que era capaz de sufrir un ataque al corazón si estaba fuera de su vista demasiado tiempo.
Pero ahora hablando en serio, sus compañeros estaban empezando a mal acostumbrarse con toda la paz que tenían y eso le provocaba jaquecas; desde que pisaron aquella zona arenosa los chicos habían tomado la costumbre de tomar al menos una noche a la semana para dedicarse a beber como cosacos, a reír como si no hubiera un mañana, a comer hasta reventar todo lo que habían logrado recolectar durante la semana, a cantar aun siendo conscientes que su capacidad de canto estaba a la altura de un hipopótamo parturiento y a bailar pese a que ninguno de ellos tenía la coordinación suficiente como para dar dos pasos sin tropezarse y acabar tragando arena, menos aun estando ebrios.
A celebrar la vida, celebrar que estaban vivos.
A brindar por los presentes y por los ausentes.
Los ojos castaños se entrecerraron, matando aquella tenue sonrisa que apenas se había formado en su rostro, dejando a su paso una expresión cansada al recordar lo último. En otras circunstancias le habría encantado poder estar con ellos, celebrar a su lado aunque no se permitiría beber ni una sola gota de aquella aberrante bebida alcohólica que Gally había logrado elaborar a base de muchas pruebas y errores con las plantas y frutas de la isla; aunque fueran a reírse de su estatura al ponerse a bailar con cualquiera de ellos o inundar el lugar de carcajadas en cuanto perdiese miserablemente ante Minho en un pulso, o que, Newt la subiera a su espalda para poder ir atacando con bolas de arena húmeda a los que osaran interponerse en su camino.
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PertualanganSi pudieras cambiar el final de tu historia favorita ¿lo harías? Pero no es tan fácil como crees, aun así ¿lo seguirías intentando? ¿a pesar de que morirás y morirás incluso por mano de aquellos que confías? ¿Cuánto mas lo intentarías? ¿Cuántas vece...
